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Tuesday 27 september 2011 2 27 /09 /Set /2011 10:34

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  Lo primero que sorprende de esta escritora es su juventud (23 años) y el grado de madurez que ha alcanzado. Lo segundo, la calidad y vigor de su universo narrativo, tan propio y ajustado a una cosmovisión muy particular. Y lo tercero, que nadie haya evitado que surgieran en la novela tantos errores de estilo y tantos descuidos. Se sabe que una primera novela arrastra en sí misma defectos casi inevitables. Pero en el caso de "Belfondo" , los errores estilísticos y descuidos redaccionales hubieran sido subsanables con una buena corrección de estilo. Atentos pues a una nueva edición de la novela, amigos de la , por otra parte, excelente editorial "Principal de los Libros". Aquí no vale que lo achaquemos a un estilo rudimentario de primeriza: la fuerza y la potencia del universo creado por esta escritora justifica que el lector no reciba la negativa sorpresa de captar esos errores.

Y ahora pasemos a lo positivo de la novela de Jenn, que es mucho. Desde la habilidad en la creación de personajes, a la cadencia narrativa, voluntariamente demorada en detalles y sugerencias, pasando por el vigor en la composición de un espacio cerrado en sí mismo, repleto de elementos míticos, primitivos casi antropológicos, fuera de un tiempo y lugar identificables, una atmósfera que nos resulta familiar pero que mantiene sus propias dinámicas obedeciendo a leyes de comportamientos y actitudes que parecen surgidas del inconsciente colectivo de nuestro país.

La escritora logra comunicarnos la sensación de ahogo, de lugar sin salida, que padecen los personajes, un espacio mágico donde todos se encierran sin poder aspirar a visitar otros mundos, aunque estén a la vuelta de la esquina, sin saber con certeza qué es lo que les impide marcharse. Es como el salón de "El ángel exterminador" de Buñuel, ese grupo de personas que se ven encerradas en el salón de la casa, sin que nadie se atreva a salir aunque no hay nada ni nadie que se lo prohíba, reforzándose unos a otros el horror a eso desconocido que hay "fuera".

Los personajes paradigmáticos, encerrados en sus propias caracteristicas emblemáticas, el enterrador, el maestro, el falso "cura" ciego, la tocadora de campanas y "dueña" del tiempo, la fábrica y sus obreros, la viuda, la puta, van desplegando sus historias personales que son parte de una historia colectiva centrada en el "amo", el aglutinador de todo, el creador, el ¿dios? de una comunidad sin esperanzas, que crea un "dios" a su antojo, una diosa, su mujer, que dicta sus normas al "cura" ciego, pero que quedará cautiva de su engaño. Todos ellos hacia un final, un poco forzado, que queda abierto y en suspenso, como el despertar de una pesadilla. 

La novela, de  menos de doscientas páginas, engancha y sorprende.  Recuerda a uno los mundos propios, obsesivos, ambiciosos, de ciertos novelistas, Garcia Marquez, Roa Bastos, Alejo Carpentier, la Allende, mundos estrechos, cerrados en si mismos,  con una especie de universalidad que le dan sus personajes, la bravura literaria de una Región de Benet, la Vetusta de Clarín, o la terra ignota de Sanchez Piñol, pero "Belfondo" es sutilmente distinta, más primitiva, más elemental, diría que más banal, menos elaborada y al tiempo más entrañable. Es como si una niña nos contara un cuento. Detrás de lo narrado no está la voz poderosa, taumatúrgica de un creador omnisciente, sino la vocecita tímida pero sugestiva de una niña que nos narra un sueño.

No es una "obra maestra" como escriben algunos  en los panegíricos leidos en la red. Es una obra apreciable que hace evidente el surgimiento de una voz con fuerza y mérito en el mundo literario. Que tiene mucho camino por delante y muestra unos modos y maneras que, ciertamente, hacen esperar mayores alcances.

