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15 marzo 2018 4 15 /03 /marzo /2018 09:59

Stephen Batchelor  es un erudito y practicante budista (él parece rechazar el apelativo de "maestro" algo que dice mucho en su favor) y está personalmente empeñado en demostrar que la práctica del budismo no es cosa de monjes absortos en la soledad y la meditación, sino una disciplina que puede compaginar perfectamente con nuestra época y la dinámica imparable de la sociedad postmoderna. Y no sólo eso, sino que se puede convertir en una práctica que nos ayude a sobrellevar el exceso de estrés que acarrea la vida trepidante del siglo XXI en las sociedades avanzadas. Para ello nos sugiere una visión filosófica, contemplativa y ética del budismo, adecuada a los quehaceres  cotidianos  que nos exige la sociedad y la cultura de nuestra época.

No se trata pues de ajustarnos a un concepto del "dharma" o de la enseñanza y percepción budista de la vida, como una religión estructurada y exigente, ritualista y limitada por unas coordenadas de comportamiento y actitudes más o menos rígidas. Batchelor nos sugiere un paseo conceptual por el budismo, no como un planteamiento dogmático de tipo metafísico o una propuesta mística de casi imposible realización, sino como una práctica sencilla y clara de carácter ético y fundamentalmente práctico y útil. La enseñanza básica que se desprende del clarificador libro de Batchelor, excelentemente traducido por Fernando Mora, es que el budismo debe ser considerado como una cultura del despertar en constante evolución. Y esa evolución dinámica le confiere la capacidad de presentar siempre y en todo momento histórico unas características que se amoldan a la cultura vigente en cada país, en una interacción creativa constante con los modos sociales y culturales en lo que se inserta.

Esa capacidad de "reinventarse" a tenor de las demandas ambientales, de amoldarse, (que no deja de ser una de las definiciones vigentes de la psicología cognitiva del término, "inteligencia"), es lo que da al budismo su eterno aspecto vital e inmarchitable. Quizá la esencia de la actitud honesta y heterodoxa de Batchelor sobre el budismo se refleje en una frase espigada al principio del libro (pág. 36) cuando dice: "Me inquieta...que los conversos occidentales al budismo, con unos antecedentes y una educación similares a la mía, adopten de forma acrítica creencias -como el karma o el renacimiento- que los budistas tradicionales dan por sentadas. Cualquier modalidad de budismo por la que abogue estará obligada a llevar la impronta de un enfoque escépticos y terrenal del dharma". Y más adelante añade: "No concibo un budismo que aspire a desterrar todo vestigio de religiosidad, que pretenda llegar a un dharma que sea poco más que un conjunto de técnicas de autoayuda que nos permitan operar con más serenidad o eficacia como agentes o clientes del consumismo capitalista".

Me recuerda la postura filosófica de Batchelor a la de la escuela clásica griega de Pirrón. Esa suspensión de juicio que era el sello distintivo de la filosofía escéptica. Como dice el autor, "suspender el juicio contradice el modo en que estamos condicionados a pensar y hablar". Partiendo de ese escepticismo Batchelor nos lleva eruditamente hasta los inicios del budismo, desde la legendaria figura de Mahanama el converso (primo de Gotama), pasando por el propio Buda y su cuádruple tarea basada en las tres preguntas clave  sobre el deleite de la vida, la tragedia de la vida y la emancipación de la vida. Después se cuestionará la figura o el símbolo del Buda Gotama ("¿no es más o menos real que el Quijote o Leopoldo Blom?-del Ulises de Joyce),  la esencia de la verdad en los textos budistas ("no es la noble verdad del sufrimiento lo que tenemos que entender, sino el sufrimiento en sí") . La vida de Sunakkhatta, el traidor a la figura de Gotama, trata de humanizar la figura el Buda que usa a Sunakkhatta como contrapunto retórico  de lo que no está enseñando. Quizá los capítulos más directos sobre los aspectos formales del budismo secular que nos propone Batchelor sea el 9 (Lo sublime cotidiano), cuando nos dice: "La meditación consiste en aceptar lo que le sucede a este organismo mientras contacta con su entorno en cada momento...el cultivo continuo de una sensibilidad, de una manera de atender a todos los aspectos de nuestra experiencia en el contexto de un marco de objetivos y valores éticos" (pág. 363). Y también el 11 (Una cultura del despertar) donde nos formula los diez puntos que definen  el tipo de espacio budista que preconiza. (pág. 497). Y, por fin, el epílogo, en el que el autor nos cuenta que a través de Megástenes que acompañaba a Alejandro en su conquista de la India, se estableció el vínculo filosófico que llevaría a la filosofía clásica griega al conocimiento e influencia de muchos de los preceptos budistas (un ejemplo sería sobre el escepticismo, quizá en el cinismo o el estoicismo helénico).

FICHA

DESPUÉS DEL BUDISMO.- Stephen Batchelor.- trad. Fernando Mora. Ed. Kairós.-553 págs.-20 euros.- ISBN 9788499885742

 

 

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