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10 mayo 2011 2 10 /05 /mayo /2011 12:13

Escribo en el café del Peregrino, en la cumbre de O'Cebreiro. Hace una tarde lluviosa y la niebla ocupa poco a poco las empedradas y empinadas calles del pueblo. La tele está puesta con el sonido muy alto y los parroquianos halan a gritos. Escucho al menos cuatro o cinclo lenguas distintas. Los más gritones son los gallegos de la tierra, españoles varios, fracese, ingless, americanos y dos otres nordicos taciturnos que beben en un rincón. Antes de que dos o tres clientes que me acechan comiencen a interesarse por el tiempo que llevo en el ordenador unico desde el que se puede conectar publicamente en el pequeño pueblo, decido hacer una análisis apresurado, una reflexión, sobre este fin de etapa por este año.

Seguir la sirga peregrinal durante seis días desde León a O'Cebreiro, a una media de 25 kilómetros al día, por incomodísimas sendas duras o andaderos, a la vera de las carreteras, de vez en cuando por auténticos senderos entre bosques, plantaciones, rios, viñedos, e incluso algunas -pocas- in cursiones montañeras, es una experiencia interesante incluso para una persona habituada a las largas caminatas de las travesías pirenaicas, por el Cadí o els Ports de Beceite. Para ser más exacto diré que tiene poco que ver aparte del indudable y semejante esfuerzo fisico. ¿Qué es lo que hace tan especial al Camino de Santiago? ¿Su antigüedad? ¿La riqueza cultural y artistica del recorrido?, ¿La belleza de los parajes por donde transcurre? ¿Las leyendas y tradiciones que lo enriquecen? ¿La variopinta humanidad que lo recorre? ¿Razones espirituales, deportivas, costumbristas, caprichosas, mágicas, religiosas, esotéricas, irracionales, de apuestas personales o colectivas, de afán de juerga, exploración sexual o amistosa, desafío interior, terapia psicológica? Todo eso lo comparte más o menos con el senderismo habitual.

Sinceramente no sé cual es el componente especial, distinto, peculiar, propio e intransferible que posee esta Camino tan denostado por muchos en estos dias como pretexto folklorico-comercial-superticioso. A través de los encuentros que propicia el Camino, de algunas charlas, de ciertos detalles, uno acaba pensando que es la suma de todos esos interrogantes cuya respuesta suele ser menos importante que el hecho en sí: la prodigiosa senda, la Via Láctea medieval, el misterio de Santiago, su sepulcro y su hallazgo, la utilización secular de la iglesia y el poder, los peligros que conllevaba en aquellos tiempos la caminata inmensa, inacabable, los abusos, las muertes...es como si el tiempo hubiera enriquecido el banal recorrido fisico, incómodo y sobreexplotado comercialmente, dándole una dimensión distinta no sólo a todo lo dicho, sino también diferente para cada persona.

Es como si el Camino dejara una semilla de significado en cada uno, que algún dia y en algún momento fructificará de forma imprevisible. Incluso el más superficial y caprichoso de los llamados peregrinos, muchos no pasan de ser deportivos caminantes, ciclistas o jinetes, hay algo que queda en evidencia o en suspenso y que le da un sentido a la gesta acometida.

Caminando durante horas con mi amigo Jaime, un andarín con el que he realizado travesías montañeras desde hace años, atento al camino –no tanto como en las montañas, aquí las señalizaciones son excelentes, es imposible perderse-- y sobre todo a su oferta histórica y cultural, he terminado entendiendo que el Camino ofrece una posibilidad que parece casi tópica pero que realmente no lo es si no te empeñas en que lo sea: es la causa posible de una experiencia iniciática (de tipo psicológico o espiritual, según el talante del sujeto). Y eso además de ser una fuente de citas con la historia y el arte de una edad bastante oscura en general, de los hombres y las gestas que lo jalonaron, un encuentro con cierto sentido del humor duro y sin contemplaciones o de escépticas cuestiones relacionadas con los milagros y cuestiones divinas pero siempre desde un punto de vista muy popular, poco institucional. Imagínense una historia religiosa narrada por los Hermanos Marx. (Ya se que suena un poco irreverente, pero después de tantas caminatas y con mi rodilla en estado de atención en la UVI, se me puede permitir, como un exvoto peresonal al Camino).

Acabemos la reflexión: esta larga etapa del Camino a Santiago me ha hecho comprender aquello tan viejo que ya mencionaba el príncipe Hamlet, hay más cosas bajo el cielo, mis queridos lectores, de las que es capaz de conocer y entender la razón. Y quizá esas cosas sean las que dan sentido a la vida. Hacer el Camino quizá no cambie nada en tu vida pero si eres capaz de analizarte sin prejuicios podrías encontrar ese algo tan especial que es como un grano de mostaza, pequeño pero contundente, si te lo comes, claro.

La dueña del bar, una matrona generosa en todo, me pide educadamente que vaya acabando, hay un alemán que comienza a ponerse sarcástico y me lanza miradas poco amistosas y dos italianos me hacen gestos sonrientes pero admonitorios. Cerremos la serie por el momento.

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