Los propios errores apuntados al principio hace que uno respete esa promesa de futuro que se desprende de "Belfondo". Es como el talante zen frente a los objetos. Sus pequeñas, casi inadvertidas, imperfecciones son las que dan la medida de su belleza.

Por eso, con cariño, Jenn, evitemos frases y construcciones como "no quería hacerle ningun tipo de cuestión a su mujer", "ola de aire calientisimo" (sic),"es la cuarta de cuatro hermanos que son", "no es que tuviera algo para merecer el puesto que el resto no","pero el amo ya no sabe de amar", "las veces que no se la ha hecho, la señal, ha sido...", "Arcadio aprovecha todas esas ausencias, que es que la mira y sabe que en ese momento no está, de su mujer para pensar en la lección que quiere darle a Monral" (pág.96) "Nadie podia arrancar de sus almas lo que Elpidio","Ella, que se basta de tantas cosas menos de analizar las cosas, que es tan así...tan que siempre parece muy viva, pues hay algo ahí que la frena".

Se me puede argumentar excusas de estilo propio, escasa importancia  de los errores y reiteraciones gramaticales o de estilo...sí, seguramente, pero una escritora como esta merece que el sendero de su narrativa esté limpio, o lo mas limpio posible, de esa broza o basurilla de estilo.

Por nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - Publicado en: comentario literario - Comunidad: Pluma, tinta y papel
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Monday 26 september 2011 1 26 /09 /Set /2011 10:40

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Ahí es nada, más de treinta años de charlas mas o menos informales con lamas budistas y sabios orientales sobre el sentido de la vida, las técnicas de meditación y, en una palabra, la mejora espiritual que en esos lares siempre está unida a una perfecta forma física y un control asombroso de nuestros recursos de fuerza, resistencia y flexibilidad. Una mezcla de yoga intenso y de filosofía espirtual, una especie de terapia del cuerpo y el alma, al alcance de todos sólo por el mísero importe de una entrada de cine o de una cañita con tapas. Editorial Kairós, esa benemérita editorial que nos ha hecho mejores a muchos de los que leemos sus libros con fidelidad, edita el último libro del orientalista Ramiro A. Calle, un meditador y maestro de yoga con toda una vida de ejercicio. Hablo de "Conversaciones con lamas y sabios budistas".

Ramiro es una especie rara en el variopinto mundo de los autores de la temática digamos filosófico-espiritual-autoayuda, donde hay mucho menos oro del que reluce. Se niega sistemáticamente a dar datos biográficos y mantiene una actitud combativa y exigente tanto en sus libros como en sus apariciones públicas. Su mensaje es claro aunque no original. Refleja bien las ambiguedades y tópicos de la espiritualidad libresca al uso, pero al mismo tiempo su mensaje operativo es claro y contundente, sus consejos, dentro de la ortodoxia de las técnicas zen y theravada (vipassana) , son correctos y nada exagerados y la sensación que da es de honestidad y afán de servicio. Y todo ello además del magnífico montaje mediático que se ha diseñado a través de los años convirtiéndose en una especie de leyenda viva de los ambientes del yoga hispano.

En esta obra, Ramiro Calle  nos narra sus encuentros con lamas y monjes, sabios que forman parte de la historia del budismo de hoy. Entre ellos, el Dalai Lama, Dudjom Rimponché, Sakya Trenzin, Trangu Rimponché, Chantral, Gurú Kunzan Grizing, Geshe Jampel Shangle o Akong Rimponché. Ramiro ha ido a buscarlos a Bhutan, Nepal,  Darjeeling, Kalimpong, Sikkim, Simla, Lebong o la ciudad santa de Almora Y no sólo nos narra los sistemas de meditación, los accesos espirituales de estos maestros sino ese mundo oculto de la superstición, la hechicería, los fraudes y supercherías de algunos, la esperanza de otros.

