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9 octubre 2013 3 09 /10 /octubre /2013 07:01

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En Tudela comenzamos la segunda parte de esta travesía veraniega por las frondosas riberas del Ebro que nos ha llevado por tierras de Navarra, La Rioja y Aragón. Han sido cinco días intensos en los que el camino ha dado vueltas y revueltas, a veces casi tocando las aguas del gran río, en otras ocasiones desviándonos unos kilómetros para salvar lugares protegidos o de difícil acceso. La sensación que nos ha dejado este caminar no siempre cómodo a la vera del Ebro no es fácil de definir. Creo que valdría la pena diseñar mejor el trazado en algunos puntos, ampliar la información de los postes y señales (no así de los carteles, que son muy completos) y potenciar y controlar los lugares de fin de etapa con una mejor oferta hotelera que impida algunos abusos de desaprensivos (por ejemplo en la hostería de Buñuel, donde un sujeto de aspecto agitanado y cabello aceitoso nos chalaneó precios y servicios al más innoble estilo picaresco). Esa sería una fórmula idónea para hacer más popular y transitado el Camino.

Pero sigamos con las jornadas del deporte más antiguo del mundo, ese mismo que preconizaban los filósofos griegos y que nuestro místico San Juan de la Cruz aconseja a sus monjes, como una forma dinámica y distinta de orar a Dios o meditar sobre el espíritu. Dejamos a nuestra espalda el Bocal Real, cercano a Tudela, donde nace el Canal Imperial de Aragón y Ramón de Pigatelli     diseñó una hermosa zona de asueto y paseos. Seguimos en dirección noroeste por el soto de Fontellas y superamos el desvío a Ribaforada. Después hay un largo trecho entre árboles, matorrales tupidos y pájaros por doquier. Es la reserva natural del Soto del Quebrado, con su bellísimo paisaje de ribera, en el que el río juega al escondite con el bosque. Llegamos a Buñuel por una zona recreativa y buscamos un lugar donde dormir, comer algo y descansar. Aquí pasaremos un tapiz de silencio, dado que al principio ya protesté del único "hotelillo" de que dispone la localidad.

Buñuel tiene una iglesia de ramplón estilo contemporáneo que al parecer alberga algun resto, que no supe ver, de la original renacentista del siglo XVI. Hay también un palacio del XVIII y poco más. Ni rastro del director de cine aragonés con el que comparte apellido. Infructuosa búsqueda de un mapa sobre el Parque de las Bardenas Reales, que tiene un acceso desde este pueblo.

Al dia siguiente seguimos el camino, paralelo al Ebro, pasando por debajo del puente de la carretera nacional que lo cruza. Los tamarices del Enclave Natural de la Mora van escoltando el camino formando una barrera de arbustos de hasta tres metros de altura. El sendero se aparta pronto del río y por un camino festoneado de cipreses llegamos a la acequia del rio Ombo, a la que acompañamos un rato hasta volver de nuevo a la orilla del río. Cruzamos la zona de desembocadura del rio Huecha, que viene desde las faldas del Moncayo, una zona bastante yerma, con abundancia de playitas de cantos rodados que refulgen al sol. Cruce de Novillas (que posee entre otras bellezas arquitectónicas, una iglesia del siglo XII)  y atravesamos por debajo otro puente de la carretera nacional hasta un cerrado club de piragiismo en donde antes habia una barca de paso, segun el cartel de la zona, con fotos de principios del pasado siglo.

Unos minutos mas tarde caminamos entre un bosque de cañas y matas de regaliz que parecen separar los campos de labor, desde donde nos llega el monótono zumbido de las máquinas agrícolas. Es la mejana del Lobo. Seguimos la caminata con el rio a la izquierda y pasando por graveras y zonas desforestadas bastante poco atractivas, hasta volver entrar en espacios más arbolados. Pasamos frente a una isla llena de arboles y matorral en el centro del cauce y un bosque muy cerrado en la orilla opuesta, el soto de la Madraza.

El camino se convierte en senda y se adentra en la vega, plena de cultivos, alejándose del rio, hasta las choperas que marcan el limite de Gallur. Volvemos al rio y seguimos su cauce hasta que un enorme fresno marca el desvío hasta una caseta de extracción de aguas que anuncia  el fin del camino hasta Gallur. La etapa acaba junto al puente de hierro de esta localidad.

En Gallur comeremos y dormiremos(muy bien) en el Hotel El Colono, en el centro de la localidad. Se trata de un bello pueblo encalado ,con calles ilenciosas y plazas recoletas, que parece haberse edificado en torno al tramo navegable del Canal Imperial (hoy acequia). Al dia siguiente salimos para la última etapa de nuestro periplo: Alagón, pasando previamente por un lugar en el que un forofo del "Don Quijote" como yo, espera disfrutar. Allí se acepta comúnmente que se encuentra la famosa "Insula Barataria", donde el bueno de Sancho Panza demostró que tenía más sentido común y de Gobierno que los Duques que se burlaban de él y de su amo, el caballero de la Triste Figura.

