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25 abril 2013 4 25 /04 /abril /2013 07:56

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Se llevó con todo merecimiento el Oso de oro del festival de Berlín de 2012. Detrás de la cámara están los hermanos Taviani, clásicos del cine italiano comprometido. Vittorio y Paolo Taviani (setenta y pico de años cada uno) siguen en la brecha o quizá deberíamos decir mejor en la trinchera. En estos tiempos desnortados donde los valores son siempre entendidos como términos bancarios y de la Bolsa, ya que nadie  recuerda ya que la palabra tuviera algo que ver con eso tan desvalorizado que se llama ética o moral, los Taviani siguen siendo una garantía de honestidad, de ética social y política, de valor y de sinceridad. "Allosanfan", "Padre padrone" o "Buenos días, Babilonia" son algunos de los éxitos de público y crítica que les ha dado un lugar en la historia del cine.

Con "César debe morir" los Taviani han intentado repetir el esquema del famoso Marat-Sade de Peter Brooks, película de 1968, basada en la obra teatral "La persecución y muerte de Jean Paul Marat representada por los internos del manicomio de Charenton bajo la dirección del marqués de Sade", original de Peter Weis. Teatro dentro del teatro, cine vivido como una obra teatral reprsentada ante las cámaras, con el análisis de los ensayos, los actores, las circunstancias y los incidentes que se producen durante los ensayos (que hace poco se repitió en la "Ana Karenina" de Joe Wrigth --desde un punto de vista más estético) y hace unos años con "En lo más crudo del crudo invierno" del genial Kenneth Branagh, 1995).

La película de los Taviani se acoge más al modelo de Brooks. Se trata de la historia de una representación teatral llevada a cabo por los internos (presos comunes, no políticos) de una prisión italiana. Libertad de expresión paradójica en un lugar donde la libertad no existe, un experimento metanarrativo que acepta las reglas de la filmación cinematográfica respetando las del teatro, en las que las secuencias del "casting" y de los ensayos son rodadas en blanco y negro y las de la representación, en color. Algunos internos de una prisión italiana de máxima seguridad son invitados a representar el "Julio César" de Shakespeare. Son individuos de extracción generalmente humilde, delincuentes de los más variados delitos, incluidos los de sangre, que deciden libremente prestarse a representar los papeles del asesinato de César por Bruto, Casio y los demás conjurados, un ejercicio contra la tiranía que aquí se convierte en una pura incursión de la ficción teatral, sin lectura paralela política o social. De ahí su frescura y su autenticidad. Y el descubrimiento, en algunos de los intérpretes de esa sola función, de un mundo más allá del cerrado y ominoso escenario cerrado de una vida malgastada por el delito y su purga. Esa minoría--tres presos- que luego escribiría libros o de alguna forma cambiaría su actitud-en-el mundo, trascendiendo de alguna forma los míseros límites de la condena y la remisión, merece ya por sí sola la innecesaria justificación que conlleva la cultura como camino de superación personal.

Somos privilegiados testigos de la fuerza liberadora del arte para algunos de aquellos míseros individuos aislados de la sociedad que los rechaza, sobre todo de uno de ellos que se dirige al espectador, rompiendo la tópica cuarta pared que aisla la ficción de lo real.

La potencia liberadora de la ficción queda de manifiesto en las secuencias de los ensayos conforme va avanzando la película que recoge con patente genialidad el ambiente forzado del escenario real, los pasillos, patios y celdas de la prisión. Y ahí es donde "Cesar debe morir" se aparta de "Marat-Sade" y lo que en ésta se convierte en un final demencial, caótico y catártico, en los Taviani es asunción de la realidad, las hileras de presos, el encierro en las celdas y la omnipresencia de vigilantes, con el citado epígono del personaje de Casio aumiendo, el preso, la fuerza de lo vivido, con un melancólico tono de admisión del valor y el efecto de la representación en la vida de la persona que vuelve a su celda convertido en otra persona, quizá menos indiferente y sin duda más consciente de su propia vida descarriada.

Una película fascinante, real, inspirada, auténtica que no deja indiferente al espectador. La vivimos como una catarsis en la que la amarga realidad de los presos es trascendida por la fuerza del drama  clásico, superando la brutal ligadura del ambiente carcelario, hasta el punto que una rencilla carcelaria entre dos de los presos-intérpretes queda fuera de cámara y se resuelve para no obstaculizar la reprsentación, como una delicada muestra de honestidad ética de los directores. El espectador se rinde ante unas interpretaciones de una autenticidad difícil de evaluar y la magia de los Taviani impregna de realismo y una poesía áspera los imperecederos diálogos de Shakespeare. Realmente una cinta que nadie debería perderse.

 

 

 

 

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Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en cine - teatro - opera
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Comentarios

Domingo 04/25/2013 14:57

Qué ganas dan de ver la película y qué crítica más bien escrita (y sin necesidad de contar el argumento: ¡noticia bomba!) Se me había escapado su estreno. No sabía nada de ella, lo que da idea de
mis enormes lagunas culturales. Suerte de estar suscrito a esta bitácora cultural. Muchas gracias

nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 04/25/2013 18:47



Gracias Domingo, viejo amigo, hermano. Como de costumbre pecas de modesto. Ni tus lagunas son enormes y, caso de tener alguna, no mas grande que las mías. Se te quiere, aunque sea de  lejos.



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