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26 diciembre 2016 1 26 /12 /diciembre /2016 18:51

No conocía a Mathias Enard a pesar de su amplia y prestigiosa bibliografía novelesca y de su paso como profesor de árabe por la Autónoma de Barcelona y de la recomendación de una amiga arabista -que estudió con él- que me recomendó y regaló uno de sus libros titulado "La calle de los ladrones" . Volumen que pasó a dormir el sueño inquieto de los olvidados en una balda orientalista de mi biblioteca. La reciente concesión del Goncourt a "Brújula" y la mano intuitiva de Octavio, el librero mágico, me han proporcionado un nuevo encuentro al que me he prestado con cierta reticencia, pero conquistado desde la misma línea de comienzo de la novela, desde la bellísima imagen de su portada.

El estilo del francés Enard me recuerda un poco al de Michael Ondaatjee el afamado autor de "El paciente inglés" con la que, "Brújula" comparte el especial encanto y la misteriosa fascinación que los desiertos y los países del oriente medio africano producen en los occidentales. Esta narración que destila sensualidad, aventura, viajes, emociones y una cierta poesía del paisaje y del ser humano enardecido por la ardiente fuerza de aquellos parajes desérticos. Eñ viaje se transforma en placer, un cierto hedonismo de la palabra, evocaciones vibrantes, íntimas y un cierto desasosiego. El temblor que evoca un paraíso perdido, especialmente a los occidentales atrapados en las redes de las sirenas de una naturaleza asombrosamente hermosa (y también peligrosa, imprevisible, embrujadora). Todo ello aunado a una trama de escritos ancestrales, manuscritos perdidos, búsquedas de lugares míticos y sombras de antiguos placeres saturnales, aromas embriagadores, vivencias que parecen surgoir del maridaje entre la poesía erótica, el sudor de los cuerpos extenuados, el deseo que vibra entre los personajes como una cuerda de laúd demasiado tensa.

Con múltiples posibles lecturas esta novela, ganadora con todo merecimiento del premio Goncourt, cumple sobradamente con el mandamiento supremo de la narrativa: entretener, seducir y descubrir. Con una estructura novelesca de muñeca rusa, historias dentro de historias que remiten a otras historias, gracias a un hilo conductor bien definido, Enard muestra un dominio del ritmo, de la documentación de apoyo, de los perfiles psicológicos de sus personajes y la elegancia de estilo, una suma realmente magistral. Pese al tópico del personaje que recuerda las azarosas circunstancias de la propia vida, la narración fascina desde el primer momento con su periplo por lugares llenos de encanto mítico evocador, Palmira, Alepo, Damasco, Teherán, Estambul y, naturalmente, por las figuras fantasmales de aquellos y aquellas que acompañaron y colorearon con su presencia la evocación de las viejas ciudades y polvorientos caminos convertido por la historia en legendarios (con especial mención a la contrafigura femenina del protagonista, Sarah, un amor que el tiempo ha marcado con una incógnita irresoluble).

¿Cuáles son las espinas de esta fascinante rosa literaria? La exigencia de muchos buenos libros, paciencia y dedicación, dejarse "agarrar" poco a poco, no ofrecer resistencia. Dedicarle tiempo, sin prisas. Lo que se recibe a cambio es mucho más válido que el tiempo de más dedicado a "entrar" en el estilo y el talento de Enard y dejarse conducir por él.

La vida del musicólogo y aventurero Franz Ritter que nos cuenta Enard resulta casi  una cosmogonía en la que brillan personajes como Heine, Balzac, Simenon, Mendelssohn, Chopin, Chateaubriand, Goethe y sucesos y hechos que jalonan el siglo XX, como un atlas sensual e informativo-erudito de un siglo ya pasado. Como en algunas otras obras de ficción o cinematográficas todo transcurre en los últimos días del protagonista, durante una duermevela que los recuerdos y el opio zarandean sin compasión. Pero dado el escenario mítico y legendario donde se desarrolla la compleja y variadísima trama, éste viejo mundo árabe y turco se transforma en un personaje más dando a Enard la posibilidad de exhibir sus conocimientos sobre cuantos escritores, músicos y artistas de los siglos XVIII y XIX buscaron en esos países inspiración, aventura y hasta perdición. Pero Enard no nos escamotea el horror, la violencia y el desafío enconado entre dos formas de entender la vida, en que se han convertido actualmente esos escenarios de leyenda. La nostalgia y la melancolía, como en "El cuarteto de Alejandría" de Lawrence Durrell, impregnan el relato. Y luego se refugian en la memoria del lector.

 

Brújula. Mathias Enard. Traducción de Robert Juan-Cantavella. Random House. Barcelona, 2016. 448 páginas. 22,90 euros.- ISBN 9788439731818

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