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18 diciembre 2011 7 18 /12 /diciembre /2011 10:25

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Steve Carell es un cómico de expresión austera y una vis cómica indiscutible, dentro de esa tradición de actores cómicos con cara de palo que logran una expresividad minimalista de gran efecto. En este caso la propuesta es ambivalente: una comedia inscrita en un argumento dramático o, si lo prefieren, un drama con los suficientes elementos de humor para configurar una película agradable de ver, con algunos momentos memorables, unas risas de vez en cuando y una reflexión amarga sobre las relaciones amorosas y el matrimonio como institución sumamente vulnerable en estos tiempos.

Empezamos a notar esa ambigüedad temática ya desde la primera secuencia en la que Julianne Moore (excelente como es habitual y curiosamente muy cerca de su papel en esposa insatisfecha en "Las Horas") le espeta a su marido en una tranquila cena fuera de casa que quiere el divorcio. Un traumatizado Carell (que se lanza del coche en marcha porque no desea hablar del tema, en pleno ataque de incredulidad catatónica) se sume en una degradación personal que trata de superar --y aqui ya entra el aire de comedia ligera propia del género y del estilo made in USA-- aprendiendo a ligar desaforadamente de un play boy elemental y absurdo(Ryan Gosling) que esconde frustraciones y deseos de amor convencional en el timido corazón. Es decir una deconstrucción emocional de un personaje con gran  despliegue de hermosas mujeres de una catadura mental inversamente proporcional a su belleza y con la verdad esencial oculta hasta el final, cuando el guaperas ligón encuentra a su media naranja (justamente la hija de Carell) y el reflotado en la banalidad sexual, Carell, recupera a su esposa en una secuencia de graduación del hijo adolescente que parece sacada de las películas de jóvenes, colegio y profesores emblemáticos, "Oh capitán, mi capitán" con poetas muertos o no.

Glen Ficarra y John Requa son los artífices de esta cinta diseñada para pasar el rato con más calidad de lo habitual en el género, donde no sólo la pareja protagonista logran elevar el listón, también los secundarios (el ya citado granuja previsible Ryan Gosling, Marisa Tomei, Emma Stone --como la hija de Carell que redime al donjuan de barra de bar--, Analeigh Tipton, etc.). El guión va mostrándonos la fauna amorosa sexualizante de la clase media norteamericana con ritmo y una actitud crítica implícita que le da sentido al humor derrochado en la película con acierto, entreverado de posibilidadaes dramáticas que, aunque no se cumplen, da sentido de verosimilitud, de realismo, a lo que acontece. 

Final feliz, como mandan los cánones, aunque con una cierta ironía crítica, una sombra de amargura y de realismo edulcorado, que deja al espectador tras la sonrisa, la sombra de una duda. ¿Realmente vale la pena desear tener un "loco, estúpido amor"? O lo que es más real, ¿No terminaríamos lamentando no haber vivido nunca uno de esos amores estúpidos y locos?

 

 

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