Es este un libro digno, interesante y lleno de ideas y sugerencias. Un poco especializado a los ámbitos de pro-budistas, se lee no obstante con interés y curiosidad crecientes. Para la gente joven es un libro que podría abrirles los ojos hacia ese sector de las enseñanzas budistas que no choca contra ninguna religión (incluso hay monjes y monjas y maestros budistas entre los católicos, con dispensa y apoyo de la propia jerarquía de la Iglesia) y aporta calma, serenidad mental, recursos para solventar los problemas cotidianos y una inmejorable salud si se siguen los parámetros físicos de las disciplinas que se citan en el libro. Un libro, pues, de lectura recomendable para la gente joven y para los muy maduros que tienen el alma joven.

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Sunday 25 september 2011 7 25 /09 /Set /2011 10:29

excursiones-6969.JPGEl camino que lleva al pico de la Espina desde La Franqueta es un sendero circular que entra en uno de los lugares más sorprendentes de Els Ports. Un paisaje desértico, de roca resplandeciente al sol, solitario y salvaje, en donde es posible admirar uno de los ejemplos de desplegamientos isoclinales en paredes calcáreas más geométricamente hermosos que he visto. Y con la sorpresa inesperada de una cueva dotada de inauténticas pinturas rupestres, realizadas con tal habilidad que sobrecoge al montañero no informado que logre llegar al lugar.
Salimos del área de La Franqueta que ya conocemos de anteriores excursiones, por la pista que surge a la izquierda y va paralela al rio de los Estrets. En la confluencia del  Barranco del Carrer Ample con el rio, nos encontramos un camino bien arreglado que lleva a una antigua cantera de mármol. Vale la pena detenerse allí, pero ahora sigamos el lecho del barranco, de caminar incómodo por el gran número de piedras, aunque  conviene seguir las fitas, ya que el sendero va dejando de vez en cuando el lecho del barranco, donde encontraremos la Fuente de las Figuerases (seca el dia que fui).

Hay que pasar el Estret de Palanquetes, algo empinado, entre grandes rocas, mientras sigue la subida por lugares estrechos y muchos zarzales, hasta encontrar una confluencia con el barranco del rio Sec, seguimos por la derecha para llegar  a la Fuente de las Baranes donde hay un abrevadero con agua y una surgencia no muy generosa (la sequía hace estragos en estas corrientes subterráneas).excursiones-6952.JPG

El sendero, muy pedregoso, sigue su permanente subida con tramos que fueron tallados en la roca, restos de un antiguo camino de paso de ganado seguramente devastado por las inclemencias del tiempo y el desuso.

Pasamos por un bosque de pinos y encinas, arbustos de boj y helechos que brillan con un verde luminoso bajo la luz del sol, con su mensaje de supervivencia (es uno de los matorrales más arcaicos que existen). Después de cruzar el bosque, el camino entra en un ensanchamiento del barranco donde aparece la primera de las sorpresas estéticas y geológicas anunciadas. A mano izquierda, en el estrecho que se forma, las paredes toman una estructura isoclinal, como muros inclinados que parecen de mármol blanco destelleando al sol, inclinados remedos de una serie de ondas de la superficie del mar que han quedado estratificadas, convertidas en piedra, monumento bellísimo a la madre naturaleza.

Seguimos el sendero que llega a una amplia confluencia de barrancos. Y, ojo, aquí hay otra sorpresa: en el barranco de la izquierda se abre la cueva del Frare, una enorme boca oscura, protegida con muretes de piedras. Entramos en ella y justo cerca de la boca, en la pared de la izquierda se nos encoge el corazón ante lo que vemos: pinturas ruprestes, ejecutadas con gracia, con los típicos colores de marrón rojizo, estilizadas, llenas de vida: escenas de caza, animales, personas, rituales. Es impensable que esto no sea conocido, ergo son falsas. (Cuando regreso a casa consulto en internet y certifico su inautenticidad. No obstante "chapeaux" al anónimo falsario).

