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13 octubre 2016 4 13 /10 /octubre /2016 09:13
Metáfora y memoria

Nos ha pasado con Bernard Malamud, con Bruce Jay Friedman, con algunas obras de Fitzgerald, con autores de centro Europa o de Sudáfrica o Nueva Zelanda, grandes plumas de la literatura del siglo XX (algunos premiados con el Nobel y editados a toda prisa en España) que por una concatenación de casualidades, prioridades absurdas, descuidos y mala información no han encontrado editor en nuestro país, mientras auténticas nulidades literarias, autores de bestsellers de factoría y encumbrados escribidores de sonrojante "actualidad" llenan los anaqueles efímeros de una desaforada producción libresca como jamás ha existido desde Gutemberg. Pues bien, eso nos pasa, o me lo parece, con Cynthia Ozick, (Nueva York, 1928) una de las representantes de la literatura judío-norteamericana de calidad.

La editorial Mardulce ha editado que yo sepa dos libros de ella, la novela multipremiada "Los cuadernos de Puttermesser" y este que hoy les recomiendo, un grupo de ensayos reunidos bajo el título evocador "Metáfora y memoria".

Cynthia Ozick es una escritora irónica, ligeramente sarcástica, llena de ese humor judío pleno de referencias y auto crítica, que nos divierte evocando más la sonrisa que la carcajada, minuciosa en los detalles y soberbia en la destilación de personajes (como era de esperar en una analista impresionante del maestro Henry James), dotada de una erudición asombrosa que disimula con su capacidad de jocosa observación y una audacia imaginativa a la hora de diseccionar sentimientos, errores y humanidad desde la estupidez a la grandeza. Fiel a su raza a más no poder, tiene la lucidez de un Spinoza para mantener la doble bandera del judaísmo inteligente, el respeto a una tradición secular y el ácido sentido del humor de un Allen más inteligente y menos bufón.

Ozick dice en su libro que un ensayo "es el movimiento de una mente libre que juega" y empieza jugando con el lector desplegando un mágico panel de observación, erudición, sensibilidad e inteligencia, aunque avisándonos que hay temas "Más urgentes e importantes que otros", para mostrarnos de continuo que la mirada y la pluma de esta autora los convierte a todos en algo digno de ser leído y meditado, aunque todos, lectores y autora, padezcamos el "mal aliento de la época". Expresión acertada cuando nos habla de la dicotomía entre la vida política y la depauperada e irrelevante cultura. Pero la lectura de esta mujer octogenaria produce el efecto de la mejor vitamina cerebral, llena de ocurrencias certeras y afiladas como bisturíes, aspirando a rebanar la banalidad de la existencia en busca de lo esencial (que muchas veces es invisible como decía Saitn-Exupéry). Susan Sontag (con la que hace cuentas reconociendo su derecho y su valentía por contradecirse), Henry James o Kafka, que resultan no sólo deslumbrantes sino dotados de la sincera crítica que proporciona una admiración sin servilismo. antológicos.

Lo hermoso de este libro es comprobar cómo todo lo que lee y reflexiona la Ozick pasa por el tamiz de su propia existencia, de sus errores y sus convicciones, de su libertad envidiable para cambiar de opinión sin dejar por ello de admirar lo que siempre es permanente en esos genios literarios, reconociendo paladinamente que "puede ser que uno aprecia en un escritor lo mismo que los aficionados al arte, que con frecuencia se equivocan". Su defensa del papel de la cultura en la vida es uno de los más lúcidos que he leído, así como su reflexión sobre la "necesidad existencial" de la novela cuya lectura "afina nuestra percepción de la vida. Por ellos sus reflexiones sobre Jonathan Franzen y otra a Philip Roth, dos grandes escritores que se negaron a seguir el canal manipulador de la llamada "cultura de masas" que no tiene nada de lo primero y demasiado de lo segundo.

La literatura como tema importante es el motor de la primera parte del libro y las reflexiones sobre autores consagrados (rabiosamente originales, nada de hagiografías), la segunda. Y en general apoyo lo que apunta esta autora "Un artículo es chisme. Un ensayo es reflexión y visión interior.” Y la diferencia como ella misma dice, es que el ensayo genuino, no el falso, tiene un poder superior, "la capacidad de lograr lo que la fuerza siempre logra: obligarnos a asentir, se apropia del consentimiento, lo corteja, lo seduce". Y esto es lo que Ozick consigue con el lector. O, al menos, es lo que ha logrado conmigo. Y espero que también con usted, lector, al que van dirigidas estas líneas.

FICHA

METÁFORA Y MEMORIA.- Cynthia Ozick.- Trad, Ernesto Montequin.- Ed. Mardulce. 423 págs.

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