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24 marzo 2018 6 24 /03 /marzo /2018 08:59

No parece ser casual que el autor de estos dos libros que hoy comentamos sea un practicante de esgrima entre otras cosas más "relacionadas" con la filosofía como la ingeniería y el empresariado. Considerando esos tres ámbitos en conjunto, lo primero que salta a la vista es que Luis Soravilla es un heterodoxo existencial dado al floreo (dícese de ir de flor en flor, entre conceptos e ideas) a la estocada directa y sin circunloquios (aplicada a poner en marcha las cosquillas intelectuales del lector) y a montar estructuras ingenieriles mentales sobre los peligrosos y traicioneros pantanos filosóficos, para que el personal de a pie pueda circular enterándose de por dónde pasa.

El hecho es que este crítico, el abajo firmante, que lleva cuarenta años dedicándose de una manera u otra a la filosofía, no ha parado de sonreir (y a veces, elevando la sonrisa al cubo de la carcajada) al pasar por las páginas irreverentes, algo gamberras y a menudo desorbitadamente cachondas de estos dos libros en los que se analiza la historia de la filosofía-y, sobre todo, de los filósofos, desde los griegos (o chinos) hasta los más abstrusos y sesudos pensadores de nuestros días, con un  gracejo  y desparpajo (quizá algo pasado de vueltas en ocasiones) que debería enojar a, por ejemplo, Platón y desternillarse a, por ejemplo, Epicuro y aplaudir entusiasmado a cualquiera de la Escuela del perro (es decir a los cínicos, empezando por Antistenes o su más brillante discípulo Diógenes) y en nuestro tiempo a Russell y a Wittgenstein, este último si estaba de buenas. Al que, si viviera, no le haría ninguna gracia la lectura de esta obra y seguramente se querellaría contra Soravilla, es el eximio Heidegger y la gran masa de seguidores del pensador filonazi, que tenía la desfachatez de mantener relaciones con la filósofa judía Arendt sin ver ninguna falta de coherencia en ello. Tampoco era precisa, creo yo, la filípica contra cierto grosero personaje militar que tuvo sus más y sus menos contra el ínclito Unamuno en cierta ocasión muy señalada. Lo cierto es que el tipo no merece ni siquiera una mención como esa en una Historia de la Filosofía, aunque sea "torcida", sino en un tratado de psicopatología histórica.

Acostumbrado a los tomos de Hirschberger o Frederick Copleston sobre Historia de la Filosofía, a los tratados excelentes de Martha Nussbaum, Russell, Pierre Hadot o Giorgio Colli e incluso a los concebidos con cierta ligereza y sentido del humor como los clásicos de Luciano de Crescenzo o Indro Montanelli (y toda una serie de manuales casi de autoayuda que inauguró el "Más Platón y menos Prozac" pasando por los deliciosos "Lo que le diría Sócrates a Woody Allen" de Juan Antonio Rivera o "Desayuno con Sócrates" de Rowland Smith) , la magnífica idea de Soravilla y los osados editores de "Principal de los Libros" me ha sorprendido por su audacia y su desinhibido sentido del humor: es como si Los Morancos, Chiquito de la Calzada, Eugenio, Martes y Trece y Tip y Coll  se hubiesen aliado para formar entre todos la voz de la Musa de Luis Soravilla. Por tanto el ingenio, la información veraz y la agudeza expresiva se dan la mano con una cierta obscenidad, la escatología de un trazo grueso de humor popular y la  combativa irreverencia que nunca es atrabiliaria, aunque a veces sea caprichosa o innecesaria.

Soravilla monta chistes, comparaciones ridículas y comentarios jocosos y delirantes sobre la mayoría de las ortodoxias religiosas, filosóficas o políticas. Las relaciones metafóricas entre la estructura de la Iglesia católica y la empresa Ikea o las glosas sobre el tema de la venta de las indulgencias y Lutero o las diferencias entre dominicos y franciscanos, el cisma Papal y otras lindezas en torno a la escolástica, me recuerdan los mejores momentos de ciertas conversaciones entre profesores de filosofía a las que asistí, todos pasados de tragos y fumatas allá por los noventa.

