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21 octubre 2017 6 21 /10 /octubre /2017 07:17

¡Paren las máquinas!Paren las máquinas! de Michael Innes (Siruela, 2017) es una gozada para los que amamos la literatura británica humorístico-costumbrista, ya sea disfrazada de sesudo ensayo, novela sentimental, filosófica, de critica social, de humor, drama e incluso tragedia. Desde Jonathan Swift a Julian Barnes, desde Amis a Chesterton, desde Conan Doyle o Thakeray, a Stevenson, desde P.G. Wodehouse a Jerome K.Jerome, desde la Woolf a Dickens. De entrada y como muestra de la solvencia literaria del autor y para delicia del lector avisado (no precisamente en novela policiaca) he contado casi dos centenares de citas literarias de poetas y escritores ingleses clásicos -desde Shakespeare, of course, hasta el muy citado Pope o Wordsworth, Keats o Byron- , laboriosamente engastadas en los diálogos de los cultos personajes y a veces en el mismo narrador omnisciente, el autor.

A Michael Innes, seudónimo de John Innes Mackintosh Stewart (1906-1994),  ya le conocíamos por la suculenta "Muerte en la rectoría" y la aún más soberbia, "Hamlet, venganza"  (ya reseñadas en estas páginas). Como algunas veces he escrito, la novela policíaca no es de mis géneros preferidos, pero tengo mis "clásicos" inviolables, entre los que junto a Poe, Sherlock, el Padre Brown y alguna Agatha Christie (y  ciertos autores norteamericanos ya desaparecidos) hay varios que vuelven a ser editados por algunas editoriales muy astutas (Siruela o Acantilado, por ejemplo) y uno de ellos es este profesor universitario, académico y erudito literario que maneja un sentido del humor ligeramente ácido y bastante crítico con el guante de seda de una ironía salvajemente divertida.

La acción de "Paren las máquinas" transcurre en los años treinta, cuando aún el mundo no había enloquecido definitivamente a pesar de la I Guerra Mundial, en una Inglaterra bastante tradicional que trataba de proteger su esencias -no siempre esenciales- y su forma de vida de los cambios -a peor, sin duda- que se avecinaban. Además de su personaje principal acostumbrado, el inspector de Scotland Yard, John Appleby, -- inteligente e intuitivo, bastante lejos de los policías que nos suelen presentar otros autores canónicos, como Conan Doyle,-- Innes (que en ocasiones se mete personalmente en la piel de otro personaje frecuente en sus novelas, el escritor Giles Gott, también profesor de literatura para que no haya dudas) nos depara, como es sello de la casa, todo un  despliegue de personajes surrealistas, divertidos, excéntricos e inolvidables, todo ello entre carcajadas y agudas e irónicas observaciones psicológicas, desde el grupo hilarante de catedráticos de Oxford, con sus envidias, celos, malicias y obsesiones (me recuerda fuertemente al genial David Lodge), un abigarrado grupo de parientes gorrones que asedian al dueño de la casa, obsesivos coleccionistas de lo que sea y hasta traficantes de armas, hasta el coprotagonista,  el escritor Richard Eliot. Se trata del anfitrión, famoso por las novelas policiacas que escribe y por su protagonista, un genio del crimen que se redime y se reconvierte en investigador,  que no se llama Moriarty  como esperábamos algunos, sino se hace llamar "La Araña". Precisamente ese personaje, vaya por Dios, aparentemente se vuelve persona real -sí como lo leen- pasa de la ficción a la realidad más corpórea, insidiosa y molesta y carga contra su creador, como un Frankenstein cualquiera.

Ese será el metafísico enredo en el que el imperturbable inspector Appleby (creo que el único fallo de Innes es haberle dado ese apellido sin pensar en las traducciones de sus novelas a otras lenguas) pasará a  resolver con su agudeza habitual. Y el lector encantado de que lo haga por una parte y molesto por el hecho de que ahí acaba la novela y deberá abandonar la entretenida, tradicional y deliciosa casa de campo inglesa y sus habitantes e invitados donde transcurre toda la acción.

Durante la lectura uno se percata de que todos los personajes son abrumadoramente inteligentes e incluso los personajes torpes o estúpidos tienen también una inteligencia notable aunque a su manera surrealista. El lector acaba un poco fatigado de tanta inteligencia activa, sugestiva, sugerente y referencial (las citas, como dije, son permanentes y bastante eruditas)  hasta que se percata de que lo que ocurre es que el autor, Michael Innes, no puede evitarlo: su propia inteligencia narcisista y retórica literaria de altos vuelos impregnan de manera uniforme a todos sus personajes y, por supuesto, al propio narrador. Aún así, la trama de guante blanco de esta novela divierte y encanta a partes iguales.

 

FICHA

¡PAREN LAS MÁQUINAS!.- Michel Innes.-Trad. Miguel Ros.- Ed. Siruela. 405 págs. ISBN 9788417041304

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