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23 abril 2018 1 23 /04 /abril /2018 08:04

Raras veces se da en la literatura inglesa un caso de concordancia y simultaneidad argumental como el que motiva y descubre el presente artículo. Al menos en el pequeño y limitado mundo de este lector en concreto que, por casualidades no buscadas en un lapso de tiempo de dos o tres semanas, viene en comentar tres libros unidos por un hilo argumental bastante original: la presencia indistinta de aves de presa, un halcón y un azor, en cautividad, que provoca en sus amos y el entorno humano una serie de dinámicas conflictivas o gratificantes que desmoronan sus respectivas existencias anteriores a su aparición. Convertir la relación entre humanos y mascotas animales en materia novelable no es algo muy original y abundan los casos. Pero que esos animales sean halcones o azores cambia radicalmente el escenario por las características especiales de esas aves que jamás pierden el ansia salvaje y depredadora de libertad.

Se trata de "El halcón peregrino" (publicada en inglés en 1940, editada por Lumen en 2004 y adquirida en una librería de viejo; en 2007 saldría una edición en Debolsillo) de Glenway  Wescott, un escritor inglés nacido en 1901 y fallecido 86 años más tarde. Es una novela corta -sólo publicó tres novelas en toda su vida- , de algo más de cien páginas, densa, concisa, precisa, con un vocabulario de una exactitud y trasparencia perfectas. Más o menos coincide el tiempo argumental -una tarde de verano- con el que un buen lector tarda en leer la novela. Y en ese pequeño lapso de tiempo circula por un ambiente complejo, dotado de múltiples capas de entendimiento y descripciones, limitado en el tiempo y en el espacio, una aristocrática casa de campo francesa, a principios del siglo XX, alquilada por una joven millonaria norteamericana en la que le acompaña ocasionalmente un joven inglés, el narrador de la novela (Alwyn Tower, una figura compleja e inquietante), con el que le une una cierta amistad sin llegar a ser íntima. La pareja recibe la visita de otra pareja, más madura, de adinerados viajeros irlandeses acompañados por un joven y atractivo chófer. Una pareja de jóvenes criados y también cocineros, de origen marroquí, completan el listado de personajes.

Aunque, bueno, falta uno más y tal vez de los más importantes por las reacciones que suscita en los demás: un halcón peregrino, la última mascota y capricho de la madura millonaria irlandesa, que está en fase de adiestramiento y de la que no se separa ni un momento, posado en la muñeca como si se tratara de un talismán sagrado. De las tres novelas --dos de ellas las comentamos hace unos días-- en las que el halcón o un azor--tienen un protagonismo activo y profundo, "H de halcón" de Ellen MacDonald y "El azor" de T.H. White, la que hoy les presento es la más intensa y analítica,  tal vez por la condensación de tiempo, espacio y extensión. Como dice el estupendo prólogo de M Cunningham, "Wescott comparte con Chejov la idea persistente de que lo grande está ampliamente contenido en lo pequeño". Sería interesante que la editorial de estas dos últimas, la excelente Ático de los Libros,  adquiriera los derechos de ésta y ofreciera un pack con las tres. Forman una trilogía del halcón de una calidad literaria formidable.

Creo que "brillante" no sería el adjetivo que yo escogería para reflejar de alguna torpe manera lo que es esta novela densa, corta e inabarcable: es  literariamente codiciosa, sutil y arrogante. ¿Demasiados adjetivos para una novela tan corta? Bien, léanla. Y comprobarán en sí mismos la mirada del narrador y el efecto que causa "sin la menor pizca de brillo o calidez". Todos los personajes se comportan de una manera distinta a lo esperado en la alta sociedad de los años veinte, pero aunque nos irrita la sensación, comprendemos que así "también" es el ser humano. No pasa nada grave objetivamente. Todo es contenido interior de los personajes emergiendo en forma brusca y agresiva o irónica y cruel. !Qué gran obra de teatro sería si no fuera por las obvias dificultades de someter a un halcón a la disciplina del escenario!

Las líneas de sombra de la trama, aquellos elementos que sin ser evidentes dan un  sentido a los hechos forman parte de lo mejor de la novela. Por ejemplo la identificación entre el narrador, novelista frustrado que ha tirado la toalla a cambio de una vida amable y segura, aunque mediocre, con el halcón que renuncia a su ansiada libertad por la seguridad de comida que le da el brazo de su ama. Sin duda cuando salió la novela a la palestra literaria norteamericana (llena de maestros literarios que acaparaban los Nobel) la crítica la consideró una rareza casi obsoleta aunque muy bien escrita. Más en la línea de  narradores del siglo XIX, un estilo adecuado a Henry James o de los  más modernos Ford Madox Ford, E.M. Forster o Robertson Davies, que en su narrativa se preocupan más por los entresijos psicológicos de sus personajes que por sus acciones, Wescot es uno de los injustamente olvidados maestros del género.

FICHA

EL HALCÓN PEREGRINO.- Glenway Wescott.- Trad. Toni Hill.-Ed.Lumen.- 136 págs. ISBN 9788426414250

H DE HALCÓN.- Helen Macdonald.-Traductor: Joan Eloi Roca.- Ed. Ático de los Libros.-Páginas: 352.-ISBN: 978-84-16222-61-2

EL AZOR.- T.H.White.-Trad. Javier Revello.-208 p.Ed. Ático de los libros.-ISBN 9788416222155

 

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