Ya en el primer tomo, que va de "Tales a Llull, y un poco más allá", el autor nos advierte: "Siempre imaginé al filósofo...como un tío plasta...sentado en una piedra...murmurando entre dientes...y diciendo frases incomprensibles, ajeno a los problemas del mundo....he descubierto que en parte si eran así...pero en una parte aún mayor eran locos, perturbados, sinvergüenzas, bebedores, folladores empedernidos, traicioneros, coñones o hasta fabricantes de armas". Bueno, como ven, el que avisa no es traidor. Don Luis se va a desmelenar, respetando, eso sí, a "grosso modo", la obra y las líneas generales de la filosofía de cada uno de ellos, aunque siempre desde una postura traviesa, a veces obscena y casi siempre divertidísima.

Empédocles, Tales de Mileto, Anaximandro, Pitágoras de Samos (el de las habas), Heráclito, tan "Oscuro" como claro y meridiano es su comentador Soravilla, Demócrito (el del "velcro" atómico), la era de Pericles y los sofistas, Protágoras, el feo pero molón Sócrates, Platón con el que nuestro autor relaciona a Ikea,  "un pijo divino de la muerte", y Aristóteles para cerrar época. Después vendrían los cínicos, estoicos, epicúreos y las escuelas postehelénicas de fuerte sabor romano. Roma le da ocasión a Soravilla de montarse una juerga donde cabe de todo. Lástima que Mel Brooks ya no está para hacer películas, menudas ideas cogería de este libro. Los capítulos dedicados a Jesús  y al cristianismo no son aptos para menores y creyentes en general. Entre ellos y la Edad Media con San Agustin , la Escolástica  y el nacimiento de las Universidades como invitados principales, Soravilla se saca de la manga una serie de capitulillos dedicados a la filosofía china, tal vez lo más flojito de este manual de sonrisas.

En los dos tomos de esta impagable historia torcida de la filosofía (realmente es superfluo pretender "enderezarla") hay verdades como catedrales que todos hemos pensado alguna vez, pero que pocos hemos osado decir en público o mucho menos publicar. Como Soravilla siempre he pensado que "El Príncipe de Maquiavelo sufre la misma (mala) suerte que  "El arte de la guerra" de Tsun Tzú, que es la de ser citado sin haber sido leido, sin venir a cuento y sin haber comprendido un pijo de lo que realmente están diciendo" (pág.97, tomo II). O "Los genios mueren pero la estupidez persiste" cuando habla de la quema de los libros de Hobbes en la plaza pública. O, "El siglo de las Luces engrendró a más de un iluminado, palabra que nació entonces (siglo XVIII) para definir a uno que anda por ahí creyendo poseer una verdad indiscutible, pero incapaz de explicar por qué es verdad. Hoy en pleno siglo XXI, los iluminados están más vivos que nunca" (pag.202, II). O, "Hegel no fue un filósofo, fue un despropósito. Su filosofía no tiene ni pies ni cabeza...fue y sigue siendo un cantamañanas...si embargo su influencia en la Filosofía occidental es enorme" Y añade, "Si Kant parece incomprensible...Hegel es incomprensible. Del todo. No se entiende una mierda lo que dice". (Nuestro autor, al fin de su libro responsabiliza al pobre Hegel del presunto mal futuro que tiene la Filosofía).

Luego siguen divertidas lindezas sobre Nietszche, Kant, Schopenhauer, Freud  (la nota del padre de psicoanálisis exonerando a los nazis de tratarle mal y terminando con un "Recomiendo la Gestapo a cualquiera" es deliciosa), Russell, el ambiente de Cambridge, Popper, Wittgenstein y un final de fiesta de rechupete que titula "¿Qué será de la filosofía? ¿Qué será de nosotros?" Y tras un surrealista programa de radio sobre qué es filosofía,  Soravilla tercia en el asunto y se pone serio: "Es absolutamente necesaria una mirada crítica, un cuestionamiento constante, una seria reflexión sobre las cosas que hacemos (en la vida, en la sociedad, en la ciencia, en la política...) sin saber muy bien porqué." Y como decía Nietzche:  "Hay que enseñar a los alumnos a pensar". ¿Ustedes se imaginan la que se puede armar  si se enseña a pensar al público, a exigir honestidad, razonabilidad, respeto con el prójimo y a convertir esas máximas morales en comportamiento?

