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18 abril 2015 6 18 /04 /abril /2015 09:27

Lo cierto es que somos legión los que opinamos que uno de los mayores placeres de la vida es la lectura. Algunos, una minoría, comparten una pasión paralela, la posesión de obras de literatura destacables en ediciones de valor. Ese amor , muchas veces desmesurado y evidentemente ilógico cuando se pasa de rosca, tiene múltiples aspectos y genera curiosos personajes. En la obrita que hoy les recomiendo, deliciosa novela-documento sobre los bibliófilos de otras épocas, se nos habla de alguien muy original en este campo a veces polvoriento y siempre interesante: el bibliótafo.

Como se nos aclara en el libro: El bibliótafo entierra libros; no literalmente, pero a veces con el mismo efecto que si los hubiera metido bajo tierra. Existen varias clases de Bibliótafo. El tipo perro del hortelano es el peor. Apenas utiliza los libros para él mismo e impide absolutamente que los utilicen los demás. (p. 15)

Los aficionados a leer y los coleccionistas de libros conocemos muy bien este tipo de obsesión tóxica (basada en una patología que los iguala con los poseedores de grandes obras de arte que las encierran en sus cajas fuertes y apenas se atreven a disfrutarlas en la intimidad de sus hogares). Por eso entendemos bien al personaje principal de este delicioso libro editado por Periférica y escrito por Leon H. Vincent a principios del siglo XX. Una obra muy original y que entusiasmará sobre todo a los amantes de la literatura clásica inglesa y de ediciones primeras de autores británicos.

Leemos: "Un bibliótafo entierra libros; no literalmente, pero a veces con el mismo efecto que si los hubiera metido bajo tierra. Uno de ellos, el más simpático que ha pisado las calles durante mucho tiempo, es el protagonista de esta historia. Acumuló sus libros durante años en el enorme desván de una granja del condado de Westchester. Cuando aquella biblioteca ya no cupo en el desván la trasladó a un gran almacén del pueblo. Era la atracción del lugar. Los aldeanos aplastaban la nariz contra las ventanas e intentaban curiosear en la penumbra a través de las persianas medio bajadas…"

El personaje en cuestión nos sirve para hacer un recorrido por una fauna humana relacionada con los libros que daban esplendor literario a finales del siglo XIX en Estados Unidos, modelando una historias apasionantes sobre las peripecias de los bibliófilos --y del bibliótafo-- a la busca y captura de las joyas que ansiaban. La curioso es que " La excentricidad del protagonista se centra no ya en su mitomanía librera sino en el hecho de que a nadie le consta que leyese los libros".

La simpática ironía del autor -y del editor- se complace en acentuar que "Una creencia popular respecto a los coleccionistas de libros dice que sus vicios son muchos, sus cualidades negativas y sus costumbres completamente imposibles de averiguar. Sin embargo, el crítico más hostil está obligado a admitir que la cofradía de los bibliófilos es eminentemente pintoresca. Si sus actividades son inescrutables, también son románticas; si sus vicios son numerosos, la perversidad de esos vicios queda mitigada por el hecho de que es posible pecar con gracia. Sea como fuere, los dichos y hechos de los coleccionistas dan vida y color a las páginas de esos buenos libros que tratan de otros libros".- Sin duda, como el que les recomiendo.

FICHA.-

El bibliótafo.-Un coleccionista de libros.Leon H. Vincent.Ed. Periférica.Traducción de Ángeles de los Santos.108 páginas.14,50 €

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Published by Diariodemimochila.over-blog.es//charlus03 - en comentario literario
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