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10 mayo 2020 7 10 /05 /mayo /2020 11:51

Desde muy joven he sido un convencido

partidario de la unión de

todos los pueblos que habitan la

Península Ibérica. Creo que Portugal unido

a España nos completaría como país. Tenemos

mucho que aprender de ellos, de su innata

cortesía, de su sencillez y de su honestidad

política. Mientras que nuestros políticos

siguen dando la nota, desde un Sánchez

enrocado en su sillón de líder carismático

hasta un Casado que parece desear

tanto como el poder a cualquier precio (justamente

lo que mantiene a Sánchez) ser

capaz de "darle la puntilla" a un individuo

cuya prepotencia iguala a la suya. Cada uno

es la sombra negativa y fratricida del otro. Y

así ambos olvidan al Covid y éste les convierte

a los dos en sus mejores aliados para

hundir al país. La política errática e indecisa

y poco clara del Gobierno en la gestión del

Covid, no obstante, está dando algunos resultados

apreciables y esto encona aún

más la inflexibilidad de uno y la inconsciente

agresividad del otro (voluntariamente

prefiero ignorar al resto de formaciones

políticas: los dos gallitos del corral no les

dejan capacidad de juego, incluido Torra, el

"marciano" (que sigue actuando como si el

Covid lo hubiera inventado su odiada España).

¿Cuesta tanto apreciar y tomar nota de

la actitud y comportamiento político de

nuestros vecinos peninsulares? ¿No se perciben

los buenos resultados que están dando

en la gestión del virus y en la percepción

unitaria y coherente que tienen los portugueses

de sus dirigentes? El socialista Antonio

Costa tomó desde el primer momento

una actitud responsable, eficiente, compartida

y cooperativa con la población y con el

resto del espectro político. El líder de la

oposición, el conservador Rui Rio, dejó de

lado las diferencias y se puso de inmediato

al servicio del Gobierno, por una causa mayor

que requería unidad, dejando las críticas

para cuando pasara la pandemia. Trabajar

conjuntamente, ese era el objetivo. Ni

exceso aislado del poder ni socavar al contrario

desde una oposición ombliguista.

Concordancia. Nada de gobernar a golpe de

tentativas y tener que dar marcha atrás o.

reconsiderar órdenes precipitadas. Nada de

ofrecer el lamentable espectáuclo del combate

incesante entre un líder ensimismado

en su poder y un oponente histérico por

hundirle.

¿Por qué no proponer, cuando salgamos

de ésta y suspendamos a los políticos que

tenemos, un cambio constitucional al modelo

alemán, la eficaz administración de los

"länder" que, en caso de crisis global, se

convierte en un Gobierno único con una cabeza

y una gestión confederada? Porque,

me temo, que si esta crisis no cambia nuestro

modelo de vida, vendrán más y peores...

y tendremos que gestionarlas. A la espera

de un Gobierno mundial, utópico para

nuestra especie egoísta, podríamos

apañarnos con una Iberia unida en múltiples

länder autonómicos pero unidos, no revueltos,

con un poder central, en casos de extrema

necesidad e interés común. Sin tentaciones

dictatoriales ni salvadores de la

patria. Velando por el bien común, es decir

el bienestar de la ciudadanía.

 

 

Alberto Díaz Rueda

EL

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