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29 septiembre 2017 5 29 /09 /septiembre /2017 18:05

La narrativa sobre el Holocausto judío por los nazis siempre me ha producido una sensación de horror impotente, la confirmación más feroz del dictamen de Hobbes sobre el carácter lobuno del hombre contra el hombre (pobres lobos, no llegan ni con mucho a la desorbitada deshumanización de nuestro género a través de la historia) o la aseveración del gran Jonathan Swift de que el hombre es la criatura más dañina e inmisericorde y estúpida de toda la Creación: para mí, si creyera en Dios, le diría que el Hombre ha sido su mayor error, que no lo justifica ni Mozart, ni Miguel Angel, ni Shakespeare. Viene esto a cuento de la lectura del libro de una superviviente de los campos Auschwitz-Birkenau y Ravensbrück, la húngara Magda Hollander-Lafon.

Tal como dicen los editores, este libro "no es un testimonio sobre el Holocausto, sino una meditación". No llega  a ponerse en la línea de "La vida es bella", la película de Roberto Benigni,  ni tampoco en la autobiografía novelada "Esto es un hombre" de Primo Levi, la autora -una abuela de aspecto bondadoso que hace honor a su humanidad- evita los detalles espeluznantes (precisamente la represión nazi contra los judíos en la Hungría ocupada fue sistemáticamente cruel y desalmada, muy bien secundada por un Gobierno húngaro tan antisemita como los nazis) y se hace eco de momentos, detalles, eventos y circunstancias que parecen inesperados brotes de luz en un oscuro estercolero de sangre y violencia.

La autora, superviviente del holocausto, es uno de los 437.403 judíos húngaros que fueron deportados entre el 15 de mayo y el 9 de julio de 1944 y exterminados en los campos nazis, sobre todo en Auschwitz-Birkenau. Como se explica bien en la introducción de los editores y en la nota histórica final que contiene el libro, el exterminio de los judíos húngaros, fue sistemático, profesionalizado, cruel hasta la saciedad, ya que se ciñó a un plan perfectamente diseñado que se había ido elaborando en las sucesivas deportaciones de otros países europeos. La autora, de manera milagrosa y con la despierta y astuta condición de saberlas ver venir (los cambios de fila en los conteos buscando compañeras menos depauperadas), pudo salvar su vida con otras mujeres a base de astucia, de valentía, de fortaleza (y por supuesto, de suerte, uno de los ingredientes más esenciales en estas situaciones)  tanto en la permanencia en los campos, como en el momento de la huida.
El libro está compuesto por dos relatos: el primero, "Los caminos del tiempo" fue escrito en 1977 después de una permanencia en un hospital, y es un testimonio de aquellos momentos trágicos que pasó. El segundo, "De las tinieblas a la alegría" se acerca más al relato de tipo confesional, religioso y espiritual. Una reflexión interior, basada en una serie de cuestionarios y relatos que la autora -pedagoga de profesión - ha ido transmitiendo a sus alumnos de educación primaria y secundaria. Intenta mostrarnos uno de los efectos colaterales beneficiosos de su terrible experiencia, un camino de búsqueda de un Dios. En él , Hollander-Laffon pretende con un estilo breve, casi en forma de sentencias y frases cortas muy emocionales y esperanzadas, aportar una visión que contrastara con los horrores vividos, en base a la esperanza de vivir y a la lucha constante por la supervivencia, a ciertos inconcebibles detalles humanitarios de algunas personas hacia ella, haciendo especial énfasis en momentos como la donación de cuatro mendrugos de pan mohoso que una prisionera moribunda le hace (pidiéndole que sobreviviera para dar testimonio de ese infierno).
No es, realmente "una nueva visión de los campos" como aseguran algunos comentarios sobre el libro. Es un poco más de lo mismo en todos los aspectos, no hay nada nuevo, pero tampoco hace ninguna falta. La autora relata, y aquí está una cierta novedad, momentos duros, crueles, inhumanos, pero lo hace con una moderación nada hiperbólica, sin frialdad pero sin aspavientos de horror y condena (ella llega a contarnos el enorme sentimiento de culpa que arrastró durante muchos años sólo por haber sobrevivido). Prefiere recordar una otra vez una cierta sonrisa, unas pocas gotas de agua robadas por otras presas a los carceleros que lograron hacerla revivir, los mendrugos que la salvaron de la inanición...
Estos libros tienen una mayor o menor calidad literaria (el que nos ocupa está en el segundo grupo) pero eso no es lo importante. Importa el mensaje continuo de esperanza, amor y fuerza vital que la autora va recordando con su prosa a veces poética, a menudo entrecortada, sin una linea narrativa coherente, simplemente retazos de momentos y pensamientos. El valor que recibe el mensaje, tan lastrado de espiritualidad de manual, es precisamente su coherencia profunda y ejemplar con la vida de esta mujer y el infierno que tuvo el valor y la suerte de superar.
 
FICHA
CUATRO MENDRUGOS DE PAN.- Magda Hollander-Lafon.- Trad. Laura Salas.- Ed. Periférica.-Pags. 151.- ISBN 9788416291526

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