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3 diciembre 2013 2 03 /12 /diciembre /2013 09:13

foto1bellmonte.JPG   

Una vez en el bello pueblo de Belmonte de San José, podemos dejar el coche en la parte exterior de la muralla virtual formada por las casas del pueblo y buscar los carteles que indican el comienzo del PR-TE 13, hacia el norte, justo junto al Puente de Miranda en el cauce del Mezquin. Se trata de un pequeño puente de piedra medieval que hemos de cruzar para coger el sendero que nos llevará al barranco Fondo. Es el nombre que recibe la garganta que el pequeño rio Mezquín (apenas 20 kms de recorrido hasta el Guadalope y de allí al Ebro) ha labrado en épocas más crecidas sobre las piedras de arenisca y  arcilla y los conglomerados calcáreos, creando un prodigioso paisaje, en ocasiones de un caprichoso aspecto onírico y salvaje. El lecho puede ser muy estrecho, donde las aguas son más profundas o amplio, con aguas rápidas y superficiales formando pequeñas cascadas, según el tipo de roca que le aprisiona. Es un cauce rodeado en muchos tramos con bosque de ribera, con una gran biodiversidad. Abundan los fresnos y también los chopos negros y por encima del cauce, almeces, nogales, cerezos, olmos, sauces, pinos carrascos y olivos silvestres. En los pinares de la zona superior, sotobosque mediterráneo, enebro, coscoja, romero, tomillo y sabinas). Seguiremos el sendero balizado como PR y cerraremos el circular volviendo a Belmonte por la ermita de San José, por el PR-TE 11. Se puede hacer el recorrido total en cuatro a cinco horas. O seis si hacemos paradas frecuentes para hacer fotos o reponer fuerzas. Vale la pena no tomárselo con prisas y disfrutar de los rincones idílicos que nos prodiga el Barranco Fondo.

 

 Iremos alternando el camino por el cauce con el paso por la zona superior, sobre el barranco, habremos de vadear varias veces el río, raramente crecido y usar escaleras de piedra, márgenes de roca seca, pasos protegidos por barandillas de pilotes de madera y alambrada, algun paso de soga, cable, cadena o peldaños de hierro, sin mucha complicación, como un elemento mas de diversión del camino. Las señales de seguimiento son abundantes y menudean los carteles informativos sobre el medio natural que visitamos.

Antes de llegar al comienzo del Barranco pasamos por el Refugio, que es de propiedad privada y sólo abre a petición (el encargado es Daniel y se contacta con él en el pueblo) y de nuevo pasamos a la margen izquierda del rio por donde discurre el encajonado cauce, donde vamos encontrándonos con cascadas pequeñas y pozas según el nivel del agua (generalmente escaso). Lo mas notable es que bajo las paredes extraplomadas del conglomerado rocoso abundan las parideras, refugios y corrales, con muros de piedra seca y puertas de madera, limitando el espacio cerrado por la roca. También ha habido molinos, y azudes en el curso del Mezquín por el Barranco.

    El camino, a pesar de la mano del hombre que ha facilitado su acceso, tiene un aire salvaje y solitario, en el que solo se escuchan los pájaros y el rumor del viento entre los fresnos y los chopos.  

Dejamos la fuente de la Carrasca  a la derecha y seguimos por el sendero por unas piedras cuyo resbaladizo piso podemos cruzar gracias a unos cables tendidos como barandilla y a unas cercas de madera. Un cartel nos anuncia  el tipo de fauna que podriamos encontrar, con suerte, zorroos, ardillas, tejones o jabalíes. foto-8.Bellm.JPG 

Tal vez los grandes doseles de piedra y los refugios adosados bajo ellos sea lo más caracteristico de este bello y largo recorrido por el fondo y los bordes superiores del cañón. Un par de esas cuevas, como la Taulera  y la del Pastor, están preparadas como auténticos hogares  de campo, con espacios compartimentados, con muretes de piedra  y puertas de madera. Más o menos en dos horas y pico llegamos al Molino del Sicar, que estaba servido de agua por un airoso acueducto en ruinas que está a su vera. Es el final del tramo del Barranco Fondo que hemos de recorrer y comenzamos la subida, por un lecho de arenisca roja entre rocas grises, hasta una pìsta donde encontramos unas flechas de dirección en madera.

