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2 febrero 2018 5 02 /02 /febrero /2018 07:40

John Cheever es uno de los grandes narradores que ha dado el siglo XX tan excesivo en todo lo que importa, desde el arte a la literatura, desde la maldad al belicisimo, desde las hambrunas a la ciencia o a la espiritualidad. Posiblemente sea uno de los mejores -y algo olvidados-- autores de relatos de un país pródigo en ellos, Estados Unidos. Un hombre marcado por el sello de la "diferencia" sexual en una época en la que esa característica producía sufrimiento y reprobación social. Su obra es un espejo que refleja la impotente amargura de un hombre demasiado sensible y vulnerable. Novelas, diarios y correspondencia forman un corpus coherente de una fuerza literaria singular que fue premiada con el Pullitzer y otros premios.

De Cheever recuerdo el impacto que produjo en mí la lectura de "El nadador" (hubo versión cinematográfica interpretada por Burt Lancaster) un relato en el que la acerba crítica del escritor nos pintaba el "paraíso" norteamericano de la clase media alta con un sarcasmo implacable que recordaba a la serie de "Conejo" de Updike o las obras de John Irving, Philip Roth o David Foster Wallace (aunque Cheever carece del sentido del humor cáustico de estos últimos).

Sin embargo en "Oh, esto parece el paraíso", considerada la obra testamental de Cheever (murió unos meses después de terminarla) hay un cambio de registro bastante importante, no sólo en la forma o estilo de narración, sino en el "espíritu emocional" del narrador, que parece escribir desde la paz interior, mimando sin juzgar a su protagonista, un hombre de cierta edad que trata de apurar los placeres, vigores y certezas de su juventud, pero sin la nostalgia dolorida del que no admite el final de todo. Aquí, el anciano Lemuel Sears se niega a aceptar las cosas que le disgustan (por ejemplo la  destrucción de un pequeño lago de su ciudad natal) y a dejar de intentar las que le gustan, el enamoramiento, el amor, el sexo, incluso si eso conlleva la ruptura  del algún tabú social (por ejemplo, la homosexualidad). Ese tema espinoso para nuestro autor (dada su condición de gay en una sociedad puritana) está resuelto sin recurrir a extremos como los que aparecen en otras novelas de Cheever (las dedicadas a la saga de los Wapshot), desde una vergonzante humorada hasta el rechazo interno y doloroso. Sears acepta con serenidad y sin aspavientos su historia con el joven Farragut.

Hay una placidez clásica en la historia de ese hombre viejo al que le gusta patinar sobre el lago helado de su pueblo. Y resulta estimulante ver con qué denuedo y firmeza lucha porque no conviertan su lago en un vertedero  (lo que esconde una especulación urbanística)y nos convence esa aptitud generosa del anciano hacia el amor, las mujeres y el descubrimiento de la homosexualidad. No hay nada cursi o vergonzoso en la narración. Sino, más bien, como nos anuncia la primera linea de la novela: "Esta es una historia para leer en la cama, en una vieja casa, en una noche de lluvia". Magistral. Con frases como "El y sus compañeros de patinaje parecían gozar de esa extraordinaria preocupación por la inocencia que absorbe a la gente en una playa antes de que caiga la noche".

No se trata de una dulce y nostálgica remembrabnza del pasado y el vigor de un anciano por defenderla. No. Es una historia verosímil, real y sus personajes tienen las sombras y las luces que uno espera encontrar en cualquier novela realista. Es la historia de los últimos ritos vitales de un hombre mayor, descritos con dignidad y sinceridad. Con sus últimos y casi inevitables fracasos sentimentales, el descubrimiento de otras opciones sexuales y una dura batalla legal contra los que contaminan el lago del pueblo. Pero el tono que usa Cheever es lo nuevo: hay naturalidad, aceptación y esperanza. Y en el estilo hay un sosegado lirismo. ¿No es Cheever? Si, en un Cheever que parece haber firmado la paz consigo mismo y que nos pinta un mundo duro y corrupto pero lo hace sin aspavientos, como iluminado por la misma luz que desprende el autor.

FICHA

OH, ESTO PARECE EL PARAÍSO!, John Cheever.- Trad. Maribel de Juan.- Ed. Debolsillo.-123 págs.- 9,95€,. isbn: 9788466342070


 

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