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7 noviembre 2016 1 07 /11 /noviembre /2016 11:26
Volar en círculos

Un escritor octogenario que se las sabe todas, con decenas de libros a sus espaldas y que publica unas "memorias" en cuya contraportada afirma con elegancia y cinismo irónico que "un buen escritor no es experto en nada salvo en sí mismo. Y sobre ese tema, si es listo, cierra la boca", nos coloca desde antes de comenzar a leer en el lugar que nos corresponde como lectores de ficción. A partir de ese momento, salvando la credulidad, todo es posible.

Y es posible salvar hasta la credulidad. Porque Le Carré (David Cornwell) nos dice en su introducción "podéis estar seguros de una cosa: en ningún momento he falseado conscientemente un suceso o una historia. He disimulado o disfrazado cuando ha sido necesario, si. Pero falseado jamás". No hace falta ser un erudito en Kant para vislumbrar la argucia ética del "como sí". El muy inteligente Mr. Cornwell, sabe perfectamente que ningún lector aficionado a su escritura le va a desmentir, principalmente porque nos importa un bledo si sus historias sobre sí mismo son verdaderas o no. Lo que nos importa es lo condenadamente divertido que es leerle.

Incluso el aparentemente patético capítulo dedicado a su díscolo padre es lo más alejado del Oliver Twist de Dickens que se pueda dar en lengua inglesa. Aunque afirme en otro lugar de su apunte sobre Ronnie, el timador elegante que fue su padre, que opina como Graham Greene sobre que "la infancia es el saldo que un escritor tiene a su favor", en plan irónico (apostilla "si es así, yo nací millonario"), lo cierto es que ya es millonario y, a sensu contrario, su infancia le dotó de un gran bagaje, audacia, inteligencia, astucia, dotes de observación y capacidad de fascinar a la gente. En realidad, el lector acaba el capítulo sin decidirse muy bien a aceptar la premisa del autor sobre su profundo rechazo hacia su padre. Lo que queda es casi un canto hacia las capacidades de encantar y seducir de su padre y una vaga queja de ser un hijo abandonado.

Me encanta la anécdota en la que revela que contrató a un par de detectives para que investigaran su pasado ya que "la memoria es la puta de la imaginación". Lo único que hicieron fue corroborar las pistas que él mismo le dio. No parece verosímil pero sí muy divertido. Sin embargo, otras, como la del encuentro con un ex prisionero político, torturado, que encontró alivio en su terrible situación porque sus carceleros le proporcionaron una vieja novela de Le Carré. O aquélla otra en la que cuenta con mucho encanto la "tortura" que le supuso una entrevista con el gran Bernard Pivot, el "gurú" televisivo de las letras francesas durante más de 20 años.

No hay un riguroso estudio o análisis autobiográfico en estas páginas sino un agavillado conjunto de anécdotas dispares de la vida de Le Carré unidas por su propia voz y planteadas sin método alguno pero con apabullante agilidad y encanto literario. Así que poco de nuevo conoceremos del buen Sr. Cornwell y algo más del señor Le Carré: lo interesante, curiosa y dinámica que ha sido su vida, la suerte o fortuna que ha coronado su existencia y le ha permitido estar en el lugar adecuado y el momento oportuno para compartir charla con algunos de los personajes públicos más interesantes del siglo XX. Como buen jugador, Le Carré nos escamotea detalles significativos y nos seduce con su juego de naipes mientras deja escapar por un lado el punto que daría relevancia a lo que nos cuenta. No nos enteramos de los entresijos de su oficio literario pero sí se solaza contándonos, sin ocultar identidades, que a muchos de sus compañeros de los servicios secretos nos les gustaban nada sus "indiscreciones" literarias. Lean el capítulo titulado "No te metas con tu servicio secreto".

Una nota indispensable: a pesar de su reconocimiento por la valía de Graham Greene o Somerset Maugman y su admiración hacia ellos, Le Carré debe saber perfectamente que no puede, o debe, colocarse a su altura, ni en el terreno literario ni tampoco en el de novelista con doble vida de espía. Pero esto es una opinión. Aunque no lo es que tampoco pierda nada en la comparación. Los tres son igualmente certeros en su habilidad literaria para obligarnos a llegar sin respiro a la última página.

Nota bene: Sin ser un mal título "Volar en círculos" (en realidad es lo que hace Le Carré en sus "memorias") considero más adecuado e interesante el original "The Pigeon Tunnel", es decir, "El túnel de las palomas". En el prefacio del libro, Le Carré explica el por qué de ese título. Si el lector reflexiona al acabar el libro sobre ese detalle, comprobará que seguramente es más adecuado, aunque se preguntará, como hice yo, en qué lugar se situaba David Cornwell, si en el de las palomas o en el de los tiradores, "deportivos caballeros bien alimentados". Yo no tengo dudas.

FICHA

VOLAR EN CÍRCULOS.- John le Carré.- Trad. Claudia Conde.- Ed. Planeta. 459 págs.

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