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1 marzo 2019 5 01 /03 /marzo /2019 09:35

 

 

Fue la "Viena fin-de siglo", la "Viena 1900", una ciudad cosmopolita y burguesa donde   florecieron los genios como las margaritas en el campo, una capital que simbolizaba como ninguna otra en Europa el término de una época, la decadencia abrupta de una cultura y de un estilo de vida y anunciaba tras dolores de parto como jamás se habían dado en la historia humana , el caos inconcebible que sumió al mundo tras las dos guerras mundiales, pero también una nueva forma de concebir la vida, el arte, la filosofía, la literatura, la ciencia: en suma la existencia compleja del ser humano en occidente y todo ese entramado de conocimientos y belleza, de tragedia, comedia y sufrimiento, al que llamamos cultura, palabra que perdería su sentido  habitual tras la barbarie nazi.  En esta Viena y en aquélla época se forjaron las oscilantes estructuras de nuestro hoy, tan inseguro y cambiante como la tecnología que la ciencia ha brindado a unos hombres y mujeres que se desnaturalizan a la velocidad que marcan los prepotentes bits que sólo sabemos usar pero cuyo alcance y poder no alcanzamos a comprender. Pero eso es otra historia. En la Viena finisecular se plantaron las cañas que hoy ya se han convertido en lanzas.

En esa ciudad bullente donde se extinguía un imperio (al austro húngaro), genios como Nietszche, Wittgenstein, Freud o Kraus daban los aldabonazos a las puertas de un futuro desolador y al mismo tiempo  redoblaban las campanas que anunciaban los cambios, muchos de ellos asombrosos, que traían en sus alforjas los despiadados caballos de la guerra. Para el Imperio que se desmoronaba, la cuestión lingüistica y la de la identidad nacional serían, vinculadas estrechamente, no sólo el acicate de la caída sino el impulso creativo que renovaría la literatura, la filosofía  y el arte.

He escogido tres libros emblemáticos para analizar ese poderoso nido cultural, científico y político-bélico que se estaba fraguando: un clásico, "La Viena de Wittgenstein", que se publicó en inglés en 1973 y diez años después se tradujo al castellano. Sus autores, Allan Janik y Stephen Toulmin, norteamericano e inglés respectivamente, ambos conocedores a fondo de esa Viena (el segundo fue alumno de Wittgenstein en Cambridge) y de sus protagonistas. Y los otros dos, están dedicados a la figura de Karl Kraus, para mí el símbolo humano de las dinámicas y combativas contradicciones y fuerzas antagónicas que se dieron cita en la Viena de fin de siglo y de la I Gran Guerra hasta desfondarse en la II GM."Contra los periodistas y otros contras" un libro de aforismos del agresivo Kraus y "El laberinto de la palabra" de Sandra Santana, que es un trabajo excelente en el que se unen muchos de los elementos que los dos libros anteriores nos han resaltado. La lectura secuencial de estos tres libros dará al lector una idea compleja pero bastante completa de la importancia y la naturaleza de aquella Viena histórica de la que hoy apenas queda el recuerdo de su testimonio histórico.

Sesenta y dos años tenía uno de los más significados (y difíciles) filósofos nacidos a caballo entre los siglos XIX y XX, el austríaco Ludwig Wittgenstein, cuando murió en Cambridge debido a una gripe mal tratada. Su originalidad corre pareja con su influencia en la marcha de la filosofía, la ciencia y la lingüística hasta hoy en día donde sus proposiciones y hallazgos (y dudas y problemas planteados, pero no resueltos) aún forman parte del bagaje cultural dinámico de nuestra época. Su obra capital, el "Tractatus lógico-Philosophicus"  es una de las claves básicas para entender la situación actual de la relación entre la filosofía y la ciencia, dentro del pensamiento racionalista-lógico que forma parte del paradigma del pensamiento vigente.

