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27 marzo 2019 3 27 /03 /marzo /2019 10:28

Las plantas son seres vivos, sensibles e inteligentes. Lo dijo Darwin tras hablar del evolucionismo y hacer migas la prepotencia del hombre como "criatura creada y elegida por Dios como monarca absoluto de la Tierra y todo lo que el planeta contenía". A esto añadió Freud que tres hombres, entre ellos él mismo (Sigmund no se caracterizó jamás por su modestia), habían asestado una puñalada histórica a la soberbia humana:  Darwin que colocó al hombre como un eslabón más de la escala evolutiva de las especies;  Copérnico que anuló la presunta importancia cósmica de la Tierra, revelando que gravitaba en torno al Sol (éste mismo nada de astro-rey, es una estrella pequeña y vieja) y era un insignificante planeta;  y Freud  que aseguró que "el ansia de grandiosidad del hombre ahora sufre el tercer y más amargo golpe al 'ego' de cada uno de nosotros, ya que ni siquiera conocemos nuestra propia mente  ni las causas inconscientes  de nuestro comportamiento". Abundando en esta rebaja de vanidades, un neurobiólogo italiano especializado en el mundo vegetal, Stefano Mancuso, ha lanzado una (otra) voz de alerta contra la estulticia humana respecto  a las plantas y el (mal) trato y abusos que les infligimos, a pesar de depender esencialmente de ellas para sobrevivir en el planeta. Deberíamos cuidarlas y amarlas como a las niñas de nuestros ojos

Simplemente lean esto: "Imaginen un invento que genera energía gracias al sol a la vez que fija emisiones de carbono; que puede autoensamblarse usando un diseño modular y replicativo; que tiene un software de inteligencia distribuida sin un órgano de control central que pueda dañarse; un aparato, finalmente, que puede replicarse a sí mismo y que si se parte sigue funcionando y genera dos unidades funcionales. Este aparato sería el sueño de cualquier ingeniero... y ya está inventado. Se llama planta y hace cientos de millones de años que crece en la Tierra creando las condiciones adecuadas para la vida que conocemos. Respiramos gracias al oxígeno que producen los vegetales, la cadena alimentaria y todo lo que comemos tiene su base en ellos y hasta la energía fósil de la que dependemos fue producida por las plantas hace millones de años”, afirma Mancuso. ¿Cómo es posible entonces que prestemos tan poca atención al mundo vegetal? Repito, deberíamos amar y cuidar en las plantas no sólo por los servicios que nos prestan, sino también por lo que podemos imitar y aprender de ellas. Son una fuente de conocimiento para la ingeniería, el diseño y multitud de disciplinas de lo más variadas,  ya que muchas de sus técnicas vitales y estrategias de supervivencia adaptativa pueden ser una inspiración global para nuestra especie.  Ellas proporcionan respuesta inteligente y eficaz a multitud de problemas y enfermedades a las que seguramente podríamos vencer si estudiáramos más intensamente el mundo vegetal y accediéramos a la inmensa despensa que las plantas nos ofrecen, por ejemplo, en el fondo de los mares. -ALBERTO DÍAZ RUEDA

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