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4 julio 2016 1 04 /07 /julio /2016 13:09
Lo que no quise decir

Me recuerda profundamente Sandor Marai a otro gran escritor contemporáneo suyo, Stefan Zweig. Ambos escritores respetados, populares novelistas, intelectuales de referencia y figuras señeras de sus respectivos países, Austria y Hungría, unidos históricamente por un Imperio cuyo fin supondría el fin de toda una época, una manera de vivir y un corpus de pensamiento, literatura y filosofía. No hace mucho leí el libro de George Prochnik sobre las razones que seguramente impulsaron al escritor a suicidarse, con sesenta años, junto a su esposa en una casita en Petrópolis un pueblo cercano a Río de Janeiro. Aparte del miedo profundo, el terror, al triunfo del nazismo, una de las razones más profundas que confesaría el propio Zweig era la desaparición irremediable de un estilo de vida, una manera de vivir y de concebir la existencia que se hundía fatalmente con la II Guerra Mundial, fuese cual fuera su desenlace.

Pues bien en este libro de Sandor Marai que no es más que la edición de dos capítulos pertenecientes a las memorias de Marai, "Confesiones de un burgués III" (titulada, "Tierra, Tierra") que el escritor prohibió que se publicaran fuera de Hungría. Los textos recogen una época crucial para Marai, desde el 12 de marzo de 1938 cuando los nazis se anexionan Austria y el 31 de agosto de 1948, cuando el escritor acompañado de su esposa abandona Hungría, país satélite de URSS. Marái se suicidaría en 1989 en San Diego (California) no mucho después de que muriera su esposa, muerte anunciada indirectamente en uno de sus diarios y que, en el fondo, argumentaba su decisión no solo por la soledad en la que le había dejado el fallecimiento de su mujer, sino por la amargura, decepción y desencanto ante el curso de la historia y de la cultura, tan alejado del que había vivido antes de la guerra mundial, que provocaron el derrumbe "de los vestigios que quedaban de la vieja Europa". En sólo diez años, escribe Marai "desapareció toda una forma de vida y una cultura. Yo había nacido en el seno de esa forma de vida y cultura y cuando advertí que en mi patria se había extinguido ese modo de vida burgués, me invadió una extraña calma: sentí que había despertado de un sueño". Comenzaba una pesadilla que tendría dos polos semejantes de generación de desastres y pesares, el nazismo por un lado y el comunismo soviético por el otro. En medio, víctima de las dos presiones, el escritor (que había avisado del error europeo de polarizar nazismo como contrafuerte del comunismo: para Marai ambos son la misma cosa con símbolos y vestiduras diferentes) se sintió un poco al margen de la historia que es como decir de la vida social y cultural.

Centenar y medio de páginas en las que Marai cuenta el final anunciado de toda una época y las razones por las cuales se avergonzaba de la política interior y externa de su país primero bajo la bota nazi y más tarde bajo la rusa, haciendo referencia avergonzada al comportamiento de su gobierno con los judíos y el trasfondo de rapiña y avaricia con el que se forjó una política de exterminio cooperadora ("hasta cierto punto", no se cansa de advertir) con los nazis. Escritos veinte años después de la Trilogía transilvana y de sus grandes éxitos, "El último encuentro", "Divorcio en Buda", "La herencia de Eszter"...

Tras el fin de la I Guerra Mundial y la caída del imperio de los Habsburgo en Hungría los comunistas quisieron levantar un estado socialista, pero la reacción conservadora los derrotó y encumbró a Miklós Horthy, un viejo héroe de guerra, nombrado regente. Empezaban dos decenios de estabilidad y el bienestar de la clase media, los burgueses y los caballeros. Aunque no para todos los húngaros, comunistas o judío o de otras minorías. Todo cambió cuando Austria aceptó su anexión al Reich. Budapest inició una débil política de amistad y autonomía frente a Berlín, hasta el verano de 1944, cuando Hitler cruzó la frontera e intervino en el Gobierno. La primera consecuencia fue que Hungría dejó de ser un refugio más o menos seguro para los judíos (de ahí las reticencias de Marai a aceptar del todo el baldón antijudío de su tierra). En ese tiempo inquietante comienza "Lo que no quise decir". En esos dos capítulos Marai escribe el epitafio de la cultura burguesa que él amaba y en la que se sentía seguro, bajo las botas nazis primero y soviética después. Su historia, como la de Zweig, habla de burgueses pero son distintos. Los austriacos que pinta Zweig son caballeros cultos, los que describe Marai son pendencieros borrachos y arrogantes hasta el insulto.

Para Marai todo ese conjuntos de eventos vergonzantes no merecía formar parte de sus memorias, una mezcla afortunada de observaciones y reflexiones íntimas y personales engastadas en el relato minucioso y analítico de los sucesos históricos que le tocó vivir. Y escribió: "No dejaré que los dos primeros capítulos de "Confesiones de un burgués III" lleguen al público extranjero. No quiero que lean esta triste confesión, esta acusación entre húngaros. En húngaro, para los húngaros, sí... Pero que los extranjeros no lo sepan".

FICHA

"Lo que no quise decir".- Sándor Márai.- Traducción de Mária Szijj y J.M. González.- Ed. Salamandra.- 154 págs. ISBN: 9788498386783.

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