La formación de W. es científica (ingeniería y arquitectura) y volcada en la epistemología y la linguística (bajo la dirección de Bertrand Russell en Cambridge). Pero justamente lo que interesa al lector de este libro es el "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una determinada época y en un lugar determinado) vienés que formó y fundamentó no solo la obra de W. sino su propia existencia (con los saltos habidos entre el "Tractatus" y sus dos obras posteriores "Investigaciones filosóficas" y "Notas sobre el fundamento de la matemática" (publicadas póstumamente en 1953 y 1956). El primero marca el "sello" de W. con la fuerza de una frase de Sócrates o un argumento de Descartes o Kant:  “El libro – escribe en el prefacio – trata de problemas filosóficos y muestra, según creo, que la formulación de los mismos se funda en la mala comprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Todo el sentido del libro podría resumirse en las siguientes palabras: todo cuanto puede decirse se puede decir con claridad; y sobre aquello de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”. 

El largo camino del libro es esclarecedor y tiene un doble misión: por un lado nos muestran autores y movimientos, ideas y actitudes filosóficas o psicológicas que de alguna forma nos ayudan a comprender lo que Wittgenstein nos trataba de mostrar ya que le inspiraban y al mismo tiempo ello nos permite que sepamos cómo la música, la pintura y el pensamiento de la Viena de aquellos tiempos se enriquecía con las aportaciones de W. O como nos dicen los autores en el libro: “Los productos culturales del ambiente kakanio tenían en común ciertos aspectos característicos que hablan y pueden arrojar luz sobre el contexto social, político y ético de su producción” . El propio W. afirma en "Cultura y valor" "no haber tenido una idea original y haber desarrollado su filosofía a través de hombres (del Circulo vienés y aledaños) como Loos, Kraus, Weininger, Boltzman, Hertz, Schopenhauer, Spengler, Gottlob Frege, Rusell, Piero Srakka", aunque W. deja fuera del tintero a Nietzche (que como bien escribe Isidoro Reguera, "el ánimo nietzscheano que más cerca o al menos tanto como el de esos diez grandes pensadores de los que hablan los autores de este libro.

En lo estructural, el libro, dividido en nueve partes (junto a un prólogo de Carla Carmona, la excelente introducción del especialista en W. Isidoro Reguera, una nota de Allan Janik, la bibliografía y el índice onomástico) hacen de este libro una joya para entender no sólo las interacciones entre el W. filósofo y su obra con el temperamento y las actitudes y comportamientos del W. persona, sino la influencia de la sociedad y la política de ese momento histórico: La descomposición del imperio austro-húngaro, radicalizado brutalmente por la Primera Guerra Mundial. Y el papel que las ideas científicas, filosóficas y artísticas, de las actitudes éticas tendrían en el fin de una manera de entender la vida y la sociedad para dejar campo libre al caos tenebroso del siglo  XX.

En el prodigioso caldo de cultivo de las ideas que fluían por aquella sociedad se sumerge ese individuo  inteligente y refinado para producir su obra: en el fin de siglo vienés nacieron gran parte de los movimientos culturales e intelectuales que han conformado la historia de Europa del siglo XX.  Desde Karl Kraus: " el laboratorio de investigación para la destrucción del mundo", al sionismo/nazismo, Freud y su Psicoanálisis, Schönberg y la música atonal... todo bullendo en un estado de orden policial, la Viena de los Habsburgo, donde todos los ciudadanos eran iguales, pero no todos eran ciudadanos, bajo una censura rígida y operativa que imponía el principio: o eres del los mío o eres un enemigo a exterminar. Una sociedad `patriarcal, burguesa, estrictamente organizada en el sistema de clases, con un general  rechazo a toda conducta  o idea que se saliera lo más mínimo de las severas reglas de educación y conducta severamente reprimida. Y, naturalmente, esto se aplicaba a las relaciones sociales, pero sobre todo, de una forma hipócrita y mezquina, al sexo. Como escribió Stefan Zweig, "Viena era una sociedad enteramente preocupada por el sexo, pero nunca se hablaba o discutía sobre esa actividad tabú y pecaminosa, lo que generaba todo tipo de aberraciones cuidadosamente ocultas".
En ese ambiente surgen y triunfan ideas, tendencias y escuelas filosóficas y artísticas lanzadas al rechazo de lo escondido y vergonzante: el neo empirismo de Ernst Mach, el análisis de la representación por Kant y Schopenhauer, las alternativas éticas de Kierkergaard, la filosofía rompedora de Nietzche y las novelas revolucionarias de Tolstoi o Musil. Los filósofos llegan a la conclusión de que todos los problemas filosóficos son problemas relativos al lenguaje, auténtico supuesto creador de la realidad a través de las palabras...el terreno estaba propicio para W. Karl Kraus publica "Sexo y carácter" que constituye un símbolo de las tensiones intelectuales y morales del fin de siglo en que creció Wittgenstein.

