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6 febrero 2018 2 06 /02 /febrero /2018 10:28

Ignacio Izuzquiza, catedrático de Filosofía de la Universidad de Zaragoza, ha escrito un libro complejo y sistemático con el mismo título que utilizó Pierre Hadot para el volumen dedicado a sus conversaciones filosóficas con Jeannie Carlier y Arnold I. Davidson, que editó Alpha Dekay hace unos años y que ya hemos comentado aquí junto a otros libros del gran pensador francés. Izuzquiza ha reconocido la deuda al principio de su libro, aunque no es sólo el título, también hay ecos de las reflexiones de Hadot en "La filosofía como forma de vida", editado por Síntesis en su colección dedicada a la Filosofía.

Sin embargo son dos libros radicalmente distintos. Este es el trrabajo de un filósofo en ejercicio que reflexiona en primera persona sobre la labor de filosofar, dejando respetuosamente a un lado las aportaciones de los grandes filósofos o con sucintas  referencias a tenor del pensamiento sistemático que va desgranando. Más que un volumen dedicado a la filosofía y a los filósofos es una propuesta de análisis de la propia materia del filosofar, del pensamiento esrtructurado en pos de un fin aclaratorio, examinando los problemas que plantea dicho riguroso examen de conceptos e ideas que van escalonándose en un programa que revela la urdimbre oculta de la herramienta del pensar y sus manifestaciones.

Como Izuzquiza muy bien dice: "mi ensayo incluye dos niveles de expresión: una expresión técnica que aborda problemas muy concretos que lleva mi argumentación a exponer análisis de conceptos de un modo intencionalmente elaborado, pero al mismo tiempo la consideración de una serie de temas generales que permiten conectar la filosofía con otras formas de actividad intelectual". Lo cierto es que el libro resalta algo espeso de lectura pero enormemente clarificador y sugerente. Es la obra de un filósofo crítico y lúcido que incluso se permite algunas dosis de indignación ante la praxis de determinados filósofos y las confusiones y excesos que generan (con enorme elegancia, el autor no da nombres, define tendencias). Particularmente me ha encantado una diatriba contra el ejercicio de la razón de una forma tan inicua que niega la posibilidad de una verdadera actividad racional  (págs. 154/155).

El libro se articula en cuatro capítulos: una descripción de lo que fue y es la filosofía; el segundo, muy bien estructurado, define los rasgos del filósofo; el tercero, tal vez el más complejo y laborioso defiende la necesidad de dotar a la filosofía actual de una teoría especulativa rigurosa; y el cuarto, que se ajusta al título del libro y su objetivo esencial, reivindica el valor actual de la filosofía para engranarse en las actividades del hombre del siglo XXI y cómo puede delinearse una vida orientada por la filosofía.

Es un libro excelente y de una excepcional validez para orientarse en el momento actual del apasionante mundo filosófico y ejercitarse en una práctica realmente transformadora. El lector ya informado, el amigo de la búsqueda de la sabiduría disfrutará con el "holograma de la filosofía" que nos propone el profesor Izuzquiza. Como ejemplo del rigor expositivo y la inteligencia del autor, les apunto los elementos del "mapa" de los aspectos que hay que tener en cuenta para entender la materia: 1, la seducción de lo obvio;2, la ausencia de todo objeto propio;3, la transparencia de la complejidad;4, el orgullo de la pregunta incesante; 5, el tratamiento del límite y la elaboración de un mundo elástico; 6, el trabajo de la diferencia.Si usted, amable lector, es capaz de aplicar estos puntos a lo que sabe o intuye de la filosofía, comprenderá sin más la validez especulativa y definitoria de este autor.

El lector se sentirá atraído sin remedio por la sutil lista de rasgos que definen esquemáticamente a un filósofo "como debe ser" (págs.213 y sgtes.) y por el brillante y casi místico análisis que el autor hace de la filosofía "como saber de soledades y silencios", desmenuzando esos dos conceptos en toda su enorme riqueza y las contradicciones y dificultades que comportan (págs.225 y sgtes.)

Con un estilo complejo y analítico, crítico y con ramalazos de expresiones poéticas o metáforas imaginativas, Izuzquiza acaba su libro con un epílogo y "una sonrisa irónica". Reconoce la circularidad de su empeño, "pues el silencio, la soledad y la reivindicación de una razón apasionada que guía la vida de un filósofo no es sino la conexión con ese triple espacio del que parte la filosofía: la seducción de lo obvio, la vaciedad de todo objeto propio y la reducción de la complejidad". Un ensayo "huérfano de citas eruditas que reconoce muchas influencias" que termina asegurando "la filosofía sigue siendo una bella diosa que responderá siempre con irónica sonrisa a quienes se atrevan a preguntar por su valor". Aunque, amigo Izuzquiza, será necesario algo más que sonrisas para "desasnar" a los que tienen el poder de marcar tendencias en nuestra educación secundaria y universitaria.

FICHA

LA FILOSOFÍA COMO FORMA DE VIDA.- Ignacio Izuzquiza.- Editorial Síntesis.-251 págs. ISBN 9788497563413

 

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