Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
31 mayo 2020 7 31 /05 /mayo /2020 12:26

Se preguntarán ustedes porqué les invito a regresar –literariamente- al mundo de la espada y de la magia. Quizá, también, recuerden, que tanto “El señor de los anillos” de Tolkien o “Juego de tronos” de George R. Martin o los libros de Harry Potter de J.K.Rowling, responden a momentos en los que la Humanidad se ha mostrado perpleja e insegura por los dramáticos asuntos, crisis globales, de índole bélica, financiera o social. Esos tiempos de tribulación favorecieron más o menos directamente las “modas” de narrativa de fantasía de capa y espada, de ciencia ficción o los thrillers políticos. No es banal que un “héroe” tan sospechoso como James Bond naciera en plena guerra fría y se fuera ajustando en sus mediocres a las circunstancias cambiantes del mundo moderno durante más de 50 años,  con éxito considerable. Stars Wars, Matrix, Indiana Jones, también ilustran el hambre de mitos y de “héroes” que la sociedad moderna ha reinventado del pasado remoto o el futuro posible. ¿Una posible razón psicológica global para justificarlo? La necesidad profunda del ser humano de encontrar un orden y una seguridad en la vida, además de un código simple y sencillo para resguardarse del mal y buscar el bien.

El mitólogo Josep Campbell en su obra “El héroe de las mil caras”  habla de la evolución del mito y apunta cuatro funciones básicas que se pueden rastrear a través de los libros o las películas. La función mística: necesidad de despertar el asombro y la valoración de la vida; la cosmológica: percepción del mundo físico como lugar de conocimiento; la sociológica: busca de un orden social que equilibre las fuerzas y  las necesidades con la ayuda del héroe; la pedagógica: guía simbólica para afrontar las etapas de crecimiento de la existencia o la muerte. Este es el esquema que el lector percibe en las sagas, las novelas de caballería y la obra que nos ocupa, escrita en plena II GM.

El ciclo artúrico iniciado por Thomas Malory con “Morte d’ Arthur” a mediados del siglo XV, miembro del Parlamento de Inglaterra, hombre de acción y política (acabaría sus días en 1471 en la prisión de Newgate, donde escribió su obra) sería el fundamento de una legendaria saga aprovechada en los siglos posteriores por narradores, cantares de gesta y poetas. Malory se basaba en textos medievales franceses e ingleses sobre el Grial, Lanzarote y el rey Arturo. Su obra se publicó en 1485 y tiene el mérito de constituir un ejemplo temprano de novela.

Luego dormiría el sueño cultural de las modas para renacer a mediados del siglo XX  de la pluma de un peculiar personaje, un escritor y erudito literario inglés llamado Terence H. White, mezcla  asombrosa de Oscar Wilde o Lewis Carroll.  Un joven erudito inglés prototípico de la Universidad de Cambridge. La ironía, los juegos de palabras, los diálogos sarcásticos y llenos de un noble humorismo, con el influjo estilístico de Chesterton o Conan Doyle. Por cierto el atemporal mago Merlin cita a Sherlock Holmes ante  Verruga (el niño que luego será Rey Arturo) (pág.173). Y así los que fueron niños en los sesenta y vieron “Merlin, El Encantador” de Walt Disney, disfrutarán doblemente con el primer libro de esta recopilación: “La espada en la piedra” ya que Disney hizo una reproducción bastante fiel del texto (película que, excepto en España, tuvo el mismo título de la novela).

White había utilizado el tema artúrico en sus exámenes finales de lengua inglesa y no volvería a recuperarlo, hasta después de hacer una carrera sembrada de matrículas de honor en Cambridge y de unos años trabajando como director del Departamento de Historia del colegio Stowe. En 1936 renunció a su puesto para seguir una carrera literaria, con algunos primeros éxitos muy prometedores, viviendo en la soledad de bosques y lagunas. Para White el ciclo artúrico es una tragedia al estilo griego, una especie de Orestíada, con incestos, venganzas, traiciones sentimentales (como la de Ginebra con Lanzarote) y odios edípicos (la muerte de Arturo la provoca Mordred, su hijo bastardo habido con los amores incestuosos con Morgana).

