Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
19 abril 2020 7 19 /04 /abril /2020 07:40

 Todo el mundo miente, es el provocador título que el profesor Seth Stephens ha dado a su libro, elaborado tras su experiencia como analista de datos de Google, licenciado en Filosofía por la Universidad de Stanford y en Economía por Harvard. En estos momentos en los que los big data se han convertido en uno de los recursos más utilizados (y más manipulados) de las redes sociales e informativas, leer el magnífico libro de Stephens es un aporte extraordinario de sano escepticismo y de habilidad interpretativa de los datos que nos atosigan sin cesar por todos los medios habidos y por haber. 

Interpretar los datos y tomar las medidas más logicas y adecuadas sin seguir fielmente la supuesta tendencia que nos marcan las cifras y estadísticas es uno de los "secretos" que nos enseña el autor. Para polítifcos y policías o ejército la utilidad es evidente. Por ejemplo, respecto a los atentados islamofóbicos nos cuenta: supongamos  una ciudad de un millón de habitantes  que cuente con una mezquita, las probabilidades de que alguien que NO introduce en el buscador de su ordenador “matar musulmanes” ataque esa mezquita son de 1 entre 100.000.000. En cambio, las de quienes SÍ introducen en el buscador “matar musulmanes” son de 1 entre 10.000. Supongamos ahora que la islamofobia se dispara y que las búsquedas de “matar musulmanes” pasan de 100 a 1.000. La respuesta adecuada, dice Stephens-Davidowitz, no sería detener a los individuos que efectúan la consulta, sino extremar la protección de la mezquita local, dado que hay más individuos con probabilidad de atacarla". 

Esto correlaciona con algo que ya es de dominio común desde hace años: la interrelación con los medios digitales van dejando una serie de rastros que configuran una suerte de retratos-robot de nuestra personalidad, nuestros deseos, motivaciones, carencias y rechazos que constituyen un material psicológico de enorme potencial en aspectos tales como el perfil consumista, político, social o sexual. Esos datos están en poder de las grandes empresas que controlan los servidores y las páginas de servicios más populares de Google, Facebook, Instagram o WhatsUp. Parece que está comprobado el papel decisivo que tuvo la manipulación de datos personales en las últimas elecciones norteamericanas que llevaron al poder a uno de los peores políticos del momento.  Ni Orwell con su "1984" llegó a imaginar el poder predictivo y manipulativo de contar con una base de datos con cientos de millones de usuarios en todo el planeta, aunque también hay que contar con los efectos benéficos que puede tener bien empleados: una prueba de oro sería aplicarlo a la detección y tratamiento de la actual pandemia, sin vulnerar, por supuesto, la intimidad de las personas y reduciendo su aplicación al área sanitaria. Esos datos están disponible desde la realidad cotidiana, de una forma no invasiva que las personas ofrecen si ningún tipo de cuidado o reticencia. Desde el ordenador de su casa usted y los demás usuarios del mundo regalan trillones de datos de impresionante valor combinatorio.

Y esos son datos honestos, no los recaban las encuestas de las agencias estadísticas, en las que -está demostrado- todo el mundo miente, desde la frecuencia de sus relaciones sexuales, sus hábitos de vida y salud: la gente fantasea, da respuestas sobre lo que quisieran ser, no sobre lo que son. Queremos dar una imagen sobrevalorada, presumimos de lo que no tenemos (cultura, atractivo, conocimientos, poder). La cuestión está, según nuestro autor, en que los Big Data van a terminar con esas mentiras y fantasías. Los macrodatos van a derruir muchos supuestos y convenciones que los humanos tienen sobre sí mismos, por encima de las mentiras que contamos a los demás y, más perturbador aún, las que nos contamos a nosotros mismos.

El autor no puede evitar cierta arrogancia cuando, por ejemplo, asegura que muchas de las teorías de Freud sobre los errores del inconsciente (en su obra "Psicopatología de la vida cotidiana"), los "lapsus linguae", son falsas y él puede demostrarlo. Así nos dice que cuando un sujeto se mete en un motor de búsqueda  y teclea "penicuro" o "sexuridad" no está mostrando sus deseos inconscientes, sino que son "lapsus de dedos" que todo el mundo comete y con mucha frecuencia. Y para terminar de "convencernos" asegura que si un mono tecleara en una máquina aleatoriamente el suficiente número de veces acabaría escribiendo "ser o no ser, esa es la cuestión...". De ahí a Pierre Menard, autor del Quijote solo hay un paso. Un poco desorbitado. Aunque para equilibrar a los lectores algo indignados, Stephens asegura que Freud sí tenía razón en la fijación sexual en la infancia que puede llevar a que haya muchos miles de adultos que buscan en la red material porno que trate sobre relaciones sexuales "con mamá".

Bien, están avisados. Es un libro interesante, inflado de datos como es de esperar, buenas conclusiones, algunas no tan buenas y sumamente perturbador sobre las mentes y los deseos, carencias, represiones y odios ocultos en la mente de las personas y expuestas en el escaparate de internet ante los ojos de los especialistas ...y de los que comercian con esos datos.

FICHA

TODO EL MUNDO MIENTE.-Seth Stephens Davidowitz.-Trad. Martin Schifino.-  287 págs. Ed. Capitán Swing.






 

Compartir este post

Repost0

Comentarios

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens