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Monday 22 april 2013 1 22 /04 /Abr /2013 09:38

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 Un destartalado Al Pacino sale de la cárcel, donde ha permanecido 28 años sin "abrir el pico" sobre el papel de sus compañeros en un golpe frustrado que cuesta la vida al hijo del jefe. En la puerta le recibe un aún más deteriorado y francamente senil Christophen Walken que tiene el venenoso encargo del jefe de matar a su compañero antes de las 24 horas de su puesta en libertad. Si no lo hace lo pagará con su propia vida. El tercero en discordia en esta comedia ácida y amarga de tres monstruos del cine convertidos en abuelos  declaradamente incorrectos, es el cada vez más espíritu de sí mismo Alan Arkin, ya muy lejos de "La pequeña Miss Sunshine" y mucho más de "Que vienen los rusos", pero aún dueño de unas tablas actorales que harian empalidecer de envidia al 80 % de los "grandes" jovenes actores actuales.

Los viejos roqueros se niegan a morir. Las andanzas de 24 horas en la vida de estos tres vejestorios que fueron mafiosos peligrosos y ahoran son abuelos duros que te hacen sonreir aún a pesar de las burradas que van perpretando. La secuencia inicial del encuentro entre los dos viejos amigos, a la salida de la carcel de Pacino, es absolutamente desternillante. "Estás hecho una mierda", le dice Al a Walken. Y este le responde sin inmutare "Pues tu estás peor". Y desde aquí los despropósitos y calaveradas de un Pacino que quiere recuperar en una noche todos los años perdidos (y que adivina que su amigo se verá obligado a matarlo cuando trascurrra el día) sus intentos de colocarse esnifando pastillas contra la hipertensión machacadas o ingiriendo un tubo lleno de viagras para poder echar una cana al aire y terminando en un hospital con priapismo, formarán parte del imaginario cómico cinéfilo de cualquier espectador con buena memoria.

Fisher Stevens firma esta divertida gamberrada medio geriátrica, sin moraleja de ningún tipo, con un final magnífico y épico, voluntario guiño a los cinéfilos que recordarán "Dos amigos y un destino". Las secuencias en el burdel con el medio difunto Alan Arkin cumpliendo el sueño de su vida: acostarse con dos muchachas a la vez o sus habilidades como conductor y su final apacible, dan la nota de la habilidad de este director para dar rienda suelta a sus tres generosos actores. Hasta la empecinada mala uva del jefe gansgsteril, Mark Margolis, o la secuencia de la venganza de la joven violada por cinco hampones, no abandona en ningun momento su visión irónica y humorística de asuntos poco graciosos en realidad. Todo queda como una historia dedicada a la amistad, a la camaradería honesta aunque sea entre hampones, a la "rectitud" de dos tipos de vida equivocada y sentimientos sólidos entre ellos. No hay sobreactuación de Pacino, lo cual es una sorpresa porque el papel lo propicia, nos encanta la pasmosa naturalidad de Walken, que ha ganado con los años y nos divierte el jovial sarcasmo del abuelete Arkin, que pasa del  oxígeno al vodevil con la gracia de un bailarín de claque. Las chicas, cumplen de sobras a la sombra de los tres monstruos:Julianna Margulies, Vanessa Ferlito, la dulce Addison Timlin (como nieta de Walken, aunque lo sabrá al finalizar la pelicula) y la potente Lucy Punch, como autovengadora de bate de beisbol y austeridad de heroina clásica. Bueno, no es una gran película, pero es una buena película. Lo pasarán bien.

 

 

 

 

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Saturday 20 april 2013 6 20 /04 /Abr /2013 10:25

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Constituye un placer para este crítico poder reseñar una película española digna de ser recomendada con entusiasmo, si no excesivo, si suficiente. Poder afirmar que el guión es atractivo, imaginativo, chispeante en ocasiones y desde luego interesante para el espectador. Que las interpretaciones de un plantel de maduros y jóvenes actores españoles, con algún notable añadido hispanoamericano, como el soberbio Ricardo Darín, llegan a entusiasmar. Que los aspectos técnicos, fotografía, música, ambiente, son correctos y no desentonan en modo alguno con las excelencias del filme. Y que el ritmo de la  narración fílmica no decae en ningún momento. El director de esta excelente y ligera comedia es Cesc Gay que, a mi personal parecer, no ha acertado con el titulo, que parece desentonar respecto a la película: "Una pistola en cada mano". El secreto de éste titulo-remedo de película del oeste lo desvela Candela Peña en uno de los "sketchs" que componen este filme de episodios entrelazados, a la manera de los clásicos del cine italiano y frances de los setenta.