En suma, un libro apasionante que fascinará por igual a lectores de historia como a los de filosofía. Y será una fuente de información (y gratificación) para el lector que pretende ampliar su visión de la cultura de este siglo.

Pasemos a ese Karl Kraus, ensayista, filósofo, lingüista y periodista con cuyas iniciales K.K.  juegan los adeptos a llamarse "kakanios" en homenaje a otro grande del momento Robert Musil, cuyo inconcluso "Hombre sin atributos" transcurre en un lugar llamado "Kakania". Karl Kraus es un polemista, un provocador nato que odia las imposturas del lenguaje y muchas otras cosas censurables de una ciudad que es testigo angustiado del fin de un imperio y el comienzo de un período estremecedor de inseguridad, muerte y horror. Busca la autenticidad, la sencillez, una cierta verdad. Y así Kraus ataca a los intelectuales de su ciudad con ironía: "Como no tenemos tiempo, no les queda a los autores otro remedio que decirnos con todo género de detalles lo que se hubiese podido expresar brevemente". Y para que no quede lugar a dudas de las maneras de K.K., sus intenciones, sarcasmo y mala uva, a veces irónico, a veces brillante o lúdico, quizá grosero e insultante cuando quiere, en otro lugar, asevera: "Quien sea capaz de escribir aforismos no debiera desparramarse en artículos".

Leer este libro del insigne Karl Kraus (1874-1936) es un ejercicio de paciencia, asombro, admiración, irritación y rechazo. Es una especie de Ramón Gómez de la Serna, pero menos divertido e ingenioso, más duro y más inteligente...y al contrario del gran Ramón con sus "greguerías", dispuesto a indignar , a veces hasta la respuesta violenta, a propios y extraños. Algo parecido a un Cioran, lúcido y depresivo.

Prescindamos del capítulo 3, dedicado a la mujer y a la moral: es de una misoginia vulgar y de fastidioso mal gusto, de puro machismo tabernario y violento, poco justificado por la excusa de la época que vivió, donde esas actitudes eran moneda corriente, dada la evidente inteligencia y cultura de K.K. De la que sin duda deja ejemplos suficientes en esta colección de aforismos, que goza del privilegio de ser prologados por un irónico Miguel Angel Aguilar (¿qué tal viejo amigo y compañero?) y editado y traducido  por el ya desaparecido, erudito y áspero, Jesús Aguirre.

Kraus, judío checo converso de lengua alemana,  fue una deslumbrante aunque incómoda personalidad  intelectual en la Viena de entreguerras(en el índice onomástico del soberbio libro "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, es el nombre más citado) y su revista "Die Fackel" (La antorcha) editada y escrita casi en su totalidad por él mismo durante 37 años,  era leída con devoción, asombro, irritación y denuncias por todo los que la amaban (Schömberg, Musil, Zweig, Canetti, Adorno y el mismo Wittgenstein) y muchísimos que la detestaban (aunque no dejaban de leerla) y los que solían ser blanco de los ataques inclementes, ingeniosos e inteligentes del autor.

A poco más de un mes de la guerra civil española, moría Karl Kraus, evitándose la considerable incomodidad de intentar huir de los nazis a los que les hubiera importado muy poco acabar con una inteligencia superior...pero judía de origen (se convirtió al catolicismo). Su obra, bastante extensa, es en España poco conocida, con algunas excepciones minoritarias de  la República, la Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Estudiantes de Madrid. Después de la guerra, silencio, ya en los ochenta, se publica una primera versión de este  libro de aforismos preparada por Jesús Aguirre y bautizada también Contra los periodistas. El resto de su obra, 17 volúmenes, más los 39 de su revista, más una larga correspondencia, que la guerra y los descuidos diezmaron considerablemente. 