Para el joven White, la redacción de la saga de “El rey que fue y será” (The Once and Future King), es una especie de redención literaria en la que se reflejan su amor a la vida, sus temores y ansiedades, su sentido poético tan ligado a la vida en la naturaleza, la fascinación hacia todo tipo de animales, los perros, los búhos y aves emblemáticas como los halcones y los gansos salvajes. White hace que Merlin transforme a Arturo niño en animales como una perca, un azor, una hormiga, un búho, un ganso salvaje y un tejón, para enseñarle a vivir y a luchar. El humor irreverente, la ironía literaria y la divertida pseudo erudición constituyen una gozada para  el lector,  que a menudo recupera la seducción y las carcajadas que recuerda a los Monty Python y su “The Holy Grail”.

Sin embargo la guerra incipiente, su inseguridad, su escasa simpatía por las mujeres y falta de empatía personal prefiguran una soledad en la que trata de superar sus aversiones y sus miedos “creo que soportaría vivir como un cobarde, pero no soportaría hacerlo como un héroe”, escribe a un amigo. Pero en sus textos hay una entereza, una dignidad moral, una capacidad de resistencia y reacción que nos dejan una impresión favorable.

White se despide así en su obra: “Aquí termina el libro del rey que fue, escrito con grandes afanes y esfuerzos entre los años 1936 y 1942, cuando las naciones se enfrentaban en una temible guerra. Aquí empieza también –si por casualidad algún hombre sobrevive a esta peste y puede continuar su tarea- la esperanza del rey que será. Rezad por Thomas Malory y su humilde discípulo (el mismo White), que ahora deja a un lado sus libros para luchar por su gente”.

Quizá la clave de la obra completa (y también de su “resonancia” con nuestra época de pandemias y amenazas) está en los dos  últimos capítulos, XIX y XX, de “El libro de Merlin”, en donde además de Malory sale nuestro don Quijote como presunto autor de la hipótesis del final del rey Arturo: “se convirtió en cuervo”.  O también en los vigorosos ataques a la falta de sentido ecológico  (y ético) de “nuestra” época (hablamos de la primera parte del siglo XX) cuando White se dirige directamente al lector para hacer comparaciones del estado de los bosques, ríos, forma de vida y comportamientos en la época de la narración (el XI). Una especie de canto al “Paraíso perdido”, duro, implacable y cruel pero de una cierta nobleza, de una época que no se idealiza pero hacia la que hay una especie de respeto y esperanza de redención y mejora. ¿La hay en la nuestra?

.

La edición de Ático de los libros es una gozada para cualquier devoto artúrico que se precie. El que esto firma ha manejado durante años ediciones separadas de Camelot (Ed. Debate) Camelot y el Libro de Merlin (Círculo de Lectores) y El libro de Merlin (Debolsillo), que adquirí por el magnífico “Comentario del editor” que lo precede. En el libro “El rey que fue y será”, se recogen por primera vez, que yo sepa, las cinco partes de la obra: “La espada en la piedra”, “La bruja de los bosques”, “El caballero maltrecho”, “Una vela al viento” y “El libro de Merlín”. Los traductores son Fernando Corripio y Enrique Hegenwicz, los mismos que en las ediciones por separado de otras editoriales.  Sólo tengo un “pero” a esta gozada de libro que Ático nos ofrece: la falta al principio del libro de un sencillo estudio introductorio de la obra y del autor (tanto White, como una referencia a su predecesor, Malory). Esta editorial es modélica en los dossiers que prepara de las obras que edita. Un resumen de éstos no se llevaría muchas páginas y enriquecería el volumen.

Sólo me queda desearles una divertida, romántica, apasionante lectura, llena de emociones y sugestiva como una de esas eternas e inmarchitables aventuras juveniles de la literatura universal. Donde no falta ni siquiera un vigoroso ataque a la falta de sentido ecológico de “nuestra” época (hablamos de la primera parte del siglo XX) cuando White se dirige –de forma muy divertida- directamente al lector para hacer comparaciones del estado de los bosques, ríos, forma de vida y otras características en la época de la narración (el XI) o hace que Merlin se queje amargamente “¿Por qué no tenemos luz eléctrica y agua corriente” a estas alturas?”.
En fin, un placer de libro.

FICHA

EL REY QUE FUE Y SERÁ.- Terence Hanbuty White.- Trad. Fernando Corripio y Enrique Hegenwicz.- Ed. Ático de los Libros.- 822 págs.

 

Compartir este post

Repost0

Comentarios

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens