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17 abril 2020 5 17 /04 /abril /2020 16:52

 

Creo recordar que el malogrado ensayista e historiador británico Tony Judt,  (el cáncer se lo llevó en 2010, con 61 años) solía decir que  “puede que la UE sea una respuesta de los europeos a su dura historia de los últimos sesenta años, pero nunca podrá sustituirla y menos olvidarla”. Si el inolvidable pensador viviera aún, probablemente tendría palabras muy duras para los últimos acontecimientos políticos europeos desde el Brexit (que le hubiese herido en lo más profundo de sus ideales) hasta la gestión de la UE sobre el Covid-19, que es una decepción trágica para todos los que amamos Europa y confiábamos, ilusos, en un Gobierno europeo común. La antesala deseable de un Gobierno Mundial volcado en los ideales de la razón, la cooperación solidaria, la justicia, la igualdad, la ciencia, el humanismo y el progreso…para todo el planeta. En el caso de que leyeran este artículo, hasta este olvidado pueblecito turolense me llegaría el estruendo de las carcajadas de los realistas pragmáticos que nuestro siglo produce como copos de nieve en una tormenta nórdica,

 

 Muchos de los magnates que ocupan sillones decisorios en la UE pertenecen a países nord europeos liderados por la inevitabilidad germánica. El destino de Europa para bien o para mal siempre tiene un sólido obstáculo o ariete, según sea el caso, en el camino: Alemania. Como Bruto o como Casio, son hombres honrados y aman a Europa y justamente ese amor les lleva a apuñalarla, como a Julio César. ¿Se entiende eso?  Shakespeare se blinda de ironía pero esconde un mensaje demoledor en las contundentes palabras de Marco Antonio pidiendo justicia mientras halagaba a los asesinos.

 

La historia, si es honesta, es pertinaz  y como la realidad, obstinada. Si no aprendemos de ella, nos obliga a repetirla y a sufrir nuevamente de los mismos errores, agravados por la dimensión mayor que provocan los distintos tiempos. Las crisis económicas, financieras, políticas y sociales que se han ido sucediendo desde 2008 a 2010 y 2015 y que por diferentes motivos, todos nocivos y algunos delictivos han provocado la ruina de millones de familias, de empresas, de países, tuvieron en la UE una esperanza fallida. Bancos fraudulentos, buitres financieros, malas gestiones de Gobiernos, defectuosa praxis educativa social, espejismos de progreso alentados por trileros con camisa blanca, corbata y sueldos astronómicos, propaganda engañosa y publicidad malintencionada de paraísos al alcance de cualquiera…

 

En todas y cada una de las crisis el papel de la UE ha sido ambivalente o decididamente hostil: el Sur que también existe, según un reivindicativo Serrat, no debería existir según la Troika comunitaria que llevó a Grecia al suicidio político, económico y social en 2015 (vean ustedes la película de Costa Gavras “Comportarse como adultos”).La fábula de la cigarra y la hormiga ha sido empleada en los salones de Bruselas con ligereza y desvergüenza ética.

Exactamente la misma que se emplea ahora con motivo de la crisis –planetaria, no solo europea- del Covid-19. Saltándose el art. 122 fundacional de la UE: “La Unión y los Estados miembros actuarán conjuntamente y con solidaridad cuando un estado miembro sea víctima de una catástrofe natural”. ¿Qué es el corona virus, una excusa de mal pagador como se insinúa en la altas esferas europeas? E ignorándose el artículo 2 del Tratado de la UE de 1992, también llamado el Tratado de Lisboa, tras la revisión de 2007,  que dice: “La UE se fundamenta en los valores de respeto a la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidas las minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros de una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres”. ¡Ja!

 

En el último Consejo Europeo,  donde  se humilló a los supuestos “países-cigarras”, como España o Italia, el jefe de Gobierno portugués, Antonio Costa, le espetó al obcecado ministro de Finanzas holandés: “Usted no entiende. No se trata de presupuestos, de gastos o economía, se trata de vidas humanas. Si Europa no hace lo que debe, está acabada”. La sombra del “Euroexit”, la destrucción de la UE, es alargada y ominosamente terca. Donald Trump y Boris Johnson, estarán satisfechos. La competitividad de una Europa unida ya no les preocupará más. Ese escenario lamentable depende de la actitud de Bruselas ante esta emergencia sanitaria. Es una oportunidad de oro para renacer de sus cenizas, como un Ave Fénix azul con estrellas de oro en sus alas desplegadas. Cumplid el imperativo categórico de la UE: Europa Unida.

 

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor y periodista.

(Publicado en "Heraldo de Aragón" el 8 de abril pasado)

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