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24 noviembre 2018 6 24 /11 /noviembre /2018 09:48

El libro del poeta y narrador ibicenco Vicente Valero (1963) ha sido una muy agradable sorpresa. Sujeto al hilo conductor de su afición al ajedrez y su tendencia lúdica a viajar, el autor sale de su retiro personal subyugado por las sombras literarias y filosóficas de cuatro escritores esenciales en el pasado siglo y finales del XIX, Nietzsche, Rilke, Kafka y Brecht. , cuyas estelas biográficas van formando entre sí un tapiz de cruces, desencuentros, casualidades y sincronicidades, entre los que Valero introduce su propia avidez de conocimiento y re-conocimientos. Cuatro viajes a lugares distintos de la geografía europea donde las sombras fantasmales de esos hombres han coincidido en algún momento, lugar , paisaje o circunstancia histórica que se imbrica en la propia, actual, del autor que vive ese "encuentro" como una búsqueda azarosa: Walter Benjamin en la localidad danesa de Svendborg (donde Benjamin y Brecht fueron fotografiados jugando una partida de ajedrez), cercana a Elsinor, el castillo de Hamlet, el príncipe condenado a la necesidad de pensar, quizá como trasunto del propio Valero. Kafka en Munich donde hace una lectura ¿premonitoria? de "En la colonia penitenciaria" quizá despertando la cercana presencia futura de Hitler y el nazismo. El Turin de Nietzsche donde la devastadora locura le alcanzaría y donde Valero gracias al ajedrez conoce a una pareja que le llevará a otras pistas y otras vivencias relacionadas con el entramado evocador y literario de su libro. O Rilke en Berg, cerca de Zurich, donde una serrería impidió que  el poeta acabara sus "Elegías de Duino".

Hay una entrecruce de rastros, aparecen y desaparecen otros autores de la época, Zweig, Kraus, en una época en la que el mundo está cambiando y preparándose para un Holocausto no sólo judío, sino humano, social y económico de extensión y profundidad inimaginables. Todo podría quedar en un exceso intelectual y cultural, pero Valero tiene la habilidad de poner una pieza esencial -él mismo- que relativiza la rigidez erudita que amenaza estos trabajos para convertirse en un libro de viajes de una persona común y muy informada, que ironiza sobre sus propios viajes y nos lleva a pie de calle por los lugares,  con una sencillez que desarma el fetichismo que esos grandes hombres suelen suscitar.  

Las reflexiones de Valero sobre ciertos aspectos de algunos de sus admirados autores logran una altura considerable, como la referida a  Benjamín sobre las altas expectativas sobre su obra en curso que este escritor solía  crear entre amigos y conocidos para implicarles  y comprometerles  en la importancia del trabajo y la necesidad de ayudarle a terminarlo "por razones superiores", o aquella más amplia referida a la tendencia de los creadores a buscar un refugio para realizar su trabajo supremo, a "encastillarse", y los obstáculos que el artista ha debido afrontar: "Y esa lista de obstáculos que todo artista ha anotado en su cuaderno de pérdidas...nos revela que la vida ha dado sus frutos...ha hecho lo que tenía que hacer, en perjuicio de la soledad creativa y la contemplación absoluta...esa amada monomanía de los artistas que no es la vida misma en sus formas naturales sino una violencia misteriosa y un poco patética que ejercemos, sin llegar a saber la razón,  contra el flujo potente y finito de la vida".

La habilidad del autor en dar una imagen discreta y rodearse de detalles cotidianos informales que incumben al ejercicio del viajar, equilibra la balanza con la seriedad de sus indagaciones y las descripciones de los lugares y las personas. Hay una simpática madurez estilística y narrativa en Valero que hacen interesante y divertida le lectura. La espontaneidad de los viajes, ese dejarse llevar por las circunstancias o el capricho, ese amoldarse estoico pero también epicúreo a lo que acontece, aumenta la delicia del lector, que termina asociando el juego del ajedrez y sus reglas y sus movimientos a la búsqueda de sombras legendarias en los lugares reales donde estuvieron en otro tiempo, cosa que Valero nos recuerda en ocasiones repetidas con la frase: "Como afirman los grandes maestros del ajedrez, hasta dónde te puede llevar la partida siempre es un misterio".

Valero es un "viajero real que desayuna, se baña, pasea, conduce o entabla conversaciones", pero su afán confesado es hacer un recorrido con las cartas marcadas por la literatura de una convulsa y crucial época, sacudida por el arte expresionista, el dadaísmo y las vanguardias, una visión secular del mundo en la que  Dios había muerto y había dejado un hueco para que se instalaran los totalitarismos, la guerra, la crueldad absoluta y la banalidad del mal. 

FICHA

DUELO DE ALFILES.- Vicente Valero. Periférica.163 págs. ISBN 9788416291717

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