Se trata de una película de tesis tópica y de desarrollo también tópico pero con guiños pícaros y divertidos por todo el metraje: la "guerra" entre hombres y mujeres (tema que los italianos nunca dejan de frecuentar: en febrero de este año se estrenó "Hombres contra mujeres" una comedia desmadrada que habla de las relaciones) es el nudo gordiano del filme. Cuando acaba la película, si pudiéramos entrevistar a los espectadores en la sala, presumo que la estadística de identificaciones con algunos de los personajes rozaría el 90 por ciento. Y ahí está el acierto, ya que a diferencia de la citada cinta italiana, todo se mantiene en un tono de normalidad cotidiana y personajes como vecinos, amigos o parientes de cada uno de nosotros, sin gritos ni aspavientos, con una ironía amarga y un humor austero.

Por supuesto son los actores los que logran dar ese tono a las secuencias, en las que se producen auténticos duelos de robaescenas, de seductores de cámaras, rostros conocidos por  el espectador español  que se enfrentan entre sí, en una lucha fratricida por llevarse al espectador: Eduard Fernández, Candela Peña, Eduardo Noriega, Clara Segura, Javier Cámara, Luis Tosar, Ricardo Darín, Cayetana Guillen Cuervo, Alberto San Juan, Jordi Mollá, Leonor Wating, ¿quién da más? Hay, por supuesto, vencedores y vencidos con mucha dignidad, pero soy consciente de que eso es un juicio muy personal e invito al lector a que haga sus propios juicios y diagnósticos. Es un encanto añadido de la película. Solo por poner un ejemplo: ¿quién diria usted que gana en el duelo interpretativo entre un "monstruo" establecido como Darín y un "monstruo" español sólo para conocedores, Luis Tosar?.

¿Cuál es el único "pero" que se puede poner a "Una pistola en cada mano"? La poco ambición de Gay en el planteamiento de sus tesis relacionales y sus historias. Todo es esencialmente divertido, irónico, fácil, de esa dificil simplicidad, pero le falta una pizca de genio, de trascendencia, de solidez humoristica, quizá eso que algunos llaman el "toque Lubitsch" o el "guiño Wilder". Confidencias amorosas con diálogos inteligentes. Sí, pero un poco más  de sarcasmo, de autocritica, de ese humor duro y algo cruel que da la lucidez. Todo ello, en una Barcelona filmada con mimo de barcelonés. Ciento por ciento mejor y más agudamente brillante que la del premiado Woody Allen. Y no es baladí citar al norteamericano genial que cada vez lo es menos (genial), ya que hay mucho de Allen en esos personajes desencantados, confusos, mentirosos, tiernos o bellacos con simpatía, solitarios, de vuelta de todo pero al mismo tiempo vulnerables e inocentes esclavos de sus pulsiones. Hay personajes patéticos, inmaduros y...todos son hombres. Ellas son otra cosa. Esta es una película de hombres y de mujeres que juegan con ellos, los soportan, los aman y los detestan, porque se sienten incomprendidas y engañadas, aunque generalmente son las que llevan las riendas de todas las situaciones. Y así, vemos la película con simpatía aunque nos deje al final -- bastante previsible y también bastante patético-- con la sensación de que falta un detalle: quizá apretar el gatillo de esas pistolas que los varones suelen llevar en cada mano cuando se acercan a una  mujer (o a más de una a la vez).

 

 

 

 

 

 

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Thursday 18 april 2013 4 18 /04 /Abr /2013 09:43

la-trama-nupcial-9788433978585.jpgJeffrey Eugenides es un escritor greco-norteamericano que a finales de los noventa se hizo célebre con una novela rompedora, "Las vírgenes suicidas", a la  que, como suele suceder, el cine convirtió en un éxito de ventas y a su autor en una promesa bastante sólida. Aunque el empujón que Sofía Coppola dio a la novela con su película fue meramente conyuntural. La novela se merecía el éxito. Unos años más tarde, ya mediada la década anterior, Eugenides se lanzó al ruedo con "Middelsex" que volvió a copar listas de éxitos y como confirmación de calidad oficial recibió el Pullitzer en 2003. Diez años después, y eso es un buen síntoma de lo trabajadas que son las novelas de Eugenides, nos ofrece "La trama nupcial". Como algunos de sus compañeros de generación, (Paul Auster y Irving son un poco anteriores y son los que más me gustan, quizá porque pertenecen a mi generación) Art Buchwald, Jonathan Franzen, Thomas Friedman, Jonathan Ames, David Mamet o Paul Theroux, entre otros, su estilo me agobia un poco con su enciclopedismo y su precisión técnica. Dominan un sentido del humor eficaz y cómplice, están documentadísimos, suelen ser muy explícitos en cuestiones sexuales y abundan en referencias metaliterarias e históricas.

