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22 mayo 2018 2 22 /05 /mayo /2018 07:47

Lo primero que llama la atención del estilo de Anita Brookner (aparte del diminutivo nominal) es la elegancia y la inteligencia que desde las primeras líneas (de hecho la primera línea de la novela es magistral: "A sus cuarenta años, la doctora Weiss comprendió que la literatura le había destrozado la vida”) sacuden al lector con esa sensación de "reconocimiento"  que uno desarrolla a través de los años: "aquí hay una gran narradora".

La Brookner era una londinense de pies a cabeza y se pasó toda su vida entre su adorada Francia -era una experta en arte y literatura francesas- y su ciudad natal. Fue la primera mujer en ocupar la cátedra de Bellas Artes en Cambridge y tal como  dice el estupendo Julian Barnes en su prologo la crítica fue miope al enjuiciar su libro, supuso erróneamente que era una novela autobiográfica. --Más tarde cuando le concedieron el Premio Booker ( por "Hotel du Lac") sobre escritores como el mismo Barnes y Malcolm Bradbury, algunos creyeron que era un error injusto: catalogaron a Anita como una "escritora para domas solitarias y frustradas"-- .  Cierto es que hay varios puntos de semejanza entre las vivencias y acontecimientos vitales de ambas, la protagonista y la autora, pero ahí acaban los parecidos. La doctora Weis -especializada en Balzac- y la doctora Brookner -especializada en el arte francés de los siglos XVIII y XIX,  con ensayos magistrales sobre Watteau, David, Ingres y Delacroix- eran muy distintas, aunque ambas muy, pero que muy, "especiales" psicológica y socialmente hablando.

"Un debut en la vida"  (título, por cierto, de una novela de Balzac) fue para la Brookner su debut en la literatura (ya tenía 53 años cuando la publicó). Sorprende que una primera novela tenga tanta solidez, una ironía solapada tan bien medida y unas observaciones tan atinadas sobre los comportamientos de hombres y mujeres (sobre todo de estas últimas). Me encanta esa mujer seria y meticulosa, suavemente romántica, emocionalmente ingenua, que trata de aportar un elemento a su vida que la valore un poco, mínimamente, para sentirse al menos serena y equilibrada, que ha aceptado la mediocridad sentimental pero que sabe amar y respetar a unas figuras tan patéticas como su madre, antigua actriz, su padre, un librero sin vocación y obsesionado con su aspecto y sus amantes o la señora de las faenas de su hogar familiar que, como en "The Servant" de Losey, se hace con el poder.

La habilidad descriptiva psicológica de esta novelista, que se centra en pequeños detalles cotidianos, interpretados con una sutileza admirable, pone al desnudo las mezquinas manipulaciones que se desarrollan por doquier en la vida familiar y social. Ruth, víctima lúcida, las acepta por bondad y un ligero desdén, dedicada a equilibrarse con su trabajo analítico sobre loa personajes femeninos de Balzac. Curiosamente este escritor "enseña la suprema eficacia de la mala conducta", dice Ruth. Pero ella no parece creer en ello y al menos no está dispuesta a seguir esa conducta. Pero sabe que no hay posibilidad de salir triunfante de un mundo tan banal y oportunista, pero sí de salir limpio y de alguna manera serena y cautelosa. Es una actitud que aplaudirían los estoicos y los escépticos, pero que en esta mujer delicada no toma la forma de un triunfo revanchista contra la mediocridad ética que la rodea, sino de un "dejar pasar" que busca más la "tranquilitas ánima" que la confrontación. Logra preservarse a sí misma y adquirir una paciente sabiduría que si no da la felicidad, ofrece equilibrio y una consistencia inmutable: la vida buena (interior). Y eso a pesar de que, siempre paciente y aceptando que la forzaran a ser generosa, Ruth pone buena cara a una vida compuesta por los desechos en que se han convertido los demás.

Gocen de esta novela.  Y los amantes de los libros encontrarán, por ejemplo, esta perla en una de sus páginas: ("las horas que pasaba allí eran para ella lo más parecido a un sentimiento de pertenencia...dorada, reluciente y silenciosa, poblada de nobles sonámbulos, con su ambiente apaciguado por una paz amigable y eterna, mesas enteras preparadas para el trabajo y un aparente cese de la maldad... aunque fuera temporal; estas cosas le atraían tanto como cualquier otro incentivo más mundano. Y como había aprendido a estar callada desde pequeña y estaba sedienta de compañía, esas horas eran las más gratificantes de su vida". Está hablando de una biblioteca.

FICHA

UN DEBUT EN LA VIDA.- Anita Brookner.- Trad. Catalina Martínez Muñoz.- Prólogo de Julián Barnes.  Ed. Acantilado. 211 págs. ISBN 9788417007348

 




 

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