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21 noviembre 2018 3 21 /11 /noviembre /2018 10:35

La escritora norteamericana Edith Wharton, 1862/1937, autora de la soberbia novela "La edad de la inocencia" (llevada al cine por Scorsese en 1993), además de una mujer desdichada (las poetisas y narradoras, lamentable y curiosamente, suelen tener biografías más tristes y dramáticas que sus colegas masculinos) fue una ensayista inteligente y sutil. El fenómeno de la lectura y las clases de lectores es cuestión que no escapa a su perspicacia. Les dedica un artículo largo en la North American Review,  en el número de octubre de 1903, con el título de "The Vice of Reading". El paso del tiempo ha matizado sus opiniones, como no podía ser de otra forma (en solo este siglo ha cambiado el mundo de la lectura, la edición y los lectores, más que en el tiempo pasado desde la aparición de la imprenta) pero no las han condenado al baúl de los recuerdos. Sigue habiendo lectores aquejados del "vicio" de la lectura y entre ellos hay clases, paradojas, exageraciones y hasta patologías. Como dice la Wharton ya en el comienzo: "Ningún vicio es más difícil de erradicar que el que se considera popularmente una virtud". Y más adelante entra en harina asegurando: "Hay algo peculiarmente agresivo en la actitud virtuosa del lector que lee por sentido del deber". Y añade: "la lectura volitiva -la que busca una utilidad, un reconocimiento, una hazaña intelectual, el incienso de los que admiran la cantidad de libros supuestamente leidos  sobre la cualidad intima de la lectura-  no es lectura, al igual que le erudición no es cultura". Y añade: la lectura verdadera es una acción refleja...el lector nato lee de forma tan natural como respira...cuanta más meritoria se considera la lectura más estéril se vuelve".

Deberíamos pensar en un poco en estas desafiantes y  discutibles afirmaciones, trasladando la reflexión, por supuesto, a nuestro tiempo. No es una reflexión inútil u obsoleta. ¿Qué tipo de lecturas suele usted efectuar? ¿Tiene alguna razón de ser en el siglo XXI el sujeto que se escuda tras una nutrida biblioteca sin conocer realmente la mayor parte de los títulos que atesora? ¿Es que ser un lector "vicioso" tiene algún tipo de reconocimiento social todavía? El hábito de confundir el juicio moral con el intelectual, o la amoralidad con la inmoralidad en las lecturas  ¿no debería evitarse con distinguir entre la tendencia general de un libro -su valor técnico e imaginativo global- y sus elementos meramente episódicos? Hace cien años se condenaba el "Ulises" de Joyce o la "Lolita" de Nabokov por razones morales. Estas cosas ya no ocurren. Pero ahora la mayoría de los lectores-espectadores ha perdido la sutilidad ética y se pierden por el "otro" extremo. Ignoran donde están los límites. Han perdido los puntos de referencia, la escala de valores. Por eso es difícil encontrar una obra -de ficción-- que tenga el sabor a "clásico" que tenían algunas pocas en otras épocas. Entre otras razones porque el lector "mecánico" convive con críticos "mecánicos" y los juicios y análisis que recibe tienen tan poca sustancia como sus propias opiniones. La "doxa" (opinión) reina sobre la "episteme" (conocimiento) y ambas ignoran a la "sophia" (sabiduría).

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