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1 febrero 2019 5 01 /02 /febrero /2019 09:35

El cuerpo ha sido el gran ausente de la filosofía occidental, sobre todo después de Platón. El cristianismo lo anatematizó destruyendo los desnudos artísticos, inventando la autotortura y colgando la rueda de molino del escándalo en el cuello del pobre y virtuoso Epicuro. El cuerpo ha sido el gran sospechoso, la urna de los "pecados"  más sombríos. Desde los estoicos, Plotino, Agustín, Leibniz, Spinoza... hasta Kant, Wittgenstein, Cioran, el cuerpo era un obstáculo para la "salvación" del alma por supuesto y para los filósofos más serios,  un modo de acceso bastante dudoso para el conocimiento de la realidad, como nos mostró Descartes.

Pero somos cuerpo, fundamental, inevitable, esencialmente. Aunque no sólo cuerpo, por supuesto. Pero ese "algo" más tiene el sello de la sospecha que provoca la metafísica. Por eso me gusta la intuición ancestral, legendaria, de la filosofía taoísta. La disponibilidad del ser como ser, pasa por su cuerpo o más bien por su "ser constitutivo" que es una unidad absoluta en la que para entendernos, están integrados cuerpo físico y ese "algo" inmaterial o más bien indefinible que lo sustenta. En la filosofía moderna parece que solo Nietzsche criticó esa ignorancia del cuerpo y precisó, como los maestros taoístas, que la respiración es la esencia del vivir ahora. Respirar es renovación permanente, sin un antes ni un después, respiras luego eres, entra en una alternancia continua que define la existencia, la expresión vital del ser y  la realidad de la que forma parte, marcando mejor que la mente -tan difusa por lo general en esa cuestión primordial- un "afuera" y un "adentro" que propicia la "apertura" del cuerpo, por sus orificios, al entorno con el que se inter-relaciona. Pura lógica físo-orgánica. Pienso, luego existo. No. Empecemos por respiro, luego existo. Y para filosofar, dice el taoísta, respira por todo el cuerpo, desaparecerá la crispación del ahogo, de la falta de aire que es la falta de visión, y el pensamiento florecerá desde ese hálito necesario para poder pensar, precisamente. Todas las filosofías occidentales han empezado por analizar la percepción y no se han percatado que hay un "antes" que cambiaría la trayectoria del pensamiento y quizá su eficacia: empezar por una "filosofía de la respiración". Parece banal. ¿pero lo es? El taoísmo y el budismo, contemporáneos mas o menos de los presocráticos, se ajustaron a ese "pliegue" de la razón natural y orgánica y en él cimentaron una filosofía brillante (a la que estamos obligados a volver una y otra vez conforme avanzamos en nuestro camino de la razón y el logos y el universo cuántico). Ellos empezaron por lo más básico del hombre para buscar la excelencia y el bienestar sel ser. Nosotros nos desviamos por caminos que han pasado por dos guerras mundiales, infinidad de conflictos y una tecnología que nos va anulando mientras nos posee. Muchos desconfían de esa deriva consumista y tecnológica. Ya no se puede mirar hacia oriente. Han sido conquistados y adoran a los mismos dioses de los bits. Es hora de pensar, informarse y mirar hacia dentro. Estamos en el mejor de los mundos para hacer eso posible.  El budista diría "usa la fuerza del enemigo para volverla contra él". Respira profundo y piensa.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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