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31 mayo 2015 7 31 /05 /mayo /2015 19:21
Oficio de lector

~~A la serie insigne de los poetas-profesores del 27 que llevaron muy alto la crítica literaria (Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso) podría seguir otra, esta vez de la generación del 50, formada por poetas no profesores que han ejercido esporádicamente la crítica o el ensayo literario, y a cuyo frente cabe situar a Gil de Biedma, Valente y José Manuel Caballero Bonald. Este último reúne aquí las semblanzas, apuntes críticos, artículos de homenaje o reseñas varias que ha ido publicando desde 1955 hasta «Santos y milagros» (2012), que reunió 144 textos de Cunqueiro y que me parece su reseña más reciente. La ventaja que tiene la crítica de los poetas no profesores es que no están tan ceñidos a la condescendencia con el canon establecido que propicia la cátedra. Lo que más me ha gustado de este libro es que no ha evitado la desobediencia y muestra a un Caballero Bonald muy contestatario, no siempre bien avenido con los parabienes de la crítica oficial hacia poetas o novelistas que a él como lector se le han ido cayendo de las manos conforme pasaba el tiempo. Eso, unido a un nervio irónico que rebaja estatuas con lapidarias sentencias de lector exigente. Por ejemplo, le vemos reaccionar contra la moda reciente de sobrestimar la poesía de Manuel Machado apoyándose en «ciertas agobiantes frondosidades andaluzas» y algunos «perifollos meridionales» que inventaron los viajeros románticos. Sentir las averías del lenguaje Es una gozada la precisión léxica de Bonald para sus desacuerdos. Otras veces, como ocurre con León Felipe, no deja de reflexionar sobre cómo a su poesía se le ha echado el tiempo encima con indiscreta celeridad, lo que, según dice, suele ocurrirle a la lírica demasiado maridada con la Historia y que queda por eso depositada en rescates de cantautores. En otro momento anota cómo en su relectura de «Tiempo de silencio», de Martín Santos, ha sentido las averías de un lenguaje y la significación muy de época, que fue la que provocó la sobrevaloración que la crítica académica le propinó, al llevar a su autor más allá de donde podía. Se acerca a Clarín desde «Pipá» y a Dostoievski desde su libro menosconocido Este libro tiene por tanto esa primera y saludable condición de estar escrito al margen de los tópicos historiográficos y serlo de un lector que relee además mucho de lo que ayudó a conformar su imaginario. Es acertado no haberlo titulado «ensayos críticos», sino «oficio de lector», porque no deja nunca de enfrentarse a los poemas, novelas o ensayos de los autores siguiendo sobre todo la inquieta pesquisa estética de un lector impenitente y lo que depara la relectura muchos años después. Por eso, de algunos escritores hay tres o cuatro entradas, todas fechadas, en las que el lector actual puede apreciar los cambios que el mismo Caballero Bonald, para mejor o para peor, ha ido percibiendo en la obra de quien habla. Así, no deja de notar en Alberti ciertas «rutinarias destrezas de factoría», pero siguen vivas para él las impresiones que le causaron «Marinero en tierra» y «Sobre los ángeles». La justicia y el gusto Otra excelente condición de este libro es que no ha ahorrado Caballero Bonald la confesión de cómo fue accediendo a algunas de sus lecturas. Por ejemplo, adquirió ediciones muy precarias de los poemas de Mallarmé a un «bouquiniste» del barrio latino de París, pero cuenta cómo esas ediciones baratas le sirvieron para descubrir, sin comprender todavía mucho, que algo fundamental había en un poeta que le llevaba a lugares que no conocía. No elude hablar de autores que se le han caído de las manos con el tiempo También es muy significativo que no siempre se refiera a la obra cumbre del poeta o novelista del que habla, sino que acceda a él desde otro lugar que parece lateral. Es proverbial que el libro se abra con la extensa y muy documentada crítica que el último de nuestros premios Cervantes hace del Cervantes poeta, pero también que vaya a Clarín desde el cuento «Pipá» o se acerque a Dostoievski hablando de su libro menos conocido, «Memorias del subsuelo». De Antonio Machado valora sobre todo su «Juan de Mairena». Eso nos dice que este volumen no contiene un canon, sino una crónica de sus aventuras de lector reflexivo y exigente. No busque el lector que en sus valoraciones haya siempre la justicia que coincida con su gusto; lo que sí puede esperar es que el juicio sea siempre veraz y agudo. La obra permite trazar una línea de sus preferencias tanto por lo que dice cuanto por lo que no hay. A Cervantes le sigue San Juan de la Cruz; y cierra Claudio Rodríguez: junto con Valente, el poeta de su generación que más valora. Es impagable lo que el libro va reflejando de aventuras vitales o de perfiles como el que traza de Jorge Guillén en Colombia. O que nos descubra la poesía de artistas como Picasso u Oteiza. Detrás de un poeta exigente hay un inquieto lector no menos riguroso. Oficio de lector josé manuel caballero bonald Seix Barral. Barcelona, 2013. 608 páginas, 23 euros. Libro electrónico

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