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13 agosto 2015 4 13 /08 /agosto /2015 09:02
EL AROMA DEL TIEMPO

He aquí uno de los ensayos más interesantes que he leído en el último trimestre. El autor, el sudcoreano Byung-Chul Han, nacido en Seul en 1959, ha desarrollado su vida universitaria en Alemania, país en el que brilla como uno de los especialistas más sólidos en la filosofía de Heidegger. Ejerce como profesor de Filosofía en la Universidad de Berlín y ha publicado una decena de títulos sobre la filosofía crítica aplicada a la sociedad occidental actual, sobre cuestiones como la transparencia comunicativa, el cansancio de una cultura como fórmula vital, la influencia del erotismo en la estructura psicosocial y los desafíos y fracasos de la psicopolítica.

El tiempo es una de las constantes, muchas veces conflictivas, con las que nos enfrentamos a diario. Las esrtimaciones de tiempo subjetivo, del paso acelerado del tiempo, de los estiramientos cada vez más frecuentes de las sensaciones temporales, de la visión personal de la propia existencia, van creando una telaraña de misterio y confusión sobre esa constante vital que no sabemos ni tal sólo aprender a conocer y mucho menos a controlar (ni tal vez sepamos hacerlo nunca). Vivimos dominados por la sensación de la vida se acelera, del paso vertiginoso del tiempo en espiral creciente, influidos por el tipo de vida y la presión inmediatista de las nuevas tecnologías, cuando en realidad nos dice Han, esta sensación es consecuencia de que el tiempo da tumbos sin sentido, se va produciendo -en nuetra propia vida cotidiana- una “atomización” del tiempo. Gracias a ella, nos vemos constreñidos a una secuencia atropellada de acontecimientos, fugaces, efímeros, siguiendo la feroz dinámica de los montajes cinematográficos de acción sin puntos de referencia --como en el pasado- una secuencia tremporal y estacional de acontecimientos y rituales que siempre han colocado una estructura morosa y sin cambios esenciales del tiempo que nos servía de guía.

Como dice Han, la ausencia de esos ritos, esas fechas festivas, nos convierte en meros pasajeros de un viaje cada vez más acelerado y más privado de sentido. “Cuando ya no es posible determinar qué tiene importancia, todo pierde importancia”. No existe ya esa compensación del tiempo histórico, en el que el pasado y el futuro estaban imbricados en puntos de refencia tan dúctiles pero inamovibles como las estaciones meteorológicas. El presente carece de sustancia debido a su permanente transición y cambio, todo queda prontamente obsoleto y el hombre se aturde en esa búsqueda de los nuevo e inmediato, que no tarda en tornarse vacío y desechable. Es un mundo que las seguridades y la tradición ha dejado su sitio a la información, un caudal constante, "una concentración de acontecimientos, informaciones e imágenes, que no tienen aroma, que hace imposible la demora. Ante un veloz encadenamiento de fragmentos que pasan fugaces por la retina sin lograr una atención duradera, padeciendo un envejecimiento acelerado, convirtiéndose en pasado al instante en un presente que se reduce a picos de actualidad, a un simple fenómeno temporal". Y este fenómeno nos deja llenos de inquietud, confusión y desorientación.

Dice Han: "la vida plena no puede ser sólo una enumeración de acontecimientos, la consecuencia de un “zapping” entre opciones vitales dominadas por un enorme nerviosismo". Y es que hemos peridod la facultad de percibir y apreciatr el "aroma del tiempo". Esa morosidad contemplativa que tan bien expone Proust en su "Busca del tiempo perdido". Leyendo a Proust en nuestra acelerada e insustancial época, ayuda a que el tiempo "recupere la duración, el aroma". Byung-Chul Han asevera, “lo bello no es el resplandor o la atracción fugaz, sino una persistencia, una fosforescencia de las cosas”. En esta nuestra época de las prisas, debido a su sucesión cinematográfica de presentes puntuales, no nos permite ningún acceso a lo bello o lo verdadero”. Todos estamos obsesionados en "no perdernos nada" de la vida, con lo que nos abocamos a perder lo esencial de la vida, es decir a perdernos todo. "Vivir más rápido también acaba muriendo más rápido", dice, dado que “la experiencia de la duración y no el número de vivencias hace que una vida sea plena”.

Es este un libro necesario para todos los que contemplan preocupados y con desagrado cómo este tipo de vida nos hace perder el sentido esencial del tiempo. El preciso volver a aprender y ejercitar el arte de demorarse, volver a encontrar la noción del tiempo como narración, para superar la fugacidad aparente del instante y la ausencia de un ritmo, como en el pasado- que daba sentido a la vida y a la muerte . Byung-Chul Han reflexiona en este ensayo sobre la crisis temporal contemporánea, en diálogo con Nietzsche y Heidegger. Vivimos lo que Han llama una "disincronía". la atomización y dispersión temporal. "Cada instante es igual al otro y no existe ni un ritmo ni un rumbo que dé sentido a la vida. El tiempo se escapa porque nada concluye, y todo, incluido uno mismo, se experimenta como efímero y fugaz." ¿Hay solución para esta veloz marcha hacia el sinsentido? Han lo tiene claro: «la crisis temporal solo se superará en el momento en que la vita activa, en plena crisis, acoja de nuevo la vita contemplativa en su seno.»

Un libro brillante, recomendable.

FICHA

EL AROMA DEL TIEMPO (Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse´).- Byung-Chul Han.- Trad. de Paula Kuffer.- Ed. Herder.- 12 euros

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Published by Diariodemimochila.over-blog.es//charlus03 - en comentario literario
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