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24 enero 2012 2 24 /01 /enero /2012 08:34

excursiones-1667.JPGCon la N-232 como línea divisoria entre el Matarraña y el Maeztrazgo, Ráfales y Fórnoles son dos bellos pueblos que se encuentran cerca de esa carretera en el extremo suroeste de la primera  comarca. Por un antiguo camino de vecindad semi olvidado que atraviesa de norte a sur  la Sierra de las Viñas, las poblaciones de ambos lugares establecieron un vínculo de paso que no es complicado cubrir en poco más de cinco horas, ida y vuelta. Es un camino marcado históricamente por la existencia de algunas fuentes, la Vella, la Estopiña, entre otras, donde los habitantes de los pueblos acudían en las frecuentes épocas de sequías a buscar agua. Son pues senderos del agua que van quedando olvidados, así como también van secándose las fuentes.

La ventaja de la excursión que hoy les proponemos estriba en la belleza rural de los dos pueblos y la riqueza de los lugares cercanos desde el punto de vista artístico, religioso o paisajístico, con lo que la excursión puede complementarse con paseos y visitas enriquecedoras.

Comenzamos en el mismo pueblo de Ráfales, buscando en las afueras (hacia el noreste) el comienzo del camino que está en un recodo del nuevo vial que lleva a la Nacional y a la Font Vella y que se inicia, hay una señal, en la base de un barranco que hay que subir empinadamente (hay un cartel explicativo allí mismo). Ganamos altura poco a poco dejando a nuestra espalda el apretado caserío de Ráfales, justo en el centro de un par de barrancos que allí confluyen.

El sendero, vagamente señalizado, va discurriendo entre un bosque de coníferas, enebros y sabinas que se van alternando con campos de cultivos, olivos, almendros y algunas vides, con muretes de piedra seca y construcciones, habitualmente en ruinas, de viejas estancias de ganado o aperos de labranza.

Una vez superada ese subida inicial hay un terreno llano muy extenso, donde los cultivos --y algunos tramos boscosos-- van sucediéndose, en bancales, algunos cuidados y otros invadidos por la maleza, todo en un silencio magnífico en el que solo de vez en cuando escuchamos  algunos pájaros. He caminado un par de veces por esta zona y la presencia humana es prácticamente inexistente, salvo algún lejano tractor o una furgoneta de algun payés que pasa cansinamente con un ruido que parece espesar aún más el silencio habitual.

Es preferible hacer este camino durante la primavera o el otoño, en verano resulta bastante duro, a no ser que conozcas el emplazamiento del alguna fuente (no están señalizadas) y tengas la fortuna de que no se haya secado. Así que buena provisión de agua y una gorra en la cabeza.

Hay algunos tramos del sendero que coinciden con una especie de calzada romana realizada con cantos rodados y piedras, desgastadas todas por el paso del tiempo y que dan una imagen insólita de antiguas civilizaciones al entorno rabiosamente rural y campestre, semiabandonado. Algunos de esos tramos han sido muy dañados y uno piensa que es una lástima y qué importante motivo de interés cultural sería si se pudieran arreglar esas calzadas antiquísimas para solaz de caminantes y andariegos (una forma de turismo, de bastante nivel adquisitivo y que abunda en sitios donde se les informa y protege).

Durante el hermoso caminar entre árboles, de vez en cuando, en algún recodo se abre unas perspectiva de montes y lomas suaves llenos de verdor bajo el cielo azul y la cinta gris celeste de la carretera que haciendo vueltas y revueltas comunica Ráfales con la Nacional que va a tierras de Castellón. Una vez dejamos atrás esa dirección, volviéndonos más hacia el este, pasamos por un angosto desfiladero de grandes rocas, con un suelo que fue empedrado y que ahora por el desuso y los elementos se ha convertido en un incómodo reguero de rocas pequeñas, formando escalones deshechos.

Esa subida, un poco pesada, nos lleva a un coll sobre un angosto valle en V rodeado de montañas boscosas de poca altitud. Desde allí hay una fuerte bajada que forma un camino bien marcado, con muretes de protección que va haciendo lazadas de descenso. Al fondo a mano izquierda comenzamos a ver el caserío de Fórnoles. Las señales blancas y amarillas de PR empiezan a abundar y el camino, muy empedrado en ocasiones, nos acerca cada vez más a la altura del aun lejano pueblo.

Llegamos a una pista forestal en buen estado que hay que seguir dando una pronunciada vuelta (pasamos por una  masía recientemente reconstruida, en un altozano), campos de labor vallados y el antiguo sendero discurre junto a altos muros de piedra invadidos por los hongos y la yedra.

