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16 junio 2017 5 16 /06 /junio /2017 08:55

Cuando aún eran bebés en sus cunas, los que más tarde serían escritores británicos de familia burguesa, y no digamos de la clase alta, en general solían recibir mezclados con la leche materna fragmentos del Gran Bardo  que las mamás y los papás de aquellos niños solían recitarles de memoria, más o menos desde el siglo XIX cuando, gracias al romanticismo, la fama y el prestigio de Shakespeare --superando la fama teatral en el XVI y el relativismo del XVII y XVIII- comenzó a pasearse por toda la sociedad inglesa desde algunas, pocas, chozas o granjas, a bastantes mansiones o palacios.

Pues bien está muy claro que Ian McEwan es uno de esos bebés. Shakespeare suele ser citado directa o indirectamente por McEwan en sus novelas, pero en este su último libro el escritor coge un fragmento de "Hamlet" en el que el príncipe caviloso menciona una metáfora brillante: el útero femenino es como una nuez que guarda en el interior, rodeado por la cáscara, el fruto, su bebé: "Oh, Dios, podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio...de no ser porque tengo malos sueños"

Con increíble osadía  McEwan crea su historia a partir de la metáfora y convierte en narrador a un bebé que ya sabe que su joven mamá es una adúltera y abomina de los actos sexuales que se ve obligado a vivir desde lugar tan cercano y del fornicador que está humillando a su padre protegido por su falsedad y villanía. Es imposible escapar del humor sesgado, irónico y a veces cruel que la historia permite y McEwan no sólo no lo hace sino que crea páginas de un sarcasmo y una mordacidad brillantes. Ese feto es un hijo no deseado que lee a Joyce, descubre el adulterio de su indiferente madre Trudy, lamenta la debilidad de su padre John y aborrece la vulgar banalidad de su tío Claude en una narración memorable llena de críticas repartidas como sartenazos contra una sociedad y una cultura capaces de engendrar tales carencias de la más simples  inteligencia o moralidad.

Ya desde la primera página este novelista sagaz y bastante osado despierta a gritos al lector: "Asi que aquí estoy, cabeza abajo dentro de una mujer. Aguardo con los brazos pacientemente cruzados, aguanto y me pregunto dentro de quién estoy, qué hago aquí...mis pensamientos al igual que mi cabeza están muy ocupados...Escucho, tomo  notas mentalmente y estoy preocupado. Oigo conversaciones intimas sobre un designio mortífero...porque están planeando un acto atroz" . En unas pocas páginas el autor ha logrado vencer la irrealidad de la propuesta y atendemos entre divertidos y conmovidos o irritados el monólogo de un bebé que asiste al drama criminal que han puesto en marcha su madre y el hermano de su padre ("un patán de pocas luces"), al que dedica una invectiva humorística aunque patética: "No todo el mundo sabe lo que es tener a unos centímetros de la nariz el pene del rival de su padre". La víctima, es un poeta editor, un hombre grande de corazón blando que es engañado por su propio amor desesperado a su mujer.

Elegancia narrativa, humor en las metáforas y en las imágenes, un estilo contundente y austero que sabe remansarse y volverse vitriólico en la mirada crítica del feto narrador que analiza con rigor de cirujano los sentimientos abyectos y las emociones patéticas de tres personas adultas sometidas a su escrutinio, entre copas de vino exquisito saboreadas por delegación con la cultura y sensibilidad de un somelier nonato. Todo ello se convierte en una lectura tan divertida como inteligente, tan sarcástica como conmovedora y al mismo tiempo un discurso que reprueba y tritura la catadura moral de la sociedad occidental actual. Eso sin olvidar la amena e informativa forma de contarnos científicamente los más pequeños detalles médicos y orgánicos de la relación feto-madre, de la genética y el parentesco, hasta del "yo" como entidad orgánico-psíquica que logran hacer "verosímil" el principio básico argumental de la novela: el feto narrador desde el vientre de su madre.

Buena novela con un sorprendente final que no desvelo (aunque me ha sorprendido la impertinencia de cierto detalle gore y fantasmal, que dejo a juicio del lector). A cambio les doy un dato curioso: Ese argumento básico de la novela de McEwan, es original aunque no es la primera vez que se utiliza en la historia de la literatura. Recordemos que en el Mahabhrata,  el príncipe Abhimanyu oye desde el vientre de su madre una conversación importante de su padre Arjuna con ella, que será vital para el futuro del príncipe.

FICHA

Cáscara de nuez. Ian McEwan. Traducción de Jaime Zulaika. Anagrama, 2017. 217 páginas. 18,90 euros

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Comentarios

carlos 06/16/2017 21:53

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Te escribe Carlos López, un placer saludarte.

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