Lo hermoso de este libro es el intento, a mi parecer frustrado pero admirable, de recrear una novela sentimental inglesa del siglo XVIII, al estilo de Jane Austen,Wharton o George Eliot con los mimbres de una joven universitaria de los ochenta inmersa en la sociedad del momento y el clásico ambiente universitario de los Campus de aquellos años sitiados por el sida y el desencanto de Reagan. Eugenides, para establecer una tensión humoristica interna, hace que su protagonista, la joven Madeleine, deba lidiar con sus dudas amorosas y el caracter e idoneidad de los dos candidatos a convertirse en marido, un joven científico, prepotente y brillante y un estudiante de religiones comparadas, un tanto místico, inmerso en dudas metafísicas y personales. Para complicarlo tdo, Madeleine vive en el Campus la eclosión del estructuralismo francés en la Universidad norteamericana, con las demenciales interpretaciones de Derrida, la semiótica de Eco o los agónicos ensayos de Barthes. Y los textos de Levy Strauss, Peter Handke, Cioran o Robert Walser.

Eugenides se pone en al lugar del creador omnisciente y no se corta en opinar sobre los problemas y las actitudes de sus personajes, con un humor demoledor y un sarcasmo divertido. Aunque nos ofrece los puntos de vista de Leonard (el cientifico) y de Mitchell, (el mistico) sobre los vaivenes sentimentales que viven con Madeleine, es realmente habil cuando se pone bajo la piel de la chica y nos habla de sus lecturas, de su romanticismo un tanto teórico y literario, de sus ilusiones y temores. La búsqueda de una visión intelectual sobre el amor y las relaciones que Madeleine refleja incesantemente forja la trama más divertida de la novela: las contradicicones entre la táctica sentimental y amorosa de la chica y su obsesión por comprender el carrusel histérico de sus relaciones a través del análisis obsesivo y desencantado que va leyendo en "El discurso de los enamorados" de Roland Barthes. Actitud que la deja inerme ante la pasión que Leonard le despierta de forma brutal aunque casi indiferente por parte de él. Así que el hallazgo de la novela consiste en el empeño de Madeleine por poner un traje romántico a unas relaciones que tienen toda la simplicidad y aspereza de la     desencantada juventud de los ochenta.

Ese desencanto satura "La trama nupcial", lo que evidencia el lamento y pesar de Eugenides porque en aquel tiempo, --mucho menos en el actual-- los esquemas amorosos de la literatura de esos autores leídos no sean aplicables. El mundo de hoy carece del orden y la claridad que la sociedad aceptaba entonces como normas validas en las relaciones (aunque debamos incluir en el paquete la hipocresía, la minusvaloración de la mujer y las diferencias sociales angustiosas). De alguna manera, se lamenta el autor, entonces todo el mundo sabía cuáles eran las reglas de juego. Y ahora, no hay reglas. Y apenas hay juego. Sin embargo las novelas de amor siguen alterando nuestras neuronas, porque el amor --a pesar de todas las deformidades y manipulaciones--sigue siendo un sentimiento valido, deseable y necesario.

"La trama nupcial" es un título que define no sólo el estudio de fin de carrera que Madeleine realiza, basándose en los citados autores y autoras ingleses del XVIII y XIX, Dickens, Trollope, las hermanas Brönte, Jane Austen o Henry James, sino una temática que llevó a un éxito sin parangón de la novela como género. Quizá por eso, por la dificultad en volver a escribir novelas semejantes, Eugenides propone un final ambiguo en el que dos de los personajes de la trama, el místico y Madeleine se enfrentan a una opción que altera el esquema habitual de "chica duda ante los pretendientes y acaba decidiéndose por el mas adecuado y no por el más deseado". Y no les digo cúal es esa opción para que acudan al libro.  La Austen y las Brönte deben haberse removidas inquietas, aunque divertidas, en sus tumbas.

Sin llegar a la cerrada perfección de "Las vírgenes suicidas", Eugenides logra con esta novela encandilar a los lectores bibliófilos y emocionar a los amantes de la literatura inglesa del XVIII y XIX. E interesar a cualquier lector digno de ese nombre. Piensen que la primera frase de la novela dice: "Para empezar, mira todos esos libros". Y nos cuenta el contenido de la biblioteca "de tamaño medio, sin dejar de ser portátil" de su protagonista. Es un novela divertida y compleja.

 

FICHA

 

LA TRAMA NUPCIAL.- Jeffrey Eugenides.-Editorial Anagrama. 544 páginas. 23,90 euros..