Nueva pista y una señal fuera del bosque que indica en una flecha de madera, PR-TE 159, "A Fórnoles". Unos metros más allá dejamos la pista y seguimos una corriela nuevamente en el bosque, señalizada,  que nos interna en él hasta desembocar en otra pista, con algunas otras que se cruzan, pero fácilmente seguible por la señales blancas y amarillas. Cruzamos campos de almendros (en primavera resulta un tramo realmente bello) hasta que dejamos la pista y volvemos a un sendero, estrecho, entre árboles. Por él descendemos hacua una masía situada en un barranco, pasamos por numerosas baumas, oquedades de roca caliza muy superficiales, cruzamos el hondo centro del barranco, rodeados de bosque y algunas terrazas donde hubo cultivos, fuentes y humedales casi extinguidos, incluso algunos abrevaderos con agua.

Por fin accedemos a otro tramo empedrado, en bastante buen estado, y subimos por un sendero mixto, piedras y tierra, rodeados de retorcidos olivos centenarios y explotaciones o granjas, que ya son los aledaños de Fórnoles. Terminamos de subir el barranco y al llegar arriba (pasamos junto a un antiguo horno abandonado) por una pista antigua de grandes piedras enlosadas, vemos arriba de todo el cilindro de piedra rematado en cruz de metal  de la antigua señal de término del pueblo. Junto a ella gozamos de una vista magnífica de Fórnoles. Unos metros mas allá ya vemos destellear el agua de la gran Balsa de entrada al pueblo,  de casi dos siglos de antiguedad y que aún cumple sus funciones.

Es ese un lugar excelente para comer y beber y descansar, antes de iniciar la vuelta por el mismo camino. (Hay la opción de seguir el camino hacia el pueblo de La Portellada y luego volver a Ráfales por otro camino, pero eso ya lo haremos otro día).

 

 

 

 

LOS ESTRETS DE RÁFALES

 

Uno de las visitas imprescindibles desde Ráfales es un paseo por los "Estrets". Hay un camino señalizado que parte desde las casas más altas del pueblo y comienza con una venerable vía empredrada en ascenso suave. Se coge la pista que nos encuentra que nos llevará a un bosque de pinos, llaneando. En unos minutos vemos el desvio hacia los Estrets que entre los de la comarca es sinónimo del bandolero Floro, por ser su lugar de resguardo allá por los años finales del XIX. Los Estrets es una formación angosta de grandes paredes rocosas que forman cuevas de regular tamaño en algunos rincones. La ruta, circular, nos lleva tras el paso del estrecho de roca, a un bosque de chopos y después alternando pista y sendero por bosque de pino y carrasca y recoletos rincones de cultivos, sembrados de balsas y acequias. El camino nos devuelve al punto de partida por la parte alta de las colinas de los Estrets.

 

 

LA ERMITA DE SAN RAFAEL

 

 

La ermita que da nombre al pueblo tiene el camino de acceso en la zona alta, justo en la calle que conduce al cementerio. Despues de pasarlo, hay un sendero a la izquierda. La subida es bastante acentuada aunque breve. Vemos a nuestros pies los bancales de cultivo formando terrazas y pronto nos internamos en la zona boscosa, de pinar, arbustos y enebros. Veremos numerosos abrigos rocosos (con rastros antiguos  de fogatas) entre las enormes piedras que jalonan el camino. La presencia de cipreses ya nos indica la cercanía de la  ermita y de una vieja balsa de piedra  donde el ermitaño debía abastecerse de agua. La ermita tiene una bella y original zona bajo porticada y columnas poderosas. Magníficas vistas del pueblo y los alrededores montañosos cubiertos de bosque.

 

 

MONTSERRATE

 

En Fórnoles no se pierda una pequeña excursión a la Ermita de Montserrate. Son 45 minutos de caminata de subida, algunos menos de bajada, que nos llevarán a uno de los monumentos arquitéctonicos más bellos de la zona. Se ve a la izquierda de la carretera Nacional 232 de Alcañiz a Morella, Castellón,  pero es más hermoso llegar a ella por el sendero desde Fórnoles a la ermita (se accede a ella por la parte de atrás). Sus origenes se remontan al siglo XII con el típico milagro de aparición de la virgen sobre un enebro. Está documentada desde el XIV (gotico), aunque el edificio principal es el XVII.  A sus pies hay una fuente antigua de agua, elemento que  está en la historia del monumento religioso, ya que desde hace siglos se celebra una romería popular de la zona, en mayo, que nació como rogativas de los pueblos del entorno en demanda de lluvias.

 

 

Documentación

 

El mapa MTN50, 495 (1:50.000) mas los libros de "La comarca del Matarraña" de Prames y el de la red natural de Aragón, e incluso los dos volúmenes de Jesus Avila Granados, "Matarraña insólito" o "Matarraña desconocido" (el primero de Viena ediciones y el segundo de Barrabes editorial) nos aportan datos complementarios a estas excursiones. Todos ellos en librerías especializadas y para mayor comodidad, en la Librería Serret en Valderrobres.

 

 

 

 



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