Por tanto, y para acabar, que ya me voy pareciendo a Luis Soravilla, recomiendo encarecidamente estos dos libros (de nada, amigo) a estudiantes preuniversitarios, a profesores de Universidad (que sepan tomarse las cosas a broma) y a lectores curiosos sobre el futuro de nuestra cultura y sobre la necesidad de las Humanidades para llegar a ser una versión pasable de eso, de ser humano. Con alguna condición: no aceptar una visión mesiánica o trascendentalista de la filosofía, tener sentido del humor y tolerancia con los excesos burlescos. Detrás de las bromas y las burlas del autor hay un genuino amor al pensamiento, su libertad y su necesidad.  Sin duda, es un “philo-Sophós”, un amante de la sabiduría, escuela marxista (de Groucho). 

FICHA

HISTORIA TORCIDA DE LA FILOSOFÍA.- Luis Soravilla.- Prólogo de Javier Traité.- Dos tomos.- 19,90 € c/u.- Editorial Principal de los Libros.-403 págs. el primero y 436 págs. el segundo

 

No parece ser casual que el autor de estos dos libros que hoy comentamos sea un practicante de esgrima entre otras cosas más "relacionadas" con la filosofía como la ingeniería y el empresariado. Considerando esos tres ámbitos en conjunto, lo primero que salta a la vista es que Luis Soravilla es un heterodoxo existencial dado al floreo (dícese de ir de flor en flor, entre conceptos e ideas) a la estocada directa y sin circunloquios (aplicada a poner en marcha las cosquillas intelectuales del lector) y a montar estructuras ingenieriles mentales sobre los peligrosos y traicioneros pantanos filosóficos, para que el personal de a pie pueda circular enterándose de por dónde pasa.

El hecho es que este crítico, el abajo firmante, que lleva cuarenta años dedicándose de una manera u otra a la filosofía, no ha parado de sonreir (y a veces, elevando la sonrisa al cubo de la carcajada) al pasar por las páginas irreverentes, algo gamberras y a menudo desorbitadamente cachondas de estos dos libros en los que se analiza la historia de la filosofía-y, sobre todo, de los filósofos, desde los griegos (o chinos) hasta los más abstrusos y sesudos pensadores de nuestros días, con un  gracejo  y desparpajo (quizá algo pasado de vueltas en ocasiones) que debería enojar a, por ejemplo, Platón y desternillarse a, por ejemplo, Epicuro y aplaudir entusiasmado a cualquiera de la Escuela del perro (es decir a los cínicos, empezando por Antistenes o su más brillante discípulo Diógenes) y en nuestro tiempo a Russell y a Wittgenstein, este último si estaba de buenas. Al que, si viviera, no le haría ninguna gracia la lectura de esta obra y seguramente se querellaría contra Soravilla, es el eximio Heidegger y la gran masa de seguidores del pensador filonazi, que tenía la desfachatez de mantener relaciones con la filósofa judía Arendt sin ver ninguna falta de coherencia en ello. Tampoco era precisa, creo yo, la filípica contra cierto grosero personaje militar que tuvo sus más y sus menos contra el ínclito Unamuno en cierta ocasión muy señalada. Lo cierto es que el tipo no merece ni siquiera una mención como esa en una Historia de la Filosofía, aunque sea "torcida", sino en un tratado de psicopatología histórica.

Acostumbrado a los tomos de Hirschberger o Frederick Copleston sobre Historia de la Filosofía, a los tratados excelentes de Martha Nussbaum, Russell, Pierre Hadot o Giorgio Colli e incluso a los concebidos con cierta ligereza y sentido del humor como los clásicos de Luciano de Crescenzo o Indro Montanelli (y toda una serie de manuales casi de autoayuda que inauguró el "Más Platón y menos Prozac" pasando por los deliciosos "Lo que le diría Sócrates a Woody Allen" de Juan Antonio Rivera o "Desayuno con Sócrates" de Rowland Smith) , la magnífica idea de Soravilla y los osados editores de "Principal de los Libros" me ha sorprendido por su audacia y su desinhibido sentido del humor: es como si Los Morancos, Chiquito de la Calzada, Eugenio, Martes y Trece y Tip y Coll  se hubiesen aliado para formar entre todos la voz de la Musa de Luis Soravilla. Por tanto el ingenio, la información veraz y la agudeza expresiva se dan la mano con una cierta obscenidad, la escatología de un trazo grueso de humor popular y la  combativa irreverencia que nunca es atrabiliaria, aunque a veces sea caprichosa o innecesaria.

