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1 octubre 2016 6 01 /10 /octubre /2016 17:12
Saint-Exupèry, aviones de papel

Hay que felicitar a Montse Morata por su apasionada biografía de Antoine de Saint-Exupéry. He leído prácticamente todo lo que publicó el genial autor francés y siempre he opinado que era tremendamente injusto catalogarlo como escritor "para niños o jóvenes", un pequeño planeta desnudo tras la estela de "El pequeño príncipe". Saint-Ex, fue un escritor polémico y polemista, una personalidad controvertida que levantó pasiones, y no todas positivas, en el escaso tiempo que le tocó vivir (desapareció con su avión durante un vuelo de reconocimiento a los 44 años) y que tuvo una muerte en consonancia y coherencia con el tipo de existencia que quiso llevar, cosa muy difícil de lograr. Recuerdo que por el año 1999 se publicó en la prensa de todo el mundo el presunto hallazgo de los restos del avión del piloto francés a 85 metros de profundidad cerca de la costa de Marsella (los restos fueron rescatados en 2003). Aquella noticia me entristeció. Siempre soñé que Saint-Ex se había salvado del derribo de su aparato por los nazis y había llegado de alguna manera a un lugar ignoto del desierto de Sahara o de la Patagonia, para cumplir con su cita con un niño de "cabellos de oro" que reinaba en un diminuto planeta donde crecía un gigantesco baobab y florecía una rosa única, caprichosa, voluble y profundamente femenina. Pensé que ese era el epítome adecuado para la vida de un aventurero de los primeros tiempos de la aviación, que respetaba a los seres humanos y a los animales, que amaba la amistad y los valores del hombre de acción, a las mujeres ( con las que casi invariablemente sufría) y a la profunda y desconcertante poesía de los grandes espacios llenos de silencio y soledad. En 2008 (cuenta Morata) un ex piloto alemán dijo haber derribado el aparato de Exupery, pero no pudo demostrarse con lo que ganó plausibilidad la hipótesis, nada descabellada, del suicidio (que la autora del libro rechaza muy coherentemente).

Montse Morata logra acercarnos, a base de una documentación amplia, a la persona que fue, al niño desordenado e imaginativo, sus contradicciones y a sus convicciones, entre las que siempre brillaba la ternura, el entendimiento, la firmeza y la generosidad. Un héroe imposible para una época en la que los caballeros andantes no satisfacían jamás al dogmatismo que galvanizaba a los que detentaban el poder, cualquier clase de poder, desde el gaullismo triunfante de su país a las tiranías de todo el espectro político (incluida una incipiente democracia que tenía más de adjetiva que de sustantiva). La manipulación a la que fue sometido el legado de Saint-Ex, antes y después de su desaparición, es una de las grandes injusticias literarias del siglo XX. Esta obra nos acerca, lo más pormenorizadamente posible, a las vivencias y experiencias vitales de una persona excepcional, uno de los escasos hombres que caminaba sin olvidar jamás el niño que fue y tenía la empatía de los profetas y la profunda bondad de los poetas de la tierra. Me ha parecido extraordinario el trabajo de Morata por acercarnos a ese hombre contradictorio cuya obra era una extensión lúdica de su propia azarosa vida, desde sus viajes solitarios por encima de desiertos y países exóticos hasta su compromiso con la "tierra de los hombres", la libertad y la honestidad. Capaz de ser fiel en su escritura al principio que él formuló así: "la perfección no se consigue cuando no hay nada más que sumar sino cuando no hay nada más que restar". Hay momentos en la obra de Saint-ex que me recuerdan al coronel Lawrence de los "Siete pilares de la sabiduría" o al André Malraux de sus obras combatientes y más auténtico que Orwell o Hemingway.

Particularmente he encontrado especialmente conmovedores los cuadros que nos brinda de sus experiencia durante la guerra de España. Creo que recordaré siempre la historia del grupo de milicianos, junto a los que Saint-Ex está de observador, que esperan en una trinchera la orden para avanzar hacia una muerte segura. Y en el último momento el gesto del capitán repartiendo una hogaza de pan blanco "ese pan de España, tan prieto, tan alimentado de trigo" entre sus hombres. Y como al sargento español, al que sólo llama "R." y del que dice: "Has ascendido a esa altitud en la que todos los amores no tienen más que una común medida" (pág. 223). Y, como novedad para mí, el historial periodístico de ese autor maltratado por la posteridad reciente que espera alcanzar el lugar que merece, por encima de las nubes.

Buen libro, sin dejar de anotar algunos defectos de estilo, un ligero acartonamiento de tesis doctoral, reiteraciones innecesarias y ciertos subjetivismos en juicios, así como modestas descripciones en las que a menudo sale a la luz un lirismo apasionado (comprensible dado el carácter de poetisa de la autora), la prosa de esta joven escritora ahonda en ciertos momentos en la emoción que le inspira el personaje "Saint-Exupèry nos recuerda que la magia era eso. Una noche de estrellas y el trazo que dejaron".

A pesar de sus pequeños defectos, gozosa aventura leer el libro de Montse Morata. No estaría mal, apunto, que esta autora nos hiciera otro regalo literario: publicar los artículos de Saint-Ex en un libro complementario.

FICHA

"Antoine de Saint-Exupéry”, aviones de papel”.- Montse Morata.- Editorial Stella Maris, 2016, (313 pp), finalista del II Premio Stella Maris de biografías y memorias.-19 EUROS

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Published by Diariodemimochila.over-blog.es//charlus03 - en comentario literario
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