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8 enero 2019 2 08 /01 /enero /2019 12:28

Está ahí "dentro", detrás de todas las ideas, convicciones, conocimientos, recuerdos, continuamente recreándose, un juego de espejos donde el ego manipula sin cesar, en el que vivimos perpetuamente perdidos y engañados, protegidos por un muro de confortables "certezas". Detrás de todo eso, la hojarasca de la existencia, hay una instancia pura, intocable, fiel a su mismidad, que no interviene ante tu ceguera, tus errores, entusiasmos o deseos, que no juzga, no toma partido, pero al tiempo constituye el mayor apoyo, la máxima seguridad posibles: aunque para ello tienes que "sintonizar" con ella, tienes que dar con la "frecuencia" que emite.

Es el "noray" de tu existencia, el faro de tu inteligencia, es una "parte" de ti, tu yo metafísico, la parte eterna de una eternidad que vibra con ella, pero no te busca ni por supuesto te protege de nada, está ahí sólo si la descubres, en el silencio, la quietud de la mente y el desasimiento de la voluntad; te da la fortaleza y la sabiduría de la que procede y de la que forma parte. Es el nivel noble y eterno que ha quedado como prendido de tus neuronas y en cada fibra de tu cuerpo (renuente a cualquier medio técnico de localización) desde el momento de tu concepción y nacimiento, oculto más allá de tu mente. Podemos dar un nombre antropomórfico a esa entidad, el "testigo" o espiritual, el "alma" y no disponemos de medios tecnológicos para dar constancia empírica de él o demostrar su analogía profunda con algo que subyace a la conciencia y que de alguna forma ignota está "conectado", "vibra", gracias a una suerte de energía universal que engloba todo lo que existe. Bergson lo llamaba "elàn vital" -una fuerza o impulso hipotético- y algunos filósofos desde Epicuro a Wittgenstein, determinados científicos cuánticos, los místicos espirituales en oriente y occidente (al margen de cualquier religión) y muchos poetas creen en esa energía primordial, una creencia posible a través, entre otras posibilidades, de ese "conocimiento" interno que se conoce como "intuición". Investigar sobre la conciencia humana y esa maravilla universal que es el cerebro, ha llevado a muchos a un "encuentro" con ese inexplicable "algo" que se resiste a las definiciones y limitaciones del lenguaje, a la racionalidad del pensamiento y al empirismo científico. Y es que, como dice el dubitativo Hamlet a su amigo:  "Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las soñadas en tu filosofía".

Y por otra parte, si usas la mente para "descubrir" esa forma de energía ¿qué vas a encontrar sino otro producto de la mente?. Es una reflexión que hago a menudo. Aunque silencies la mente y sea tu organismo el que a través de la respiración, la quietud, la concentración, entrara en un estado alterado de conciencia e hiciera posible tal conexión, ¿no sería a través de los sentidos y la conciencia profunda como la interpretarías o "tomaras conciencia" de ella? Parece un camino sin salida...racional. En todo caso, recordemos al poeta Thomas Carlyle: "Es una pena que hayamos perdido la capacidad de oir a nuestra alma...en realidad, deberíamos ir de nuevo en su búsqueda o peores cosas nos ocurrirán".-alberto díaz rueda

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