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Tuesday 16 april 2013 2 16 /04 /Abr /2013 10:34

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La Ilustración, las ideas nacidas tras la revolución francesa, tuvieron un fugaz éxito en la lejana Dinamarca debido a las caracteristica de la casa real, con un  monarca inestable y enfermizo, bordeando la locura y la presencia de un médico alemán, un ilustrado, que se convierte en el mentor del Rey y logra insuflar a través de la marioneta real la carga explosiva y revolucionaria de las ideas que cuestionaban el poder brutal de la nobleza y el clero sobre un pueblo miserable, empobrecido y sometido de todos los abusos del mundo en nombre de la Corona y la Iglesia.

La idea, basada en hechos reales que convirtieron a Dinamarca en una excepción boyante de la Ilustración a finales del siglo XIX por un efímero periodo de tiempo, es tan buena como mediocre el resultado en el filme que dirige Nikolaj Arcel e interpretan tres sólidos actores, Mads Mikkelsen (el eficaz "malo" del último Bond) Alicia Vikander, en el rol de la reina Carlota, cuyo romance con el médico convierte en un asunto de alcoba algo más profundo y sobre todo Mikkel Boe Folsgaard, que borda su papel del desdichado rey Cristian VII, un monarca ridículo, apayasado y caprichoso, con una enfermedad mental que le vuelve más patético que peligroso.

La historia se desgrana a través de la voz en off de la reina que escribe, cuando todo ha fracasado, una carta a sus hijos contándoles su versión de los hechos y pidiendoles que actúen en defensa de unos valores como los que ella y su amante trataron de mantener. Una fotografía excelente y una ambientación de época magnífica, hacen de esta película el envoltorio brillante de una historia de ideas que se banaliza por la cuestión sexual. No hay mucho sentimiento en el enfoque y el director parece mas atento a mostrar la formula de martires de una causa que la de unos amantes arrastrados por la pasión, aunque evidentemente no lo consigue y todo parece desvirtuarse, cuando el protagonista cede a los intereses de su pasión por encima de los de sus ideas y principios. Película que tenía elementos para haber sido memorable y se queda en un buen ejercicio fílmico totalmente chato de ambición y brillantez.

 

 

 

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Sunday 14 april 2013 7 14 /04 /Abr /2013 10:31

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Al igual que el maestro Hitchcock, el argentino Hernán Goldfrid se deja tentar por el crimen intelectualizado. Como en "La soga", aún más que en "Crimen perfecto", se nos ofrece un sofocante thriller psicológico que podría haberse rodado con una sola camara y en un solo plano en un ambiente neutral como un despacho de profesor universaitario o el aula de una facultad de derecho. Precisamente se trata de un profesor (Ricardo Darín, un poco sobreactuado y cosa rara, poco convincente, sobre todo al final) que imparte un seminario en la Facultad de Derecho de Buenos Aires. Justamente en el aparcamiento debajo del aula donde se dan las clases una chica es barbaramente asesinada. El profesor metido a investigador se va percatando de cierta conexión entre el crimen y la "justificación" intelectualizada de un asesinato sin motivo aparente, que constituye el discurso rompedor de un alumno brillante y oscuro (Alberto Ammann) que clama contra la inutilidad de una Justicia, incapaz de evitar la supuesta invulnerabilidad que da la superioridad intelectual de ciertas personas sobre leyes o tabúes que condicionan a la mayoría pero no a los "seres superiores".

La publicidad de esta película interesante aunque fallida (y no sólo en la interpretación, sino también en el guión) basada en una novela de Diego Paskowski, nos informa que los productores de esta cinta son los de "El secreto de sus ojos". Muy bien. Pero allí estaba Campanella y un Darin en estado de gracia. En esta no. El desafío argumental, superado con brillantez por el viejo Hitch, supera con mucho a Gold, no ayudado por un Ammann acartonado y con pinta de pirado místico y un Darin al que parece habérsele atragantado la artificiosidad y el desplome emocional de su personaje. No hay hondura ni siquiera intelectual en los planteamientos, que rozan el absurdo y en las reacciones de los personajes secundarios que oscilan entre la histeria y el cuelgue ligérsico.

No hay, como hace Campanella, un recurso a la historia reciente del país, lo que legitima a veces ciertos excesos argumentales, aquí estamos en un ambiente universitario normal y corriente y en una lucha dialéctica entre dos personajes que no nos convencen, ni siquiera cuando las complejidades poco verosimiles del guión nos proponen reacciones edipicas incontroladas o némesis patológicas de obsesivos paranoides. La tesis es que la Justicia no puede llegar a cumplir las exigencias de su labor. Siempre hay cabos sueltos en los cuales la Justicia no llega a intervenir, permitiendose --incluso de forma legal-- que los criminales puedan escabullirse si todo ha sido montado con rigor inteligente y amoral. Podía haber sido una película notable, pero ha quedado en un fiasco que no logra convencer.

 

 

 

   

 

 

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