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15 diciembre 2017 5 15 /12 /diciembre /2017 09:05

He disfrutado con este excelente ensayo de Edith Hamilton sobre el legado que el mundo griego, su poesía, su teatro y su filosofía han dejado a nuestra cultura occidental (pese a los cansinos y prepotentes aires de estos tiempos en que la ignorancia sustituye al asombro). Publicado en 1930, poco podía sospechar la insigne autora --alemana de nacimiento y norteamericana de adopción- que su libro llegaría ser reeditado en una época y unas tendencias culturales de signo totalmente opuesto a las extraordinarias ideas sobre el desarrollo  intelectual, espiritual y ético del hombre que serían el sello de la excelencia griega. 

Vivimos en tiempos de barbarie (tecnológica pero barbarie al fin) y leer el libro de la Hamilton podría parecer una pérdida de tiempo (uno de los vicios  capitales que el nuevo Orden Mundial, la sociedad de la Prisa y el Goce Instantáneo, no perdona). Sin embargo desde aquí llamo a la rebelión: "El camino de los griegos" es un libro que nos permitirá abrir las puertas de la percepción a una forma de vida distinta, sana, inteligente y gratificante, como no lo ha sido -ni será- las que nos propone la sociedad del consumo constante, la gratificación inmediata y las demandas neuróticas sin fin.

A pesar de lo dicho, el libro de Edith H. fue anatematizado por la crítica universitaria y erudita dada la preponderancia que lo literario y filosófico, las hipótesis osadas y poco contrastadas de la autora sobre algunos temas -de alcance académico-  y el tono divulgativo, divertido a menudo y siempre irónico, ameno e inteligente del texto. Obviamente el libro fue un éxito popular culto, un auténtico "best-seller" en tiempos en los que aún no se había inventado -y degradado- el término. Este libro fue el primero de una serie que la autora escribió a partir de su jubilación como profesora de lenguas clásicas, a los 63 años. 

El plan de la obra obedece a un rasgo cultural que la autora ya veía en el horizonte en aquél lejano (para nosotros) primer tercio del siglo XX y que, curiosamente, se repite casi como un calco en este primer tercio del siglo XX. Dice: "Cuando el mundo se ve azotado por tormentas y lo malo que ocurre y lo peor que amenaza son tan apremiantes que bloquean  de nuestra vista lo demás, entonces necesitamos conocer todas las recias fortalezas del espíritu que los hombres han edificado a través de las edades. Las perspectivas eternas se están borrando y nuestro juicio de los asuntos inmediatos será erróneo si no las traemos de regreso".

Nuestra autora inicia su notable viaje mostrándonos las diferencias existentes entre el espíritu y el pensamiento de occidente y oriente. En el momento de escribir el libro, aún no se había descubierto la importancia que muchos de los mensajes de oriente habían tenido en el llamado "milagro griego" y enfatiza la labor castrante de las religiones orientales y sus conexiones con los poderes absolutos y despóticos que regían esos países, que dieron la impresión de que la sabiduría griega nació espontáneamente por su temprano racionalismo y desprecio a los dioses. En orden contrario, avisa con gran agudeza del error que se cometió en Occidente durante siglos al confundir la religión (mistérica, para iniciados) griega con el teatrillo frívolo del Olimpo y sus dioses populares (que fueron rechazados directa o indirectamente por todos los grandes pensadores). Más tarde volvería la religión institucionalizada, el cristianismo, a ahogar el legado griego, e incluso a manipular a unos pocos pensadores respetados, Platón, Aristóteles y algunos estoicos.

Esto, que se lee entre líneas sin ninguna declaración directa, fue otro de los motivos por los que el libro de Hamilton fue académicamente rechazado. Como dijimos, no afectó a su éxito: la fluidez, belleza y oportunidad del texto de esta autora, así como sus oportunas y brillantes citas de las obras griegas, un estilo ágil, claro y dinámico -no en vano la Hamilton fue una buena profesora durante más de treinta años- se enriquece además por los hábiles paralelismos que Hamilton hace entre Píndaro y Kipling, Aristófanes y el autor de comedias musicales victorianas William S. Gilbert, y las tragedias de los tres grandes, Esquilo, Sófocles y Eurípides con Shakespeare. Particularmente sugestivo es el análisis que enaltece la tragedia y la diferencia que tiene con el drama.

Este brillante ensayo termina con un capítulo dedicado a "El camino del mundo moderno", en el que la inteligencia de la autora da un quiebro para mostrarnos cómo podría ser un mundo futuro (nuestro hoy) si no fuéramos capaces de integrar las enseñanzas del camino griego clásico. "El camino de occidente siempre ha consistido en enfrentar la mente contra el espíritu, en no captar nunca el doble aspecto de todos los seres humanos, no podemos entregarnos por completo tan sólo a uno y dejar que el otro desaparezca de nuestra conciencia". Y acaba con cierta nostalgia triste: "en todo el arte griego hay una Ausencia de lucha, un poder reconciliador, algo apacible y sereno que el mundo no  ha vuelto a ver desde entonces".

FICHA

EL CAMINO DE LOS GRIEGOS.- Edith Hamilton.- Trad. Juan José Utrilla. Ed Turner&Fondo de Cultura Económica. 328 págs. ISBN 0788475065212

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