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7 febrero 2020 5 07 /02 /febrero /2020 18:34

La acracia es una doctrina o ideología que rechaza todo tipo de autoridad. Es una rama extremista del anarquismo y en términos literarios define al personaje (casi siempre un crítico o un ensayista) que adopta una postura intransigente, activa y desafiante frente a la ortodoxia de las "autoridades" aceptadas por todos, encarnadas en escritores, pintores o poetas considerados la excelencia de una época determinada. El fallecimiento el 14 de octubre pasado de Harold Bloom  ha reavivado las críticas más o menos feroces a sus actitudes -consideradas puro disparate pretencioso- de crítico literario, principalmente su "Canon occidental" donde ponía en solfa a determinados autores que consideraba "bajo la influencia" de grandes maestros muy conocidos, a los que de alguna manera traicionaban y robaban las riquezas que luego reflejaban en sus propias obras con la pretensión de ser originales. Bloom era, sin duda alguna, el espejo de los ácratas literarios que en el mundo quedan, entre la honestidad y la indignación ( y el compromiso hacia una determinada noción de la cultura). En opinión de este humilde crítico con la muerte de Bloom hemos perdido uno de los eruditos literarios más traviesos, originales y provocadores de la historia de la literatura occidental. Sus propuestas rompedoras han sido generalmente malinterpretadas y no se ha entendido el valor teatral, casi al estilo de Cyrano de Bergerac, de sus provocaciones. Incluso en el "Canon" comienza por reconocer que "nadie posee autoridad para decirnos lo que es el canon occidental". Ergo... Bloom adoptaba esa postura de activista ácrata como una manera de combatir la cultura redigerida y controlada de forma indirecta que preconizan los políticos tanto de la derecha como de la izquierda en los dos últimos siglos. Esa cultura "domesticada" por el poder y el dinero, la "corrección política" es la que trataba de desmontar nuestro admirado e irreverente ensayista.

Harold Bloom, profesor de Humanidades de la Universidad de Yale durante más de sesenta años, murió con 89 años -tres dias después de impartir la que sería su ultima clase, en pleno uso de sus  enormes facultades, su gigantesca erudición y su tajante y provocadora actitud crítica. Como Mr. Chipps, el  protagonista de la novela del mismo título de James Hilton, profesor británico de entre guerras, ha dejado memoria de su bien hacer en varias generaciones de estudiantes. Con Bloom desaparece una determinada ortodoxia crítica que se ha mantenido fiel a sí misma, dominando a los clásicos y haciendo una labor crítica magnífica y exigente que sabía ver entre el grano y la paja en la ceremonia de la confusión editorial de hoy. En contra de lo banal, de la vulgarización de la lectura, pero atento al lector común, Bloom ha arremetido, a lo largo de su larga vida, contra casi todos los ismos y la invasión interdisciplinar en la crítica literaria, sobre todo la escuela psicologista y la sociológica. Su "Canon" le valió ataques de todos lados y el ser considerado una especie de "condottiero" de la ortodoxia crítica. Nos decía lo que había que leer y por qué (con el guiño vitalista de que hay que leer porque estás vivo). Consideraba a Shakespeare como el "creador" de lo humano y a Cervantes como el segundo de a bordo. Más de 40 libros publicados, monografías, artículos y prólogos dan fe de su laboriosidad y dedicación. Este vástago de una humilde familia judía del Bronx neoyorquino era capaz de recitar los sonetos de Shakespeare de uno en uno y repetir la primera página de un centenar de novelas clásicas. Bromeaba con sus alumnos de su portentosa memoria, afirmando que era un legado mental de uno de sus antepasados judíos cabalistas. Sus enemigos, los tenía abundantes y buenos (como él mismo reconocía), le acusaban de oscurantismo y excentricidad. Les contestó con un brillantísimo libro sobre los poetas ingleses románticos y un ensayo personal "La ansiedad de la influencia". Para mí fue un punto de referencia en mi labor como crítico desde sus primeras obras y en particular sentí cierta complicidad cuando arremetió contra "la escuela del resentimiento", aquellos escritores, ensayistas e intelectuales que arrinconaban a los clásicos en aras de las "nuevas" teorías culturales, segadas y colaterales, para los que un análisis de una escuela de diseño de moda era tan valioso como un  análisis de la poesía de  Blake o Shelley y su reflejo en las formas modernas de la espiritualidad.

Leemos contra la muerte, nos dice Bloom. "Mors certa, hora incerta"...Como todo lector sabe nos falta tiempo para leer todo lo que quisiéramos leer y algunas veces releer. Por lo tanto arguye Bloom hay que evitar los libros malos, desconfiar de las recomendaciones de editoriales y críticos más o menos banales. Desconfiemos de las listas de los más vendidos, las modas y los best sellers prefabricados. La literatura como el buen abono surge de la mierda del mundo corrompido por la codicia, el poder y el sexo.  En "Anatomía de la influencia", que subtituló como "La Literatura como modo de vida", Bloom parece resumir sus grandes temas que cuidó a lo largo de su vida, la función del crítico y, claro, la presencia omnímoda de Shakespeare en el subconsciente de la mayoría de los grandes autores. Para terminar el libro con un fantasmagórico paseo por las obras y las mpersonas de sus poetas preferidos (como si se tratara de una despedida)  Ammons, Merril, Ashbey, Merwin, , Charles Wrigth, Dryden (que llamó hijos pródigos de Whitman), Milton, Shelley, Whitman (encuadrados estos últimos dentro de lo que llamó "lo sublime escéptico" y las "ansiedades epicúreas".

