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6 abril 2013 6 06 /04 /abril /2013 07:13

portada de De la montaña y el amor

Josep Conrad aseguraba que el único placer, arrobo estético y espiritual que podía compararse al que produce el mar, debía ser el que muchos hombres (en  aquella época, principios del siglo XX, resultaba ridícula la coletilla "y mujeres". Lo siento, pero es así) sentían cuando coronaban una montaña  "y cuanto más alta, mejor" añadía el autor de "Lord Jim". Con eso el marino-escritor polaco en lengua inglesa intuía que la subida a picos y montañas, el alpinismo, podía llegar a ser el refugio de una nueva narrativa épica. Y lo cierto es que no andaba errado. Es una mezcla armónica de literatura de viajes, de poesía en su estado más puro, filosofía y psicología y unos gramos de novela de aventuras. Quizá por eso son tan contados los maestros en este género y si acaso suelen destacar con una sola obra destacable, como "El leopardo de las nieves" de Peter Matthiessen que ya comenté en estas páginas o "Tocando el vacío" de Joe Simpson de la que ya escribiré otro día..

En estos días pretendidamente "santos", he aprovechado para leer tres libros dedicados a la montaña, "De la montaña y el amor" de Javier Arruga (Premio Desnivel 2012), "Paso a paso. Razones para subir montañas" de Carlos Muñoz Gutiérrez (edit. Eutelequia) y la maravillosa "Tras la huella de Nives" del italiano Erri di Luca (Ed. Siruela).

Éste último dedica su libro a la italiana Nives Meroi (" tigresa de alta montaña") una de las alpinistas que se acerca al récord de los catorce ochomiles de la manera propia de esa disciplina montañera: sin oxígeno, sin ayuda de porteadores, haciendo como ella dice, "compañía al viento". Escrito con un estilo poético, sentencioso, limpio y claro, el libro recoge las conversaciones que mantiene el autor con la alpinista durante una subida al Himalaya y acaba siendo una reflexión sobre el amor a las montañas, en la que no faltan acotaciones prácticas para todos los que comparten ese amor y ese ejercicio y esa disciplina interior. De la pagina 62 a la 66, Nives cuenta a Erri De Luca su personal experiencia del amor hablando de su compañero de escalada, su marido Romano. Les recomiendo una lectura atenta.

Precisamente el amor es la excusa, el mcguffin (o pretexto) que diría un cinéfilo, para Javier Arruga. Es el amor o su falta o su exceso --al final pensamos que eso no es amor, lo de Nives, si-- lo que impele al protagonista de "De la montaña y el amor" a contarnos en tres partes una aventura que transcurrre primero en Nepal, recorriendo los valles que llevan al Annapurna, en plan documento antropológico, le sigue la difícil aventura de un grupo de montañeros experimentados, vascos y aragoneses en el K2, atenazados por uno de los constantes dramas que se producen a esas alturas y en la tercera parte llegamos a la resolución conjunta de las dos aventuras. Aquí el estilo es más pedrestre, menos cuidado, sin el vuelo poético de Erri, aunque con la eficacia del detalle y el juicio rápido de un viajero avezado y apasionado. Realmente se lee como lo que es, una novela que trata de reflejar el mundo peculiar que rodea a escaladores, caminantes y alpinistas cuando sus pasos les llevan al techo del planeta.

Precisamente en el tercero de los libros, "Paso a paso" nos enfrentamos con otra de las vertientes, quiza la menos concurrida, de la literatura de montaña. La filosófica. Carlos Muñoz es profesor de esa materia en la Complutense y aporta el enorme bagaje de sus conocimientos de autores y obras filosóficas que de una manera u otra han reflexionado sobre el caminar por las montañas, el subir a las alturas paso a paso. A través de citas y textos de Kant, Nietzche, Wittgenstein, Walter Benjamin,  Jung o Freud, Platón o Gilles Deleuce, Carlos Muñoz nos habla del miedo, de la muerte, de la soledad, del compañerismo, del territorio de lo salvaje, de la altura, de los mapas y los caminos, del invierno y la nieve y el frío y la dureza e importancia del descenso, de su subida al Montblanc y de sus pensamientos desde cualquier cumbre, en pleno ejercicio de esa pasión activa por las cimas. Y en una frase (pág.66) resume todo: "Subir montañas puede ser el proyecto de una vida por lo que supone de superación, de realización personal, de aprendizaje, de exaltación estética, de sincera y desinteresada actividad, de compañerismo y experiencia compartidos; pero no infrecuentemente, subir montañas es exponerse al sufrimiento, al agotamiento, al frio y a la muerte. Arriba, lo más arriba posible, puede ser sencillamente lo peor...". Claro como el agua. 

FICHAS

 

DE LA MONTAÑA Y EL AMOR.- Javier Arruga.-Ed.Desnivel 222 págs.16e.--TRAS LA HUELLA DE NIVES.-Erri di Luca.Ed.Siruela.131 págs.--PASO A PASO.-Carlos Muñoz.-Ed. Eutelequia.194págs

 

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Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en comentario literario
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