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29 octubre 2017 7 29 /10 /octubre /2017 09:58

Realmente leyendo a Pierre Hadot, filósofo francés fallecido en 2010 a la edad de 88 años uno acaba comprendiendo la finalidad que tanto estoicos como epicúreos griegos daban a la filosofía: no un compendio de conocimientos  que podrían, o no, integrarse en un sistema filosófico lo más original posible, sino pura y simplemente una forma de vida. El presente libro, que Hadot dedica a comentar "Las Meditaciones" del emperador Marco Aurelio tiene dos aspectos esenciales que dan un enorme valor exegético al libro: primero, la advertencia de que hay que contextualizar el discurso de los filósofos griegos y romanos percatándose que hay palabras cuyo significado han cambiado con los tiempos (nos pone el ejemplo de la "areté" griega, una "virtud" que en Epicteto no significa lo mismo que para Marco Aurelio o para Epicuro o Pirrón, figúrense ustedes para nosotros en el siglo XXI). Segundo, la constatación filológica reciente de que los textos de esos filósofos con un ejercicio  de "oralidad", ya que la mayoría de los libros de ese tiempo y autores son reflejo de las conferencias , clases y diálogos con los alumnos, que dichos filósofos mantenían.

El dictamen de Marco Aurelio de que al hombre sólo le puede guiar la filosofía respecto a las dificultades, dudas y perplejidades e intereses de la vida cotidiana toma cuerpo ya desde el mismo título del libro: "La ciudadela interior" . El emperador escribe dirigiéndose y exhortándose a sí mismo para gobernar la "cives", la ciudad como símbolo del Imperio, con el mismo cuidado y cautela con la que uno debe gobernarse a sí mismo (la "ciudadela interior"). Y consiguiendo esto segundo, será factible llevar a buen término ese gobierno. La fórmula magistral consiste en una cierta disciplina con tres factores: la disciplina del discernimiento, la disciplina del deseo y la disciplina de la acción. Sabiendo lo que realmente se plantea ante nosotros (o en nosotros) y sumando a ello tener en cuenta de que nuestros deseos e intereses no deben intervenir para decantar la decisión, sino sólo el bienestar o en el provecho del Otro y de la comunidad, darán lugar a una acción que debe ajustarse a criterios  de justicia, igualdad y proporcionalidad (y en este país se considera la filosofía una asignatura inútil: así nos va).

Para entrar en ese análisis, el sujeto depende de cómo se representa las cosas, del discurso interior que suele dirigir nuestros pensamientos. Ya que es obvio que todo lo que nos afecta positiva o negativamente, no son -en sí- las experiencias que acontecen, sino cómo juzgamos en nuestro interior esos eventos, cargándolos de valoraciones de provecho o de temor o de deseo o rechazo personal. Por tanto lo determinante no es lo que ocurre, lo que viene de fuera, sino cómo lo juzgamos o consideramos, es decir lo que "nos viene" de dentro. Cautela, pues, con nuestro tendencia a prejuzgar. Afinar el análisis interior, ejercitar la templanza y la prudencia, conservar la integridad en esta cascada permanente de estímulos que nos cubre de la mañana a la noche y que nos convierte en marionetas temblorosas asaltadas de temores difusos y continuamente cambiantes. Marco Aurelio y Hadot insisten : diálogo constante con nuestro yo razonable, desconfianza ante el ego posesivo e interesado, ecuanimidad y un punto de generosidad con el Otro.

Hadot hace un análisis exhaustivo de los textos de Marco Aurelio, trata de intuir las razones y objetivos del emperador al escribir sus reflexiones (dirigidas, repito, más a sí mismo que a un lector externo). También se ocupa de precisar el género literario en que Marco Aurelio concurre, más en la línea de Montaigne o incluso Wittgenstein, que de Kant o Descartes. Nos sitúa en la relación del emperador con los textos de Epicteto , Epicuro o Pirrón (estoicos, epicúreos o escépticos) , sin descuidar apuntarnos detalles de la vida personal de Marco Aurelio que influyen o son influidos por su filosofía bajo el criterio señalado ya de "guía de la vida cotidiana". Aunque nos advierte que no debemos olvidar que la propia palabra filósofo o filosofía no tienen el mismo significado que les damos en la actualidad: no compartimos los mismo valores, ni, como dije al principio, el filósofo no es un teórico ni un creador de sistemas, sino el hombre que practica la "vida buena" la vida que se ajusta a los presupuestos básicos de su filosofía, la práctica de la virtud, la justicia y la razón ecuánime y desinteresada.

Para conseguirlo Marco Aurelio, nos recuerda Hadot, diseña una serie de medidas prácticas, reflexiones y análisis o "ejercicios espirituales" de autocrítica y exhortación, para que le ayuden en su quehacer diario de emperador, a modo de fórmulas psicológicas de auto convencimiento que le ayudan en la tarea fundamental de vivir bien. Como por ejemplo, la fórmula sacada de Epicteto directamente que establece una distinción entre las cosas que dependen de nuestra voluntad y las cosas que no dependen de nuestra voluntad: “De nosotros dependen el juicio de valor (hypolépsis), el impulso hacia la acción (hormé), el deseo (orexis) o la aversión; en una palabra, todo lo que es nuestra propia obra. No dependen de nosotros el cuerpo, la riqueza, los honores, los altos cargos; en una palabra, todas las cosas que no son nuestras propias obras”.

Por tanto, prosigue Hadot, los estoicos subordinan todo al bien moral, esa "areté" cuya excelencia provoca que Marco Aurelio asegure que el mayor bien que debe perseguir el hombre está en ser "justo, moderado, valiente y libre y el mayor mal lo que provoca en él los vicios opuestos". Y para ello es preciso conocerse bien, mantener activo en la busca de esos bienes al "hegemonikon", el principio interior que rige nuestro interior. Evitando, eso sí,  el "tuphos", la inflación vanidosa (aquí Marco Aurelio hace un guiño de complicidad a los cínicos, una secta filosófica denigrada por todos, precisamente por sus sinceridad y sencillez extrema).

Excelente libro, no sólo para los estudiosos de filosofía sino para cualquier persona que quiera alcanzar de alguna manera la "vida buena" con la que sueñan todos los auténticos filósofos desde el siglo IV antes de Cristo al XXI, siglo actual que nos aflige con su desorientación y falta de valores y de autenticidad.

 

FICHA

“La  ciudadela interior”.-Pierre Hadot.-Trad. María Cucurella.- Ed.Alpha Decay.-528 pp. ; 24’90 €.- ISBN 9788492837472

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