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29 marzo 2018 4 29 /03 /marzo /2018 07:44

Los aficionados a la literatura victoriana, en su faceta detectivesca (antes no se llamaba "negro" a  ese género) estamos de enhorabuena con la colección que la benemérita Siruela dedica a "clásicos policiacos". Ya hemos comentado varios en estas páginas y en esta ocasión recomendamos al autor de "Asesinato en el laberinto", J.J. Connington, pseudónimo tras el que se escondía un profesor universitario de Química llamado Alfred Walter Stewart  (1880-1947). El talante científico de este entretenido novelista le da un carácter muy especial a sus personajes y sus tramas y la época en que vivió y escribió le hace contemporáneo de, ahí es nada, sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) y su inmortal Holmes, casi un estereotipo, dotado de una sombra complementaria genial, el doctor Watson. En la novela de Connington, el protagonista es un jefe de policía, sir Clinton Driffield y su sombra de contraste es su amigo, "uno de esos afables caballeros del campo" , Wendower, "de Talgarth Grange", al que el policía suele llamar su "Escudero".

Ya la descripción de éste en las primeras páginas nos indica cuál va a ser su papel en las novelas de sir Clinton: "de conocerle de modo informal, fácilmente podría resultar una persona algo remilgada, de intelecto muy limitado e intereses aún más restringidos; sin embargo, tras esa fachada habitaba una mente bastante aguda que sentí un cierto placer ladino exagerando modos y maneras engañosos...era de todo menos tonto" (en el texto la traductora escribe un forzado "aunque le gustaba hacérselo"). Lo cierto es que hay algunos paralelismos literarios con las figuras de Doyle, aunque Watson está más perfilado y resulta más atractivo al lector que el "caballero rural" Wendower,  algunas de cuyas frases hacia sir Clinton rozan la impertinencia más antipática. Por cierto, Holmes y Watson son citados en varias ocasiones por el policía y su amigo como si fuera personas vivas y conocidas personalmente (aunque jubiladas, "se hizo entomólogo" dicen de Holmes) .

La trama se desarrolla en una finca rural en Whistlefield, dotada de un famoso laberinto vegetal cuyo recorrido está delimitado por altos setos que van configurando senderos sin salida o que regresan al punto de partida y cuyos vericuetos acaban conduciendo a dos centros distintos, con sus glorietas y bancos de descanso. Es en estos centros donde aparecen, asesinados con flechas impregnadas de curare, el dueño de la mansión, un personaje oscuro y muy rico debido a ocultas operaciones financieras y su hermano gemelo, un célebre abogado que está a punto de enviar a prisión  a otro oscuro millonario de actividades delictivas encubiertas  (asunto que será  el "MacGuffin" de la novela).

En el típico ambiente lujoso de la alta burguesía british rural, con chispeantes y entretenidos diálogos y una gama de personajes pintorescos --familia y amigos de los dos asesinados- la historia adquiere un ritmo endiablado tras la entrada en acción inmediata de los dos protagonistas, el jefe de policía y su amigo terrateniente, el "Escudero", más un oportunamente cercano doctor especializado en venenos. De inmediato se establece el juego de pistas, sospechosos y conjeturas, refrescadas por el humor: "Quedas al mando del Departamento de especulaciones, suposiciones y conjeturas de esta empresa, Escudero. Yo no soy mas que un humilde empleado de la sección Silencio y mutismo, dirección telegráfica: bocacerrada", le dice Clinton a su amigo. Las claves del asunto van siendo diseminadas aquí y allá por el meticuloso autor que, como suele suceder, nos las refrescará al final en el discurso aclaratorio típico.

Reconozco haber disfrutado bastante con la lectura, con alguna que otra agradable sorpresa al comprobar la inteligencia del escritor reflejada en algunas intervenciones de sir Clinton, como la de la página 156, "...a veces la mente humana está hecha para asumir conexiones que no existen en la naturaleza...tenemos un deseo instintivo de encontrar asociaciones entre grupos de fenómenos y a veces nos engañamos a nosotros mismos pensando que hay una relación cuando en realidad sólo se trata de un caso de simultaneidad". El lector aficionado al género disfrutará aún más con el diálogo y la disertación entre el policía y su escudero sobre los puntos básicos de toda investigación detectivesca policial (el capitulo 8, "Oportunidad, método y móvil"). En fin, no les digo nada más. Especialmente en este tipo de novelas, la discreción es una norma exigible para un crítico.

 

FICHA

ASESINATO EN EL LABERINTO.- J.J.Connington.-TRad. Esther Cruz.- Ed. Siruela.-264 págs.-ISBN 9788417308018

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