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15 febrero 2011 2 15 /02 /febrero /2011 16:16

Desde mi casa en Torre del Compte, cada noche dirijo la mirada al pueblo frontero que, en la oscuridad, lanza destellos de luz bajo sus dos colinas coronadas por la ermita de Santa Bárbara una y las ruinas del castillo de los calatravos, la contigua, un perfil triangular apuntando hacia el cielo abierto: La Fresneda. Se trata de uno de los pueblos mas bellos de la comarca, dotado de un singular perfil de galanura y calidad. No en vano fue declarado Conjunto Histórico y Artistico y Bien de interés cultural a mediados de los 80 del pasado siglo. Allí se dan la mano la más tradicional arquitectura bajo aragonesa, el respeto hacia el pasado, ibero, latino, románico y gótico, la omnipresencia de las ordenes militares Calatravos y Temple, las huellas mágicas de antiquísimos pobladores y ciertas características geográficas y geológicas que, al decir de algunos que de esto entienden, permitieron a borrosos ancestros del lugar observar y medir fenómenos naturales relacionados con los rituales de la tierra, el agua y el cielo.

Pues bien, además de todo eso, La Fresneda goza de un paraje extraordinario, de una belleza natural y un sereno ambiente silencioso y pacífico, que encandila a cualquiera que lleve sus pasos hasta él: el santuario de la Virgen de Gracia de la Cueva. Se inicia el sendero a las afueras de la población, dirección Alcañiz. Hay un cartel que indica el camino, una pista forestal no muy cuidada en algunos tramos pero practicable en su totalidad para todo terrenos y vehículos dotados de buena suspensión.la-fresneda-2.12.10-016.JPG Pero yo recomiendo al senderista  que siga la pista por los cinco kilómetros de caminata (algo más de hora y media a paso tranquilo) que separa La Fresneda de su llamado "Desierto", así conocido no por la presencia de dunas arenosas o parajes inhóspitos, sino por el silencio y la soledad que envuelven amablemente al caminante. La pista, ancha y llevadera, sin apenas desniveles, recorre huertos de labor escondidos entre el bosque y las colinas, olivares más que centenarios de retorcidos troncos y presencia mágica, algún que otro pinar negro y una presencia variada de los matorrales y plantas aromáticas de la zona.

Para empezar, a un kilómetro del caserío del pueblo, a mano izquierda, un cartel  avisa de la cercanía de una fuente, Medina por nombre (¿recuerdo árabe?),  dando prueba de la antigua tradición del Matarraña como país del agua. Caminamos envueltos en un silencio lleno de vida, como debe ser la nada o el vacío para los maestros espirituales. El sendero cruza el Barranc del Canals y se interna en los montes de la Mangranera hasta llegar de súbito, tras el recodo del camino, a la zona llamada la Chulara, a unos seiscientos metros de altura, donde el caminante se encuentra con unas edificaciones engastadas en la roca viva, y como broche precioso la asombrosa fachada del santuario, dorada al sol de la mañana, una joya arquitectónica de estilo barroco con elementos neoclásicos tempranos.IMG 0495

Toda esta maravilla me recuerda, salvando las distancias, mi arrobada sorpresa al encontrarme de pronto, tras el paso de un oscuro desfiladero, ante el increíble santuario nebateo de Petra, en el desierto jordano. El efecto visual pertenece al mismo tipo aunque el maño a un nivel más modesto, pero igualmente emocionante. Este santuario aragonés está construido sobre una ermita del siglo XVI que daba cobijo a la cueva donde se encontró la imagen de la virgen de Gracia (una pastorcilla de la vecina Valjunquera, según la leyenda, fue quien la encontró). El actual edificio, del que solo se conservan restos de tres naves y la fachada, de dos cuerpos, en piedra de sillería, que adopta un color de oro viejo ante la caricia del sol, junto a los muros de la hospedería y residencia de los monjes. Ha desaparecido la cubierta de cañón con bóvedas de medio caño, aunque se conserva el altar y la hornacina interna de la imagen y en lo más alto de la fachada, bajo el frontón neoclásico otra hornacina con una imagen extrañamente bien conservada de la Virgen con un niño Jesús rechoncho que sujeta con la mano izquierda un ave de pico curvo, quizá un águila o un halcón .

El recinto, al que accede por un arco de medio punto pegado a la pared de la residencia de los monjes, cuyo interior está destruido y sin techo alguno, por donde asoma el cielo luminoso de estas tierras y los árboles que han crecido allí., está formado por las dependencias de los monjes, la iglesia y otros espacios comunitarios, todo ello en un entorno de bosque y planicies verdes en terraza. Allí vivieron unos años los monjes de la Orden de Mínimos de San Francisco de Paula aunque pronto rechazaron la dura vida que el aislamiento y los inviernos rigurosos provoca y se instalaron en La Fresneda, pese a que  mantuvieron el cuidado del santuario. Ahora en el Convento que fundaron en el pueblo se ha instalado un hotel.