En esta obra reconoce paladinamente la fuerza centrípeta de su idea de la influencia: "Mi libro aisla la melancolía literaria como el agón de la influencia y quizá yo escribo para curarme la sensación de haberme visto demasiado influido desde la infancia por los grandes autores occidentales". Y  nos dice: "la crítica literaria, tal como yo pretendo practicarla, es personal y apasionada...no sólo es la mejor parte de la vida, es en sí misma la forma de la vida y esta no tiene ninguna otra forma". Y una ñparte sustancia de esa vida, Bloom la dedicó enteramente a Shakespeare. En "La invención de lo humano" rinde culto al Gran Bardo y afirma copiando el soneto 87 de S. "Adios...eres muy caro para poseerte". Y fue muy caro, le dedicó en el fondo toda su vida.

En la extraordinaria "Shakespeare, La invención de lo humano", un libro de casi 900 páginas, Bloom escribe un ensayo para cada una de las obras del dramaturgo y poeta, en los que se desprende una admiración casi infantil ante un mago portentoso, el creador de figuras humanas, caracteres que parecen sobrepasar el texto lineal para convertirse en prototipos eternos, mas vivos en sí que las personas que nos rodean: Falstaff, Hamlet, Yago, Cleopatra, Olivia o Lady Macbeth. Hay auténtica alegría (y estupor) de estar vivo para gozar con esos portentos literarios. Lo cierto es que en pocas ocasiones me he sentido más entusiasmado y casi "poseído" por una pasión o "joie de vivre" causada por una admiración literaria tan pura y bien fundamentada. Y termina su libro con esta frase "Parece adecuado que concluya este libro con Falstaff y con Hamlet, ya que son las representacioones más plenas de la posibilidad humana en Shakespeare...ya seamos varones o mujeres, viejos o jóvenes,  Falstaff y Hamlet hablan a nosotros y para nosotros del modo más urgente"

Descubrí casualmente a Bloom a través de uno de los manuales que Barral editores publicó  en 1974 en su "Breve biblioteca de respuesta": "Los poetas visionarios del romanticismo inglés", donde hace un extraordinario y original panegírico de poetas como Blake,  Lord Byron, Shelley y Keats, a los que conocía sólo a través de sucintas biografías literarias en manuales universitarios. Bloom diseciona la poesía, y la vida, de estos poetas sin evitar la dialéctica que se establece entre la naturaleza y la imaginación y el rapto poético que lleva a la mitificación y la impostura casi herética y visionaria.

También dejó huella en mí, aparte de su travieso "Ensayistas y profetas, el Canon del ensayo" donde aprovecha la influencia y el escándalo de su Canon literario para hacer una crítica sin prejuicios de figuras como Huxley, Sartre, Camus, Freud, Pascal o Montaigne, Nietzsche, Emerson  o Rousseau. Una delicia irreverente.  Actitud que vuelve a desarrollar en su "¿Dónde se encuentra la sabiduría" en la que analiza sin pelos en la lengua la llamada "literatura sapiencial" desde el Eclesiastés a Platón y Homero pasando, cómo no, por Cervantes y Shakespeare, con estaciones de parada en Freud, , Proust, Goethe, san Agustin o Francis Bacon. ¿Reiterativo? Inevitablemente, pero no contradictorio ni olvidadizo. Siempre hay algo nuevo y bueno en lo que dice Bloom de sus amados autores.

Me he pasado casi 50 años de mi vida acompañado por la ironía dialéctica, la erudición y la mordacidad, el sarcasmo y la  socarronería de un lector impenitente. Un lector voraz que nunca se abstuvo de emplear su ingenio crítico incluso con los más grandes y admirados de sus autores. Es una lección y un privilegio gozar de las obras del desaparecido Harold Bloom.

FICHAS

"ANATOMÍA DE LA INFLUENCIA",  (Taurus); ¿DÓNDE SE ENCUENTRA LA SABIDURÍA? (Taurus); LOS POETAS VISIONARIOS DEL ROMANTICISMO INGLES (Barral Editores); EL CANON OCCIDENTAL" (Anagrama); "SHAKESPEARE, LA INVENCIÓN DE LO HUMANO" (Anagrama)"ENSAYISTAS Y PROFETAS, EL CANON DEL ENSAYO" (Páginas de Espuma).- Todos de  Harold Bloom. Distintas fechas de publicación, precios, páginas y traductores.

 

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