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17 noviembre 2016 4 17 /11 /noviembre /2016 14:11
Epicuro

Varios lectores y seguidores de estas páginas me han pedido más datos sobre los filósofos griegos y romanos de las escuelas postsocráticas y helenísticas, concretamente sobre estoicos, epicúreos, escépticos y cínicos. Tras los apuntes publicados sobre el hedonista Lucrecio y su "De rerum natura" ("El Giro") y sobre el estoico Marco Aurelio ("Meditaciones"), dedico este comentario sobre el fundador del epicureísmo, Epicuro (s.IV-III a.C.), a dos personas que se han distinguido por su interés sobre estas apasionantes ideas (que conciernen a lo que la filosofía clásica llamaba "la vida buena" o esmero por vivir según "la excelencia"), mi sobrina Marta y un caballero invidente llamado Alberto, al que no tengo el gusto de conocer y que me lee en braille. Epicuro, su persona, su filosofía (recogida por sus discípulos, como Sócrates no escribió nada), es uno de los muchos ejemplos históricos de mensaje trivializado y tergiversado por motivos ideológicos y doctrinales y tildado durante siglos como "enemigo de la religión y el Estado".

El autor de este pequeño ensayo, García Gual, le llama Epicuro "el liberador" y lo dedica "a quienes no se dejan confundir por expresiones vanas, sino que miran sencillamente hacia los hechos reales". En el 306 a.C. Epicuro funda en Atenas, en una modesta finca, su "Jardín", lugar para radicar su escuela y la convivencia con sus discípulos (donde se admitían mujeres y esclavos) en la época en que triunfan la Academia platónica, el Liceo aristotélico y la "Stoa Poikile" de los estoicos. En el Jardín, el enfermizo y débil Epicuro, dotado de un buen humor inalterable, enseña a buscar una felicidad serena, sujeta a determinadas normas y principios, en los que prima la austeridad y el conocimiento, dando un ejemplo personal de medida y control de pasiones, ecuanimidad, humildad y entereza ante los desvaríos de la "tyché" o Fortuna.

La filosofía epicúrea rechaza los postulados platónicos de mundos (sensible e inteligible) y afirma una sola realidad, la sensible, garantizada por los sentidos. La dualidad de cuerpo y alma es rechazada y unificada en un holístico cuerpo-alma que desaparece cuando llega la muerte. Frente al absolutismo moral platónico para Epicuro la moral es relativa en la que el bien no es algo trascendente sino referido al placer humano, al que se llega no por el halago a los más burdos y vulgares placeres sino por la serenidad que da la ausencia de perturbaciones, es decir la Ataraxia o imperturbabilidad. Por ello la verdadera filosofía está basada en la serenidad de espíritu y la felicidad cotidiana basada en la amistad y el gusto por los pequeños placeres sencillos de una vida natural y libre de pasiones. Su filosofía es una actividad, praxis, un "bios theoretikos", un saber para la vida, que proporciona felicidad a la existencia y salud al alma. Y lo fundamental para ese objetivo es la "disposición del ánimo, de la que somos dueños".

El individualismo, la marginación de la política, el logro de objetivos personales sencillos y plenos y el consejo "pasa desapercibido mientras vivas" integran un mensaje que escandalizaba a estoicos, platónicos y aristotélicos para quienes la "polis", la ciudad y el Estado eran primordiales. Y Epicuro insiste "para conseguir la serenidad hay que liberarse de la cárcel de los intereses culturales, de la política y los intereses de la riqueza". Prácticamente un mensaje zen ocho siglos antes de que naciera esa liberadora disciplina espiritual japonesa con raíces chinas e hindúes. Y apostilla: "somos nosotros mismos los responsables de nuestra miseria o nuestra felicidad".

Su norma más conocida es que no debemos preocuparnos más que de las cosas que dependen de nosotros y despreocuparnos del resto. El sabio es autosuficiente y moderado en sus deseos, parcos en necesidades y generosos y desprendidos respectos a las cosas externas: "más placenteramente gozan de la abundancia quienes menos tienen necesidad de ella". Y enfatiza "gocemos con lo que nos es dado, pero distingamos bien entre lo más importante y lo accesorio, sepamos pasarnos sin eso cuando no nos lo ofrezca la ocasión, sin molestarnos ni añorarlos". Distinguió tres tipos de deseos, natural e indispensable (comer, sobrevivir...); natural y quizá dispensable (sexo, amor, admiración, vanidad, gula...) e imaginario, que no es natural ni indispensable (fama, riqueza...).

Bien, dejémoslo aquí. Quede el resto para los lectores de estas líneas que se animen a acercarse a uno de los más brillantes y modestos pensadores éticos de la antigüedad, cuyo mensaje a pesar del ninguneo de muchos (filósofos y religiones) ha enriquecido la filosofía y la cultura.

FICHA

EPICURO.-Carlos García Gual.- Alianza Edit. 277 págs.-ISBN 9788420640945

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