Soravilla monta chistes, comparaciones ridículas y comentarios jocosos y delirantes sobre la mayoría de las ortodoxias religiosas, filosóficas o políticas. Las relaciones metafóricas entre la estructura de la Iglesia católica y la empresa Ikea o las glosas sobre el tema de la venta de las indulgencias y Lutero o las diferencias entre dominicos y franciscanos, el cisma Papal y otras lindezas en torno a la escolástica, me recuerdan los mejores momentos de ciertas conversaciones entre profesores de filosofía a las que asistí, todos pasados de tragos y fumatas allá por los noventa.

Ya en el primer tomo, que va de "Tales a Llull, y un poco más allá"

En los dos tomos de esta impagable historia torcida de la filosofía (realmente es superfluo pretender "enderezarla") hay verdades como catedrales que todos hemos pensado alguna vez, pero que pocos hemos osado decir en público o mucho menos publicar. Como Soravilla siempre he pensado que "El Príncipe de Maquiavelo sufre la misma (mala) suerte que  "El arte de la guerra" de Tsun Tzú, que es la de ser citado sin haber sido leido, sin venir a cuento y sin haber comprendido un pijo de lo que realmente están diciendo" (pág.97, tomo II). O "Los genios mueren pero la estupidez persiste" cuando habla de la quema de los libros de Hobbes en la plaza pública. O, "El siglo de las Luces engrendró a más de un iluminado, palabra que nació entonces (siglo XVIII) para definir a uno que anda por ahí creyendo poseer una verdad indiscutible, pero incapaz de explicar por qué es verdad. Hoy en pleno siglo XXI, los iluminados están más vivos que nunca" (pag.202, II). O, "Hegel no fue un filósofo, fue un despropósito. Su filosofía no tiene ni pies ni cabeza...fue y sigue siendo un cantamañanas...si embargo su influencia en la Filosofía occidental es enorme" Y añade, "Si Kant parece imcomprensible...Hegel es incomprensible. Del todo. No se entiende una mierda lo que dice". (Nuestro autor, al fin de su libro responsabiliza al pobre Hegel del presunto mal futuro que tiene la Filosofía).

Luego siguen divertidas lindezas sobre Nietzche, Kant, Schopenhauer, Freud  (la nota del padre de psicoanálisis exonerando a los nazis de tratarle mal y terminando con un "Recomiendo la Gestapo a cualquiera" es deliciosa), Russell, el ambiente de Cambridge, Popper, Wittgenstein y un final de fiesta de rechupete que titula "¿Qué será de la filosofía? ¿Qué será de nosotros?" Y tras un surrealista programa de radio sobre qué es filosofía,  Soravilla tercia en el asunto y se pone serio: "Es absolutamente necesaria una mirada crítica, un cuestionamiento constante, una seria reflexión sobre las cosas que hacemos (en la vida, en la sociedad, en la ciencia, en la política...) sin saber muy bien porqué." Y como decía Nietzche:  "Hay que enseñar a los alumnos a pensar". ¿Ustedes se imaginan la que se puede armar  si se enseña a pensar al público, a exigir honestidad, razonabilidad, respeto con el prójimo y a convertir esas máximas morales en comportamiento?

Por tanto, y para acabar, que ya me voy pareciendo a Luis Soravilla, recomiendo encarecidamente estos dos libros (de nada, amigo) a estudiantes preuniversitarios, a profesores de Universidad y a lectores curiosos sobre el futuro de nuestra cultura y sobre la necesidad de las Humanidades para llegar a ser una versión pasable de eso, de ser humano. Con alguna condición: no aceptar una visión mesiánica o trascendentalista de la filosofía, tener sentido del humor y tolerancia con los excesos burlescos. Detrás de las bromas y las burlas del autor hay un genuino amor al pensamiento, su libertad y su necesidad.  Sin duda, es un philo-Sophós, un amante de la sabiduria. 

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HISTORIA TORCIDA DE LA FILOSOFÍA.- Luis Soravilla.- Prólogo de Javier Traité.- Dos tomos.- 19,90 € c/u.- Editorial Principal de los Libros.-403 págs.

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