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20 abril 2015 1 20 /04 /abril /2015 14:28
El lector del tren de las 6.27

La primera gran virtud de esta novela de título sencillo y enigmático es su deliberada vocación de ser sencilla, cotidiana y sin más complicaciones que las que causa la vida a todos los mortales de una manera o de otra. De ahí su considerable éxito en Francia y seguramente aquí también. Su protagonista se define acertadamente (pag. 193) en su descripción escrita dirigida a la mujer que ama: "No tengo feas verrugas en el mentón ni ceceo alguno, pero poseo un nombre gilipollesco (Guibrando Viñol, uno de sus complejos más hirientes ya que desde niño le han fastidiado con el retruécano "Vibrando Guiñol") que por sí solo vale todas las verrugas y todos los ceceos del mundo. Amo los libros, aunque me paso la mayor parte del tiempo destruyéndolos. Mi único bien es un pez rojo que se llama Rouget de Lisle y como amigos tengo a un tullido que se pasa la vida buscando sus piernas y a un versificador que sólo sabe hablar en alejandrinos". Pues bien, todo eso encaja sencillamente en una historia sin dobleces ni profundidades, escrita casi coloquialmente, pero llena de un cierto candor que la hace deliciosa. Es la típica novela de poca extensión (gracias a Dios, muestra de la inteligencia del autor: con esos personajes y ese tema un tomo de quinientas páginas hubiera resultado insoportable) 195 para ser exactos y trufadas de textos --los que lee el protagonista en el tren-- cortos, algunos desternillantes y otros magníficos, como los que escribe la chica-- antes de ser amada por Guibrando-- y ha perdido en el tren dentro de un pendrive que encuentra casualmente el lector.

Y la segunda gran virtud es el sentido del humor, un poco escatológico a veces, aunque sin llegar a la grosería. Recomiendo la atenta lectura de la página 156 en la que se describen las tres clases de ruidos que cualquier humano urbanita hace en los lavabos públicos o privados. Los ruidos "nobles", los ruidos "Pantalla" y los de "satisfacción". Se pasa un buen rato con esta novelita intrascendente, culta y traviesa. Las lecturas de Guibrando en la residencia de ancianos es otro de los momentos sugestivos de la novela. El humor de Jean-Paul Didierlaurent le permite abordar temas trágicos, como el de su amigo del alma, Giuseppe con un pulcro distanciamiento que el humor permite. Hay maestría de relato corto en este escritor (creo que esta es su primera novela) y se le nota en demasía. En realidad esta novela es un conjunto de relatos cortos unidos por una voluntad férrea en forma de una trama que se resuelve como es obligado con un sentimiento básico, el descubrimiento del amor y la esperanza de superar la soledad.

FICHA

"El lector del tren de las 6,27".- Jean-paul Didierlaurent.- Traducción (excelente) de Adolfo García Ortega.-195 págs.-Seix Barral.-17,50 euros

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Published by Diariodemimochila.over-blog.es//charlus03 - en comentario literario
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