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22 febrero 2012 3 22 /02 /febrero /2012 10:56

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Por fin una película  que trata el tema del cáncer sin aspavientos, con humano dolor y naturalidad, evitando los tópicos y el sentimentalismo, aunque no las emociones. Un ejercicio cinematográfico que desborda la ficción para mostrarse como lo que es, un documento personal de unos padres cuyo bebé padece un tumor cerebral y la lucha de la pareja en su medio ambiente familiar y social para afrontar la tremenda, desequilibradora, brutal prueba.

Por todo eso, este crítico pone en suspenso parcial su bisturí --muy subjetivo, no se olvide nunca-- de analista feroz y aunque hay momentos en la cinta y plateamientos argumentales  que chirrían quizá por ingenuidad de principiante, quizá por el afán de desmarcarse del cine de tópicos sanitarios al uso, me dejo llevar más bien por la autenticidad que respira este documental-ficción que logra momentos de una rara emotividad, precisamente por la voluntad declarada de no dejarse llevar por las emociones, el instinto desatado o lo socialmente correcto.

Jeremie Elkäim y Valerie Donzelli (que en la película se llaman--innecesariamente a mi entender, por la intencionalidad que muestran-- Romeo y Julieta) es una pareja enamorada y dotada de unas personalidades libres, abiertas y exigentes que descubren horrorizados que su hijo de meses Adan (Gabriel Elkaïm) padece un cáncer cerebral. Deciden luchar con todas sus armas contra la enfermedad pero también luchar contra el tremendismo personal, psicológico , familiar y social que esa enfermedad concita, tratando de salvar no sólo su amor, sino su dignidad como pareja y la felicidad y bienestar que han logrado al unirse. Hay un rechazo absoluto a la condescendecia, a la fácil y epidérmica lástima social y una decisión igualmente firme de arrostrar con todo lo que suponga de incomodidad, dolor, molestias y enfrentamientos familiares debido a  su actitud ante la enfermedad del hijo.

La película está dirigida por Valerie Donzelli y el guión escrito por ella en colaboración con su marido Jeremie (ex, al rodar la pelicula) y la dura historia que nos cuentan es la suya propia, la historia de la enfermedad de su hijo que también participa en la película, cuando años más tarde logra superar el tumor. Esta dura cadena de tratamientos, medicaciones brutales, recaídas, años viviendo en ambientes hospitalario oncológico infantil, lugares desgarradores por definición, acaban realmente con la pareja, pero es una derrota comprensible y asumible tras lograr la victoria final de la curación (la secuencia final con la familia, los padres y el niño, corriendo felices por la playa, a pesar de que ellos están ya separados, para celebrar el alta--condicional, la espada sigue pendiente-- de su hijo.

Mensaje de optimismo para el espectador, muy especial para los que padezcan episodios parecidos o los que los han vivido de cerca, una historia que rezuma vitalidad, rechaza la autocomplacencia y propone una via de lucha y aceptación de una realidad que constituye una de las causas de angustia más inevitables. Esa lucha por la felicidad de la pareja, de cada uno de sus elementos por separado y en conjunto, es de una humanidad  desconcertante por lo inusual y en definitiva una lección ética de valentía personal, llevada al cine con una digna corrección, sin que los defectos técnicos o de dirección sean visibles para un  espectador fascinado y emocionado con lo que ve, conmovido con la entereza de los padres, sus momentos de debilidad y sufrimiento y su instinto salvador y sano de mantener sus hábitos de felicidad en todo momento, en cualquier circunstancia (por ejemplo en la escena de la fiesta de los amigos, donde rien y bailan, pero en un momento dado dejan aflorar su enorme angustia y su desconcierto vital). Esa secuencia y otras parecidas forman parte de la apuesta de la directora por tratar el angustioso tema argumental con una cierta frivolidad formal que crea un producto sorprendente.

Una voz en off va acompañando las secuencias con una narración despersonalizada, fría y objetiva, que da un tono documental de verismo a lo que vemos, desdramatizando momentos en los que las emociones desbordan a los intérpretes.

La relación argumental con el momento histórico en el que ocurren los hechos, nace del ajuste entre la fecha en que los padres "declaran la guerra" al cáncer de su hijo , con la declaración de guerra a Iraq del presidente Bush en su particular y discutible lucha contra el cáncer del terrorismo.

Una película que debe verse, dejando a un lado la consideración de sus evidentes excesos y presunciones, salvados por su valentía, su vitalidad y su autenticidad.

 

 

 

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