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9 marzo 2018 5 09 /03 /marzo /2018 10:03

Leon Gozlan (1803-1866), es el autor de esta obrita que nos acerca al gran Balzac (1799 - 1850), desde un mirador privilegiado: el de la convivencia que este hombre (por cierto, dotado de un estilo narrativo de primera) disfrutó (o no) durante muchos años con el soberbio autor, como uno de sus amigos más íntimos. Gozlan (1803-1866) es autor de más de veinte novelas (entre ellas algunas muy conocidas hace años como "Arístides Froissart" y "El médico de Pecck"), libros de ensayo y obras dramáticas y obtuvo la Legión de honor en 1846, un año después que su biografiado, Honoré de Balzac (1799 - 1850).

El autor de varias obras maestras de la literatura, desde Eugenia Grandet al Padre Goriot, o Las ilusiones perdidas, eslabones todos de su "Comedia Humana", monumental intento inacabado de mostrar  la vida francesa a través de centenares de personajes con los que pretendió realizar un fresco gigantesco de su época,  en el que refleja las pasiones, la mediocridad, los intereses,  las pasiones de los hombres y las mujeres de su tiempo. Con sus enormes dotes de observación, su estilo irónico y minucioso, la mordacidad de su talante, Balzac (desmesurado en todos los aspectos de su vida, su obra y su persona) debía haber sido un ejemplar humano interesante, hiperbólico y, supongo, agotador. La visión que nos ofrece León Gozlan  de su Balzac “en zapatillas” es todo menos vaga e indefinida. Y es que el escritor se desborda de cualquier biografía que trata de limitar sus contornos. La de Gozlan no es propiamente una biografía sino una serie de momentos, chismes, eventos, conversaciones, encuentros y hostilidades, apuros y cotidianidades,  sucesivos y aleatorios que tratan de dibujar una figura inabarcable.

Balzac ocupó exactamente la primera mitad del siglo XIX, un periodo comparativamente muy breve si tenemos en cuenta el gigantesco corpus de su obra completa. Aún así, a pesar del éxito y de algunas épocas en las que ganó dinero a espuertas, Balzac vivió a salto de mata, endeudado por cantidades tan enormes como sus ganancias esporádicas, buscando el éxito y el reconocimiento social de una forma a menudo patética e inexplicable en un hombre de tanta valía.  Poniendo en marcha negocios surrealistas y absurdos, arruinándose, surgiendo de sus cenizas como un ave fénix de la literatura forzada. Se describía a sí mismo como un galeote, noche tras noche escribiendo amarrado al buró, durmiendo de día, sostenido por la mezcla particular de café que preparaba él mismo. Su sentido innato de la economía productiva, sólo en el sentido creativo, no en el financiero, le llevó a inventar "el reciclado" de personajes que abarcaba toda sus obras de ficción y que trataba de reunirlos bajo el título genérico de "La Comedia Humana".

La edición con la que he trabajado  fue un hallazgo descubierto en el Mercado dominical del libro en la calle Urgel de Barcelona. Está publicada por la Editorial Lara  a principios de los años cuarenta y, oh sorpresa, traducida por mi entrañable y añorado compañero de "La Vanguardia" José Casán Herrera  (en unos años en los que yo aún no había nacido). Sé que se puede encontrar una edición posterior de Editorial Planeta (emporio editorial que nació de la Editorial Lara)  por pocos euros. Y vale la pena leer este librito escrupulosamente bien escrito, en el que Leon Gozlan cumple con aquél aserto escéptico y mordaz que asegura que la mejor manera de conocer los defectos ocultos de una personalidad es preguntar sobre ella a un íntimo de ella, una vez desaparecida. Entre protestas de amistad y paciencia, Gozlan nos va brindando un retrato, seguramente bastante real, de una persona cuyas limitaciones sociales, payasadas, ingenuidades, excesos y abusos, son contemplados con condescendencia y "comprensión" por uno de sus mejores amigos, entre protestas y declaraciones de admiración por el trabajo que realiza. Aún así, el librito no tiene pérdida. Cualquier amante de la narrativa balzaquiana no se puede perder esta joyita.

Como escribe el propio Gozlan en su introducción: "...queremos conocer las casas que habitaba, su modo de ser y actuar en un mundo cuyo fango pisó antes de que sobre él se extendiera el resplandor de su fama; sus gustos, ya fuesen extraños, normales, vulgares o incluso ridículos; sus caprichos y sus grandes o pequeñas flaquezas"... y ya en la obra nos habla de su "desinterés" como arista: "...en el instante mismo que se le ocurría una idea, esta idea se transformaba en operación financiera", de sus pretensiones arquitectónicas diseñando una casa en la que se olvidó de poner escaleras, de su ingenuo y codicioso "cuento de la lechera" en torno a una gigantesca árbol comprado al Ayuntamiento, de su desinterés por cualquier otro escritor que no fuera él, incluido Victor Hugo, de sus intentos de montar una revista literaria o de sus fracasos en el Teatro, todo traducido en locas esperanzas económicas que  fracasaban sin remedio, o la descripción de la persona misma y sus "pasos torpes y rápidos a un tiempo que era característico  de sus andares de elefante"...rodeándolo todo de un "compañerismo" profesional laudatorio y paciente como si hablara de las travesuras de un niño. Recordando la frase de Balzac: "en todo hombre de genio  hay un niño". Y en todo "amigo de novelista" hay una irreprimible sed de mostrar  lo infundado que es el éxito de su amigo desaparecido. Y más cuando ha sido un genio que no valoraba a nadie más que a él mismo.

FICHA

BALZAC EN ZAPATILLAS.-Leon Gozlan.- Trad. José Casan.- Editorial Lara. 269 págs.

 

 

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