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4 enero 2012 3 04 /01 /enero /2012 10:25

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Harold Bloom, el crítico literario más famoso y divertidamente prepotente de los Estados Unidos, revolucionó hace unos años el mundo académico y el literario con la publicación de un muy particular "Canon" (en el sentido de medida perfecta de algo, de elementos escogidos por su valía en comparación con otros) de la narrativa y la poesía occidental: la norteamericana y la europea, tanto da. Con ello Bloom mostraba su pretensión y orgullo de creer que sus conocimientos y experiencia le capacita para dictar una lista de las mejores obras literarias  en el ámbito que sea. Pues bien, Harold Bloom, piensa de sí mismo que es la persona idónea para dictar el canon literario de nuestro siglo. ¿Discutible? Sin duda. ¿Convincente? Pues, también, con algún reparo personal. Lo importante es que en su última obra (siento que lo de "última" pueda llegar a tener un sentido más trascendente ya que supera los  80 años de edad y se encuentra muy enfermo) titulada  "Anatomía de la influencia" y subtitulada "La literatura como modo de vida" (edita Taurus), hace una especie de recuento vital literario, cerrando el círculo ambicioso de sus obras, ya que una de las primeras que publicó, en los años sesenta, y con la que atrajo el interés hacia él, se llamó "La ansiedad de la influencia".

Aparte de su controvertida "El Canon occidental", Bloom ha escrito un libro excelente sobre el Bardo, "Shakespeare o la invención de lo humano" con el que ganó el corazón de muchísimos lectores amantes del gran William, entre ellos el mío. Por lo que sé, Bloom sigue dando clases de literatura en Yale y es un experto reconocido en poesía inglesa y norteamericana, con una erudición soberbia equilibrada por un didactismo provocador e inteligente.

En el libro que comento, Bloom aplica el principio crítico que ha constituido una de sus aportaciones más lúcidas a la historia literaria: la búsqueda de las influencias que pueden rastrearse en las grandes obras y los grandes autores, rastreadas en autores y obras precedentes, en una dinámica de intensa lucha y rivalidad hasta lograr superar a esas "influencias".

Ni que decir tiene que es preciso mucho conocimiento, mucha erudición y mucha sensibilidad para hacer esa labor literario-detectivesca que además tiene el prurito de que molestará a más de uno de los simpatizantes con los escritores precedentes. El mundillo de la erudición literaria es tan inclemente y pertinaz como el de los coleccionistas. Y nadie perdona a nadie cuando está en juego el nombre y la carrera crítica o erudita.

Desde Milton a Selley, Leopardi, William Blake, Pound o Eliot, Joyce o Lawrence, pero sobre todo centrándose en Shakespeare y Walt Whitman, Bloom nos deslumbra y seduce no solo por su conocimiento de los autores y sus obras más representativas sino por la audacia y astucia con la que va mostrándonos de qué manera y con qué intensidad los grandes han bebido temas, estilos y técnicas de otros que les precedieron y que quizá en su día eran más famosos o conocidos y estimados que los grandes definitivos que admiramos.

Desde el Preludio y el Amor literario, apartados con los que empieza el libro, Harold Bloom, nos habla de una vida, la propia, dedicada por entero a los libros y a determinados autores, sobre todo el Bardo, Samuel Johnson (reconocido como mentor propio) y el poeta del "Canto a mí mismo", Whitman (al que dedica tres capítulos, sondeando la larga nómina de poetas influidos por Walt) el poeta latino Lucrecio, y los modernos Yeats, James Merrill o Hart Crane (poeta del que Bloom sabe de memoria la mayoría de sus versos).

En esas primeras páginas hay una declaración que ya es, en sí misma, un mandamiento vital y una filosofía esencial. Dice así: "La critica literaria...tal como yo la practico... es...personal y apasionada. Se trata de un tipo de literatura sapiencial y por tanto de una meditación sobre la vida. Sin embargo cualquier distinción entre vida y literatura es engañosa. Para mi la literatura no es solo la mejor parte de la vida, es en si misma la forma de la vida y esta no tiene ninguna otra forma". Por supuesto suscribo la mayor parte de este apotegma. Creo que en esta adoración por la literatura es lo que carga de simpatía para mí la figura de Bloom (aunque yo pienso que la vida SI tiene otras formas, pero eso es una limitación de carácter respecto a Bloom).

Para la mayoría de los lectores españoles supongo que el interes de este  magnifico libro reside sobre todo en los capítulos que dedica a Shakespeare y la influencia de Marlowe (ahora de actualidad cultural por la controvertida película dedicada a la autoría de las obras del Bardo ("Anonymus", que apunta más al conde de Oxford que a Marlowe), o incluso en los dedicados a Walt Whitman (del que habla más como fuente o influencia sobre otros poetas que de las recibidas por él, salvando a Emerson). Mas de cien páginas de las cuatrocientas  que integran el libro están dedicadas totalmente a Shakespeare y sus relaciones anteriores y las posteriores (los influidos) con especial hincapie en Milton, Keats, Crane, Borges, Joyce, Goethe, Dostoievski, Dickens, Melville, Stendhal, Dante...i tantti altri. Doscientas páginas más están dedicadas a Whitman y a los poetas que fueron influidos por el gran maestre de la poesía nortaeamericana desde su tiempo a nuestros días.

En resumen, como el mismo Bloom asevera al final de su libro, "Paul Valery dijo sabiamente que los poemas no se acaban, simplemente se abandonan...por tanto no puedo acabar este libro, porque espero seguir leyendo y buscando la bendición de más vida". También lo espero yo, amigo Bloom.

 

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