Salimos de Gallur hacia el este, por unos bancales de cultivos que acompañremos hasta el final de la Vega. Dejamos al fondo la silueta del pueblo Pradilla de Ebro con una iglesia de torre mudéjar. Junto al río llegamos al puente que comunica esta orilla del rio con la mejana del Soto y el pueblo de Boquiñeni. El tramo de camino por el soto, que toma el nombre del pueblo, tiene unos tres kilómetros todos ellos bajo un frondoso bosque de ribera y playas de gravas, en una de las cuales mi mujer, Anna, me hace una imitación de los andares de Charlot, junto a la orilla, rodeada de aves, que constituye uno de los momentos mágicos y divertidos de la caminata.

Mas tarde pasaremos por Luceni , a través de una cabañera llena de chopos y una línea de defensa de cemento sobre la que discurre el camino, rodeado de un chopedal denso que aun tiene restos de pasadas subidas del río. Allí en un gran brazo del rio, desgajado de la corriente principal hay un soto frondoso donde muchos han querido ver la "Insula Barataria". Un malecón que protege de las avenidas del rio, da entrada a Alcalá de Ebro. Es esta la población donde se encuentra el monumento a Sancho Panza, del que hablo en otro lugar de esta página.

Después de la visita seguimos hacia el Norte, entre bosques, a lo largo del dique que protege a la población de la ribera. Al rato volvemos a una chopera, rodeada de campos de cultivo y avanzamos hacia el sur hasta el mirador del Ebro, desde donde vemos los sotos de Matillas y de la Pulliguera y una esplendorosa vista del complejo paisaje del Ebro con sus isletas, sus brazos y sus plácidas aguas. Llegamos a Cabañas del Ebro, lugar donde las crecidas y avenidas del rio han dejado historia reciente de desastres. Mas tarde ganaremos la acequias de Alagón, cruzamos la autovía por un paso elevado y caminamos un rato junto a la via del tren para entrar en Alagón, fin de etapa, por el puente del ferrocarril. Se trata de una localidad que cuenta con una bella iglesia, la de San Juan Bautista y otra de estilo gótico mudejar de San Pedro con una bellisima torre octogonal. Pasear por la glorieta del Parque al aterdecer, bajo árboles es una delicia.

Ha sido un recorrido a menudo monótono, a veces perdedor y alguna vez incómodo y poco ilustrativo. Creo que --al menos los tramos que hemos recorrido-- merecen un poco más de cuidado y atención al caminante (aprendan del camino de Santiago, o de la Ruta del Cister, por ejemplo). Pero, en definitiva, lo que siempre le queda al caminante, es el placer del sendero realizado, la memoria del andar y la satisfacción en el cuerpo y en el alma. .

 

NO SE PIERDAN

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A los amantes del Qujiote les recomiendo una larga visita a Alcalá de Ebro, que incluso merece una estancia, no sólo por un par de buenos sitios para comer y dormir sino por el fuerte carácter cervantino que los del lugar han sabido dar, junto a la vecina localidad de Pedrola, donde se encuentra el palacio de los duques de la ficción, en la realidad la casa de los Villahermosa, en la que se hospedó don Miguel en 1569. Su conocimiento de la zona permitió que los reflejara en la visita que hace don Quijote y su escudero al palacio de los Duques. Contemplar la "insula Barataria", cuajada de pescadores de caña el dia que llegamos, junto a la estatua de Sancho Panza, hace resonar los recuerdos literarios de aquellos capitulos de El Quijote (del XXX al LVIII de la Segunda Parte) donde el Ebro se convierte en figurante de las escenas más estrambóticas y delirantes del libro, como la del caballo "Clavileño", el engaño de los latigazos que Sancho se debía propinar si mismo para lograr el desencantamiento de Dulcinea del Toboso, los sinsabores de la Dueña Dolorida y el mago Merlin, los maravillosos y  sensatos consejos de Don Quijote a Sancho gobernador, el comportamiento de Sancho en la supuesta ínsula, el ataque de los "enemigos" del Duque a la residencia del Gobernador con un Sancho embutido entre dos escudos, la burlesca pantomima del doctor Pedro Recio de Aguero prohibiendo comer manjares a Sancho.  En fin, nostalgias literarias agudizadas por los lugares naturales ya que, como todo el mundo sabe, Cervantes no escribió sobre una isla sino de una localidad cercana al castillo, un lugar de "hasta mil vecinos". Pero sentarse junto a la cavilosa estatua de Sancho y disfrutar de la "ínsula" merece, por sí sola, una visita al Ebro cervantino.

 

DOCUMENTACION

 

Existe una guía excelente y muy bien editada por Prames, dedicada al GR 99, Camino natural del Ebro, que dispone de 47 mapas a escala 1:40.000 y una serie de fascículos de las etapas, con mapas generales del recorrido. Es una edición auspiciada por el Ministerio de Medio Ambiente. También los mapas topográficos del Ministerio de Fomento pueden ser de utilidad. Para estas etapas aquí reseñadas, los MTN50 del 243, 244, 282 y 354. Todos ellos disponibles en librerias especializadas y en la de Serret de Valderobres.

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