Artículos, ocurrencias aforísticas al modo de las greguerías de don Ramón, o los "propos" de Alain, panfletos variados y polémicos, bastante poesía, algo de teatro fantástico y, en el fondo, uno de los periodistas más aclamados y destruídos por la profesión, de la historia del periodismo escrito. También se especializó en lecturas pública de poesía, comedias, operetas, auxiliado por un pianista y una puesta en escena minimalista, en plan hombre-orquesta, demiurgo mágico de un surrealismo "avant la lettre". Fue un modelo inalcanzable de periodista honesto y batallador. Y al margen de su a veces excesiva contundencia verbal, luchó contra el belicismo, la corrupción, la hipocresía sexual  y la violencia en todas sus formas

Era la Viena de Freud , Klimt y su expresionismo, Schönberg y su atonalismo, Wittgenstein y su formalismo lógico, Schnitzler y Hofmannsthal, Mahler y Kokoschka, Adolf Loos y Rainer María Rilke...y Adolf Hitler.  Pero también una época que ya preludiaba el salvajismo nazi-soviético, belicismo y exterminio de  la inteligencia, el arte y el humanismo. Kraus y su activa lucha contra todo ese huracán de odio y maldad que ya asomaba su feo rostro, influyó en gente  como Benjamin, Adorno, Horkheimer o Löwenthal, que lo consideraban como "el mayor satírico en lengua alemana del siglo XX".

Los que se esperen al leer el título y lo que he escrito hasta el momento de que se trata de una colección de aforismos contra el periodismo, el mal periodismo y sus asuntos, van errados. Kraus carga contra todo lo que a su juicio va mal, desde la moral a las mujeres, al tándem  Viena-Berlín, a la tontería y los cretinos llenos de soberbia, los funcionarios, los políticos, los psicólogos, la corrupción, los malos artistas, los estetas,  músicos y actores, escritores, eruditos y, por supuesto, la tendencia generalizada hacia la guerra como la manera más rápida de resolver problemas que no tienen nada que ver con las armas.

Libro pues ineludible. Pero con una muy seria advertencia: si quiere disfrutarlo, incluso aprender de él, por favor, no se le ocurra leerlo seguido, con prisas, de una tacada, o dos, o tres. Es un libro para leer durante unos meses, ni siquiera página a página, sino pensamiento, aforismo, comentario de uno en uno, por solitario. En caso contrario, le vaticino una indigestión y que acabe en la papelera, lo cual sería además de una lástima algo peor, un error.

Algunas perlas: "Te perdonarán la bajeza que han perpetrado en contra suya, antes que el favor que de tí recibieron". "No tener una idea y poder expresarla, eso hace al periodista" "El nacionalismo es un hervidero en el que se incrusta cualquier otra idea" "La nueva psicología es una doctrina que contrae la personalidad tras haber ensanchado la irresponsabilidad" Sobre el psicoanálisis (aunque Kraus era muy respetado por Freud): "Tienen la prensa, tienen la bolsa y ahora tienen también el subconsciente". "Las buenas opiniones carecen de valor. Lo que vale es quién las tiene" "La educación es algo que reciben los más, que muchos transmiten y pocos tienen" "Las gentes que han bebido de las fuentes del saber más de la cuenta son una plaga social"."No hay otro arte de la palabra si no es la capacidad de poner en claro una opinión". "El periodista está estimulado por el plazo. Cuando tiene tiempo, escribe peor" "El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres". "Los místicos olvidan a veces que Dios lo es todo, salvo místico". "El que plagia debería copiar cien veces al autor" "El diagnóstico es una de las enfermedades más extendidas" "La vida es un esfuerzo digno de mejor causa". En fin, sírvanse. Pero con mesura.

