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19 julio 2012 4 19 /07 /julio /2012 07:25

444-last-day-on-earth-154641.jpg

Las películas apocalípticas relacionadas con una fecha fatal o un acontecimiento cósmico abundan en los últimos años, casi siempre engrosadas en las listas de la serie B de la "ciencia ficción" con escasas cintas de auténtica valía y la mayoría deudoras de toda la parafernalia de los efectos especiales, cuanto más agobiantes y espectaculares, mejor.

No obstante en alguna ocasión surge alguna muestra de cine con ambiciones artísticas e intelectuales, con mayor o menos relevancia pero que, como norma, evitan los efectos especiales y dejan todo a la imaginación del espectador y sobre todo a la sugerencia y contagio que emana de las intervenciones de los actores y sus emociones y sentimientos.

Es el caso de la excelente "Melancolía" de Lars Von Triers (magnífico como director y un poco cretino como personaje público: véanse sus declaraciones en Cannes del pasado año) y de la película que nos ocupa: "4,44, Last day on Earth", es decir el tiempo de existencia de nuestro planeta acabará a las 4 horas 44 minutos de la madrugada. ¿Por qué? Algunas confusas razones se nos brindan, todas relacionadas con el agujero de ozono que nuestras actividades industriales descontroladas y abusivas han convertido en un agujero letal para la humanidad y todos los seres vivos. El sol nos va a, literalmente, derretir. Y será de una forma abrupta, a la hora citada de un día sin especificar en la 4-44-last-day-on-earth.jpgpelícula, pero que en todo caso es "mañana", es decir unas horas después de que comience la narración en el tiempo real de la ficción.

Como en "Melancolía", no hay secuencias espectaculares del horror, el ruido y la furia y desesperación de los humanos ante el fin, no hay escenas colosales de huidas multitudinarias hacia ninguna parte, ni grandes ciudades vacías (siempre recuerdo el Nueva York abandonado de "La hora final", el clásico que inauguró en los sesenta las cintas de apocalipsis "limpio", es decir mayormente intimista y emocional. Aqui somos testigos de las postreras horas de una pareja, un actor (el siempre inquietante Willem Dafoe) y una pintora (Natasha Lyonne). El primero obcecado por el final, tratando de encontrar una actitud equilibrada ante su vital rechazo al final y la segunda, enfrascada en su trabajo --pintar su último cuadro-- y aceptando ese final con tal de estar junto al hombre que ama.

Dirige un director  de primera línea artística, comprometido con un cine duro critico y a menudos de una cierta crueldad visual, Abel Ferrara. Prescindiendo de que la premisa básica de la película, sabemos el día y la hora, es bastante poco creíble y no tiene ningún posible fundamento científico, el director trata de cargar las tintas en dos formas irreconciliables de enfrentarse al hecho de la desaparición cierta en un plazo cierto e inamovible. Y ahí es donde la respuesta es poco o nada imaginativa, sobre todo con Dafoe, que se pierde en banalidades e intentos de algun tipo  de huida mental. La actitud de ella es también demasiado poco original pero algo más edificante, dadas las caracteristicas de la artista, su práctica budista y el  efecto distanciador que el arte concede a sus practicantes.

Para rellenar ese absurdo conjunto de ritos de adios, la película va dando entrada a secuencias de documentales (que se ven en la tele perennemente encendida en el loft donde vive la pareja) y entrevistas, como las de Al Gore, el Dalai Lama o un anonimo gurú que va desgranando tonterías con mujsica de sitar de fondo y, por supuesto, una bendición urbi et orbe del Papa ante una Plaza de San Pedro atestada. 

Como no podía faltar hay una larga secuencia (9 minutos, mucho tiempo de desencuadres, flou corporal, gestos esbozados y apuntes de movimientos y miradas)  del acto sexual entre Dafoe y Lyonne, amén de discusiones por celos, un paseo  del actor por una ciudad agónica en busca de droga, una escena de suicidio contemplada por este, y las noticias cada vez más aisladas de que el fin es un hecho en todo el mundo, hasta que tras un chasquido todo se apaga y queda en silencio, mientras una cortina luminosa fosforescente va cayendo sobre la ciudad.

Lo cierto es que Abel Ferrara,  con películas tan apreciables como "El rey de Nueva York" con un genial Chritopher Walken y "El teniente corrupto" con un no menos genial Harvey Keitel, ya parecía avanzarnos un cierto apocalipsis en el Nueva York que pinta en ambas películas, no como el de esta película, sino de tipo moral y social. Pero en ésta cinta, Ferrara se queda en algo descafeinado, blando, gris. Me temo que "Last day on Hearth" no llegará a convertirse como las otras dos, en peliculas de culto. Todo se puede resumir en ese corto diálogo entre los protagonistas. Dafoe desespèrado y quejoso musita "No sé que hacer" y ella le responde tranquilamente "Sólo quédate conmigo". Creo que no hacía falta más. Podría ser ese también el objetivo no explícito de Ferrara: en el caso de un fin anunciado, la gente respondería de una forma banal. Todo se reduciría a esperar el apocalipsis abrazando a la persona que amas. Cualquier otra cosa que quieras hacer, está fuera de lugar.

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Comentarios

Daniela 12/03/2013 19:32

Quiero ver "4:44, Último Día De La Tierra", pero he leído opiniones muy contrastantes, algunas positivas otras negativas, quisiera ver el trabajo de Abel Ferrara como director y guionista dejando
una moraleja: lo que podría si los humanos seguimos acabando con nuestro planeta.

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