A continuacion viene un tramo que parece sacado de una película de ciencia ficción. Es como un escenario mineral, solitario, grandioso, austero y duro. Pero un poco más adelante vemos a nuestra derecha la cresta desnuda de los Rasos del Maraco y el fin del barranco. Nos cruzamos con el GR 7 y hay dos opciones en ese punto: seguir por la izquierda el sendero que nos lleva al Mas de Maraco con los corrales de reses (en verano es posible encontrarse con toros, prudencia) y al collado de Alfara. A la izquierda tenemos la cima de la Espina (1181m). Gran panoramica de las cimas que la rodean, el Caro, las Rocas de Benet, la Mola de Camps y otras, en las dos verttientes de Els Ports.excursiones-7022.JPG

La otra opción es seguir el GR7 de bajada y comenzar el descenso cresteando por los pelados Rasos del Maraco, con una vista impresionante del barranco que hemos subido, a la derecha, y unos collados que nos permiten ver el lado opuesto, el valle del Toscar y el Monte Caro. A partir de ahí entramos en un bello bosque de pino en intermitentes bajadas y pequeñas subidas hasta llegar a una bajada empinadísima que nos lleva al valle de Les Clotes (donde dejamos a la izquierda el sendero que lleva al refugio de ese nombre). Después ya llegamos a la  pista de la Vall de Uxó que hace un pronunciado descenso hasia el lugar de comienzo, La Franqueta. Se trata de más de cuarenta  minutos de fatigosa pista que sólo tiene destacable el panorama cambiante que nos va ofreciendo.

En total hablamos de un circuito de más de seis horas si subimos a la Espina y de cuatro horas pasadas si regresamos desde el punto del GR7 junto a los Rasos del Maraco. Es una excursión muy variada y con rincones asombrosos. En mi caso tuve la suerte de tener un inesperado encuentro: un macho de cabra montés, poderosamente armado, que compartió conmigo en el silencio absoluto del bosque, un par de minutos de arrobada contemplación mutua, entre el respeto (por mi parte) y la curiosidad (por la de él).

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Saturday 24 september 2011 6 24 /09 /Set /2011 08:01

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  De vez en cuando en las películas de la serie B aparece una que nos reconcilia con el cine, a pesar de sus limitaciones y su falta de ambición artística. Esta es una de ellas, "Templario". Dirigida por Jonathan English e intrepretada por James Purefoy, que da muy bien el rol de caballero templario, estoico, silencioso, contenido y atormentado por las atrocidades cometidas en nombre de la fe durante las Cruzadas. Un soberbio, como siempre, Derek Jacobi, como el discreto conde de Cornhill, Kate Mara como su esposa lady Isabel que robará el corazón del templario y un inesperado y habitual robaescenas Paul Giamatti como el  malvado rey Juan de Inglaterra.

En el 1215 el rey Juan se ve obligado a firmar la Carta Magna que resta su poder en favor de las Cámaras formada por los nobles barones. El monarca no acepta de buen grado la imposición y recluta un ejército mercenario danés que arrasa el país para restaurar la monarquía absoluta "por la gracia de Dios", (¿les suena esto?).

Un grupo de caballeros al mando del baron Albany, entre ellos el templario Marshall, se hacen fuertes en el castillo de Rochester, enclave estratégico  importantisimo para el despliegue militar del rey Juan y sus mercenarios. La pelicula nos narra la historia del asedio y la intervención final de obispo de Canterbury aliado con los franceses para derrocar al rey Juan. Durante ese brutal asedio, el templario y la señora del castillo inician una historia de amor, ante la inapetencia permanente del conde, vaya por Dios.

Lo que hace interesante esta cinta muy poco respetuosa con la historia real es la dinámica feroz de los combates, el ritmo de la historia que no decae ni durante las secuencias de amor y un aire general de dignidad y credibilidad que desprenden actores y dirección (algo semejante a lo que ocurre con otra cinta del momento, "Centurión"). Sana, salvaje y apasionante distracción, ataques bien diseñados, secuencias de una crueldad muy a tono con la época pero narrada con desenvoltura y sin complejos y por último pero no menos importante, unos diálogos con cabeza, razonados y sugestivos, en los que se cuestionan las guerras, sus motivaciones y las creencias irracionales que lo hacen posible.

