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2 abril 2017 7 02 /04 /abril /2017 09:40

Dentro de mi deseo de recomendar algunas de las grandes obras de la literatura universal aunque no estén de rabiosa actualidad le ha llegado el turno al "Cuarteto de Alejandría", una ambiciosa obra del escritor inglés Lawrence Durrell,(fallecido en 1990) compuesta por las novelas "Justine" "Balthazar", "Clea" y "Montoulive" publicadas a partir de 1957 y que recogen una visión "basada en la teoría de la relatividad" donde relaciona bajo los conceptos de espacio y tiempo relativos la historia de una serie de personas y sus relaciones amorosas, de amistad o de poder, entre los años 30 y 40 del pasado siglo y en la ciudad egipcia de Alejandría.

Uno de los regios personajes de la novela, el escritor Punserwarden (de alguna forma, reflejo literario del propio autor-narrador) habla de su teoría de las "n-dimensiones" de su obra en curso: "El impulso hacia delante de la narración es contrarrestado por referencias al pasado, lo cual produce la impresión de que el libro no transcurre de a hacia b, sino que está por encima del tiempo y gira lentamente sobre su eje a fin de abarcar la totalidad de la estructura". Eso es exactamente lo que hace Durrell en su "Cuarteto".

La novela comienza en una solitaria isla griega. El narrador, escribe unas memorias de un tiempo pasado reciente. Con él vive una niña de dos años, hija de Melissa (uno de los más enternecedores personajes femeninos de esta obra de mujeres complejas y hombres desorientados). Todo gira en torno a la vida en Alejandría, la caótica y devoradora ciudad, junto a  los personajes que deambulan, entre el calor, el viento del desierto y la presencia cálida y salobre del mar : Justine, Nessim, Melissa, Georges Pombal, Pursewarden. El narrador cae bajo el sortilegio saturnal de la sofocante ciudad y sus habitantes. Su amor por Melissa y su pasión por Justine va llenado la novela de sombras fantasmales y reflexiones de un lirismo desesperado (sobre todo en las descripciones de sentimientos y las de ambiente). Como transfondo resuenan los versos del "viejo" poeta de Alejandría, Kavafis: "... La ciudad es una jaula./No hay otro lugar, siempre es el mismo/puerto terreno, y no hay barco/que te arranque de ti mismo.!Ah! ¿No comprendes/que al arruinar la vida entera en ese sitio, la has malogrado/en cualquier parte de este mundo?".

La novela es inolvidable, brillante, a menudo retórica, de gran densidad lírica, con pasajes excusables donde el artificio es excesivo  y la forma caleidoscópica deviene reiterativa y algo confusa. Durrell pasea un espejo múltiple por las calles y las mentes de sus personajes, abusando de un análisis fragmentario y obsesivo. El lector no se enfrenta a una novela tradicional, sino a un ejercicio narrativo de rara y absorbente complejidad, debido a una pluma con resabios filosóficos y tendencia a la fastuosa imaginería lírica y psicológica. Freud estaría contento con el uso que hace Durrell de algunos de sus tópicos, sobre todo en el análisis recurrente de las actitudes de Justine, "esa judía histérica" como se califica ella misma o de su marido, el poderoso copto Nessim, todos ellos Pombal, Melissa, Balthazar o Clea, sacudidos por el deseo y una visión hedonista de la vida en la que el sexo es libertino y a veces sórdido (no en vano Durrell fue amigo de Miller) surcado por ráfagas del caos de la corporalidad sin barreras. La ciudad egipcia es convertida por un escenario intenso y demoledor donde como marionetas viven Darley , el narrador, Melissa, Justine y Nessim, figuras de una danza del amor y la muerte que no tiene fin.

Darley, escribe proustaniamente “Esos momentos son los que colman al escritor […] y perduran para siempre. Podemos evocarlos cuantas veces queramos o utilizarlos como fundamento para construir esa parte de la vida que es la tarea de escribir”. Y Durrell se vuelve un tramposo manierista que abusa de imágenes y sensaciones literarias. Pero la belleza de su texto y la proximidad que ofrecen sus imágenes nos hacen perdonar ese narcisismo pretencioso que es la marca de la narración de Darley.  Como escribió alguien, el "Cuarteto" es "una de las obras imperfectas más perfectas de la narrativa de la segunda mitad del siglo veinte.".

 La ciudad de Alejandría, Egipto, en los años entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial es evocada más como un personaje vivo que como un escenario o un lugar geográfico en el que Darley -Durrell-  intenta redefinir el amor o definirlo en "términos modernos" (cosa que no consigue, rindiéndose a la naturaleza indefinible, absurda y eterna del amor como pasión). Trata de convencernos de que "las acciones y pensamientos de los personajes se convierten en manifestaciones del propio temperamento de la ciudad y pueden ser explicadas o justificadas por éste". En realidad Durrell más que una nueva definición del amor nos habla de una justificación autocomplaciente para seguir los impulsos del deseo sexual (un libertinaje que parece ser la tónica de la Alejandría evocada).

FICHA

JUSTINE.-EL CUARTETO DE ALEJANDRIA.- Lawrence Durrell.- Trad. de Aurora Bernárdez.- Edhasa.- ISBN: 84350017171

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