Pasar un tiempo en este lugar, sentado frente a la fachada, junto a la alberca o el pozo de los monjes, aun conservados, es un regalo para el espíritu y el cuerpo de cualquiera. El silencio, raramente rasgado por el trino de algún pájaro o el sigiloso pasar de algún animal de cuatro patas, es uno de los activos del paraje. La belleza de las líneas arquitectónicas tan contrastadas por el medio natural, bosques, rocas inmensas, ramas y flores es otro añadido de importancia. Pero todo paraíso tiene su serpiente. ¿Cuál es la de este lugar? El hombre, naturalmente. Las basuras dejadas, más o menos arrinconadas, por lo menos eso, en este entorno. Por favor, limpien todo esto y pongan lugares de recogida de basuras, y que sean periódicamente retiradas. Gracias. La virgen de ese nombre  y el lugar lo merecen.

Tras desechar la opción de regresar por el mismo camino, surge una pista justo enfrente del Santuario, subiendo una cuesta desde donde se contempla la magnificencia del recinto, luego se tuerce a la izquierda y dando una vuelta generosa por las tierras llamadas de la Cosalba y Mangraneras, sin dejar la pista en ningún momento se llega  a La Fresneda justo por el punto opuesto de donde salimos, al otro extremo de la población, bajo la colina de Santa Bárbara. Contabilicé 7 kilómetros de caminata, más o menos dos horas a paseo tranquilo y con desniveles mínimos y vistas de una placidez que recuerda a las de la Toscana.la-fresneda-2.12.10-024.JPG

La excursión puede seguir--y no deberían perdérselo-- con una tranquila visita a las dos colinas gemelas de las que les hablaba antes: los restos de la ermita de Santa Bárbara (construida en 1760, destruida durante las guerras carlistas y reconstruida en 1891) y la del castillo calatravo (recientemente remozado), aunque éste es un resto exiguo de una fortificación medieval que permite una vista excelente del pueblo y la zona que le rodea sólo por la molestia de subir unas escaleras metálicas en el seno de la torre. En las cercanías de la ermita desacralizada hay restos de presencias  prehistóricas y dos o tres elementos geométricos realizados con piedras formando elipses o círculos, que permiten sospechar que hay quienes aún creen en la magia de este lugar, al parecer punto energético y electromagnético de cierta importancia.  Entre las dos colinas, el original cementerio de la población y una serie de casas ruinosas que dan un aspecto misterioso y romántico a la zona, pero que piden a gritos una recalificación en lugares de paseo y recreo para población y visitantes.

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor y periodista

www.nullediesinelinea.es

 

 

Lugares de interés

 

Si París bien valía una misa, La Fresneda,  no le quepa duda, al menos vale una novena. No deje de dar un paseo bajo los soportales de la calle Mayor, vea la capilla del Pilar y la casa de la Encomienda. Puede aprovechar para comprar una carne  excelente o embutidos en Ferrer y aceite y miel en la Encomienda. En la zona alta, visite la Iglesia de Santa María la Mayor, barroca, y en la plaza Mayor admire la lonja del ayuntamiento, edificio construido en 1771  y el arco de Xifré, antigua entrada al pueblo.

 

Comer y dormir

 

En La Fresneda conozco dos cocinas excelentes: la del Convent y la del restaurante Matarraña. En el primer establecimiento también se puede pernoctar y el austero ambiente medieval de su claustro y sus habitaciones regalan un plus de encanto al lugar. También se puede comer y dormir en el Hostal La Grancha.

 

Cómo ir

 Tomando como punto de partida Valderrobres, seguir la carretera a Alcañiz hasta La Fresneda. Obviamente si viene de Zaragoza, Teruel o Alcañiz lo tiene más fácil y no necesita pasar por Valderrobres, parada obligada para los que vengan de Cataluña o Valencia.

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Comentarios

laura miravete 02/15/2011 17:50


¡Vaya Alberto, vaya...¡ he leído tu larga caminata por mi Valle del Silencio...Sin saberlo tu, has pisado mis huellas, una por una, rima por rima, todos los versos que yo desde l953 dediqué a LA
FLOR mas hermosa de aquél lugar.... Nadie,podrá superarme la gran riqueza espiritual e interior, que aquella MADRE CELESTE hizo renacer en mi, te lo certifico con toda sinceridad. Laura Miravete


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