    foto9-ballm.JPG

Al norte dejamos La Codoñera, cuyo caserío vemos desde la pista y le damos la espalda siguiendo por la pista hacia el este que nos llevará hasta otra pista más ancha que es el PR-TE 11 y sin dejarla hacia la ermita de San José. Se trata de un largo tramo de mas de dos horas por pista entre campos de cultivo de cereal, almendros y olivares. Es un recorrido agradable y fácil (si no lo haces en pleno verano). En su transcurso nos cruzamos con curiosos monolitos redondeados de piedra con final en punta y con una especie de columna votiva, con un altarcito  en el extremo superior. En él a través de los barrotes se distingue una escena insólita: unos cuerpos ensangrentados de tres hombres en el suelo y una leyenda: "Aqui murieron alevosamente Francisco Bayot y sus dos hijos, Pedro y Sebastiián. 11/3/1879". Me quedo sobrecogido y respetuosamente les deseo la paz y sigo el camino. Cuando ya llegamos al promontorio montañoso donde se enclava la ermita, dejamos la pista y cogemos un sendero que sube fuertemente hacia  San José. Paramos primero en el Mirador de la Predicadora y tras contemplar las magnificas vistas sobre el valle del Mezquin y las tierras de La Codoñera, hacemos un último esfuerzo para llegar hasta la Ermita. Se trata de un edificio del Siglo XVII, con aire más civil que religioso, de mampostería y cantería. Tiene una nave con bóveda de medio cañón, testero recto y decoració mural del s. XIX. Son muy interesantes las baldosas formando mosaicos votivos y oraciones en las paredes de la entrada. Desde el amplio mirador de la ermita se contempla el pueblo de Belmonte rodeado de campos de olivos y de sembrado y la Sierra de Ginebrosa y la llanura hasta Alcañiz. 

Tras un buen descanso --el entorno del santuario está preparado como lugar de solaz y recreativo--, bajamos la carretera unos 200 metros y cogemos un sendero a mano derecha que nos lleva en fuerte bajada de trocha hasta el valle. Una vez en él se sigue una pista en dirección sur, pasamos una pequeña ermita y a la derecha bajamos al barranco del Mezquin , a los pies de núcleo medieval del pueblo. 

 

 

 

 

MONTEBELLO

 

Como su propio nombre indica, Belmonte, Montebello (a 661 m de altitut), se trata de uno de los pueblos más recoletos y encantadores de una zona, el Bajo Aragón, rica en esos rincones donde el tiempo parece haberse condensado en la piedra milenaria de las murallas urbanizadas, el sosiego de las calles silenciosas o la naturaleza de olivos secretos y sembrados pacíficos junto a pequeños pueblos blancos, encerrados en sí mismos, rodeando la torre de la iglesia, como rebaños  a su pastor. Toma el posesivo del nombre, "de San José"  desde 1979, en honor de la ermita que hay en las afueras del pueblo, cuyos habitantes aun conservan algunas de las cinco puertas de la población. Esta debe su carta Puebla a los Calatravos (año 1232) y es un pueblo que se ha empeñado a través del paso de los siglos en mantener el aire medieval de sus calles y el de las numerosas ermitas que la circundan. La carta de Población fue otorgada por el rey Jaime I. Es la villa que domina la cuenca del rio Mezquin 

 

NO SE PIERDAN

 

Un largo paseo por las calles medievales. También visiten el Ayuntamiento, edificio porticado del siglo XVI,  al que se accede a través de una lonja. En los bajos, una cárcel de la época, el ambiente siniestro, con un reo encademado dibujado en cartón y un grillete enmohecido. Frente al Ayuntamiento, la iglesia parroquial del Salvador (siglo XVIII). El párroco. que vive en una casita cercana se la enseñará, encantado, o puede delegar en Gloria, la propietaria de la tienda y panadería del pueblo, que me la enseñó a mí. Es de estilo barroco pilarista, con una amplia torre campanario. El interior fue devastado  durante la guerra incivil que por estos lares tuvo sonados y sangrientos episodios. El magnífico órgano del siglo XVIII, fue salvado in extremis por los vecinos y está siendo restaurado.  Visiten también la Nevera, una joya arquitectónica de ocho metros de diametro y nueve de altura, del siglo XVI. Y la calle Vicaría, una calle eclsiástica donde las haya o la casa Solá, majestuoso edificio de estilo aragonés. Hay siete  ermitas, entre ellas la citada de de San José con una vista espectacular, la del Calvario (s.XVIII) o la de Santa Bárbara (s.XVI).

 

MAPAS

 

Una visita a Serret de Vallderrobres, les proporcionará mapas del Servicio nacional Topográfico de la zona (MTN50, 495, Castelseras) y los correspondientes en 1:25.000. Pero también serán de gran ayuda los volúmenes dedicados al Bajo Aragón (Red natural del Aragón) o Rutas por el Bajo Aragón, editados por Prames y el Gobierno de Aragón.

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