Para terminar pasemos al ensayo de  la madrileña Sandra Santana, poeta y profesora de Filosofía de la Universidad zaragozana, dedicado a "Karl Kraus en la Viena de fin de siglo". Es aquí, preferentemente, donde se actualiza el mensaje conjunto de los dos libros anteriores. Complejo y exigente, el texto de la Santana, se centra en los dos ejes que moverían el entramado del cambio casi copernicamos que daría el mundo desde finales del siglo del convulso siglo XIX, al apocalipsis global que causarían las dos guerras mundiales y otras periféricas igualmente sanguinarias y bochornosas: la dinámica destructiva de los nacionalismos y la creativa pero igualmente destructivas de  las distintas lenguas enfrentadas (como signos de estatus y poder) y el lenguaje como elemento catalizador del ser humano y de su producto más valorado: la cultura y las prolijas manifestaciones de su ejercicio.

El libro se centra en la controvertida figura de Kark Kraus (Bohemia, 1874-Viena 1936), en sus influencias propias y ajenas, en la Viene de su época, caldo de cultivo de una rebelión masiva en el amplio campo de la cultura y en el cuestionamiento del lenguaje como motor del pensamiento, como célula de identidad, como fuerza creativa y, por último pero no menos decisivo, su enorme poder de separar, enclaustrar y destruir a las personas. A  través de Kraus y coronándose en Wittgenstein el lenguaje se convierte en uno de los paradigmas que hicieron gemir a la filosofía en un estertor de muerte: cuando sólo queda el silencio y lo único razonable es callar.

Los "dramatis personae" de esta tragedia de la Viena finisecular, el nido de la serpiente que arrasará Europa y parte del resto del mundo, son como tristes y desahuciados personajes de Esquilo, de Sófocles, Eurípides o del mismísimo Shakespeare que danzan cogidos de la mano en una larga hilera bajo la música y el ritmo que les marca la muerte, la violencia, el hambre y la peste.Empezando con Karl Kraus, una especie de fáustico notario de la época y siguiendo por seguidores,admiradores y contrarios: Adorno, Walter Benjamín, Rilke, Elias Canetti, el pintor Gustav Klimt, la arquitectura desafiante de Adolf Loos, la música atonal de Arnold Schönberg, los filósofos Fritz Mauthner o Ludwig Wittgenstein, los poetas Stefan George o Hugo von Hoffmansthal (que certificaría la muerte del lenguaje como había sido considerado hasta entonces en su "Carta de Lord Chandos", el mismísimo Freud, el gran Nietszche  o el científico Ernst Mach, el provocador Otto Weininger con su "Sexo y carácter", los escritores Herman Bahr (la "bestia negra" de Kraus) y el malogrado Robert Musil cuyo "Hombre sin atributos" glosaría al tipo paradigmático de ese fértil pero desafiante momento histórico...

Santana nos hace partícipes de las filias y fobias de Kraus, de su misoginia galopante pero, al tiempo, de su sacralizada simbología de la madre nutricia y protectora (la lengua) y su contrafigura, la prostituta, de la que defiende la claridad de su función y la hipocresía burguesa que la explota y envilece. También aclara ciertos puntos que aparecen en el libro de "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, contrastándolos con la bibliografía  posterior y estudios más recientes sobre Kraus y su época, incluída la relación temática con Wittgenstein en lo referente al lenguaje.

Tres libros de un interés muy variado e intenso que relaciona entre sí temas como la historia, la filosofía, el arte, la linguística, la narrativa y la poesía, la psicología, el periodismo, las lacras sociales, el capitalismo, las religiones, la ética, la política y la ciencia. Una extensa urdimbre de intereses y conocimientos que aclara cómo fuímos, por qué ocurrieron los desastres que casi nos destruyen y con que materiales comenzamos a edificar el siglo XXI, es decir, tal como somos.

FICHAS

LA VIENA DE WITTGENSTEIN.- Allan Janik y Stephen Toulmin.- Ed. Athenaica. Trad. I.Gómez de Liaño.-Introd. Isidoro Reguera. 400 págs. ISBN 9788416230952

CONTRA LOS PERIODISTAS Y OTROS CONTRAS.- Karl Kraus.- Prólogo M.Ángel Aguilar. Edición de Jesús Aguirre. Ed. Taurus. 14,90 euros. ISBN 9788430622382

EL LABERINTO DE LA PALABRA.- Sandra Santana.- Ed. Acantilado.-361 págs.-ISBN 9788492649914

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