El protagonista James Purefoy, consigue dar profundidad y respeto a su personaje, un caballero templario silencioso y malhumorado, corroido por la culpa y luchando por resistirse a la tentación de Kate Mara (un poco sosa) ante un Derek Jacobi claudicante y temeroso y  un Paul Giamatti que compone un histriónico, maquiavélico, cruel y agresivo monarca, que suele ser asociado al caballero de las mallas verdes, el mítico Robin y que aquí se limita a ofrecernos un retrato seguramente muy real de lo que era un rey de la época, nada estúpido pero muy creído de su papel semidivino.

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Friday 23 september 2011 5 23 /09 /Set /2011 08:12

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Es la primera película en inglés del realizador Lajos Koltai y para ello recurrió a un best seller de Susan Minot (adaptada a la pantalla por ella misma con la ayuda de Michael Cunningham, el autor de "Las horas"). Lo primero que llama la atención de esta cinta es la belleza y perfección técnica de la fotografía (Lajos Koltai es un soberbio y acreditado realizador fotográfico) y lo segundo el reparto, verdaderamente espectacular dado el escaso nombre como director de Koltai. Sumar en un mismo reparto a Vanesa Redgrave (más su hija en la vida real, Natasha Richardson) a Meryl Streep (y a su hija real Mamie Gummer) ambas interpretando papeles de madre-hija en la ficción, y añádase a Glem Close, Patrick Wilson y Hugh Dancy, entre otros.

La Redgrave borda su papel de anciana en sus últimos momentos, invadida por los recuerdos que vive, las vidas paralelas de presente y pasado ante sus dos hijas, Constance (la Richardson) y Nina (Toni Collette). La sorpresa y las dudas que las confesiones de su madre sobre su pasado despiertan en las dos jóvenes van complicando una trama que navega airosamente por el tiempo. El principal misterio es la referencia continua al amor de la vida de la anciana, un tal Harris, del que ninguna de sus hijas tenía noticia, así como de su misterioso final que asusta a las dos chicas.

La película atrae formalmente, las interpretaciones son, como cabía esperar del elenco, buenas, pero al conjunto narrativo, a la dinámica de misterio y revelación, le falta aliento, fuerza, vigor. La película deviene discursiva, los grandes temas que plantea, la muerte cercana, el miedo, el remordimiento, la culpa, se quedan desvaidos y conceptuales, los personajes se desdibujan, no nos conmueven, hay momentos en que nos empieza a importar un bledo lo que nos cuentan, o mejor, cómo lo cuentan. Es un melodrama de folletín o telenovela magnificado por el reparto y la puesta en escena majestuosa de Lajos Koltai, empeñado en seducirnos con el personaje crepuscular de la Redgrave, pero incapaz de sacar más brillo a Glenn Close y Meryl Streep.

No me extraña que la película no acabara de arrancar en Estados Unidos y que aquí esté teniendo una vida mortecina que acabará en los videoclubs convertida en una opción más o menos romántica para pasar un domingo por la noche. Lo cual demuestra  algo curioso respecto al cine y a las películas: a veces aunque se echen sobre la mesa los mejores ingredientes, grandes actores, un buen guión, fotografía superior, localizaciones inmejorables, música excelente, ocurre que el producto resultante está muy por debajo de la excelencia de los componentes. A menudo no se puede identificar qué es lo que falla:  un ritmo inadecuado, un montaje deficiente, cierta frialdad o un exceso de pasión que roza el ridículo. Nada nos llama especialmente la atención crítica. Pero no sentimos esa sensación inexpresable que rodea las grandes peliculas. Todo es correcto, pero... ese "algo" que falla condena irremediablemente al conjunto. Algo así pasa con "Atardecer"

 

 

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