Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
17 noviembre 2012 6 17 /11 /noviembre /2012 08:10

He recibido una copia de una hermosa carta que una persona que conozco envió a una joven que está pasando momentos muy duros. Dada su belleza y sobre todo la calidad terapéutica y emocional del mensaje enviado, la adjunto para consuelo de toda persona que viva unas circunstancias tan dolorosas y estresantes.

 

 

He leído en tu mirada días de desolación y miedo. Angustia por las consecuencias de cada nuevo acontecimiento. Algunos se convierten en rutinarios. En ocasiones, la sensibilidad y la experiencia te permiten anticipar lo que va a ocurrir. Ello no evita las sorpresas, el desasosiego y el permanente deseo de ahorrarle a tu hijo días de hospital. No siempre es posible, ni siquiera depende de ti. Las circunstancias escapan a todo control.

El pequeño protesta puntualmente, pero la mayor parte del tiempo juega e inventa mil maneras lúdicas de aprovechar las horas. Se mueve ágilmente. De repente, un tirón, un desafortunado gesto le arranca el porta kad. Dolor, herida, sangre. Te alarmas, él se asusta, llora. Hay que actuar rápido, vuelven a pincharle, sin anestesia, la urgencia se impone.

Te desesperas, pesa sobre tus espaldas el día de ayer, la reacción incontrolada provocada por la transfusión, el amago de fiebre, las defensas bajas y las incontables horas de espera. Ves alejarse la esperanza de regresar a casa. Tus expectativas no se cumplen. Hablan de ingreso, no hay camas libres, al final le adjudican una habitación en la planta novena. La pediatra receta antibiótico. Te opones a que se lo administren cuando su temperatura no alcanza los treinta y ocho grados. Te indignas, no comprendes la necesidad de ingresar cuando no cursa fiebre. Por precaución, te dicen. Más tarde la fiebre aumentará. Empieza la tanda de antibiótico. Te rindes ante la evidencia de pasar cinco o seis días más en Sant Joan de Déu.

Hoy todo se derrumba, tantos meses de tratamiento sin otro horizonte que el día a día, la implacable rutina de los controles constantes, las interminables estancias hospitalarias. Lloras. El pequeño está atento, sabe que algo pasa. Secas tus lágrimas, entras en la habitación y sonríes. Percibe tu desasosiego. Observa y calla. Poco a poco vuelve la calma. Tu miedo persiste y él, consciente, pese a su corta edad, colabora. Sabe bien que sólo puede jugar con un brazo, el otro debe permanecer inactivo, pegado al cuerpo. Es hábil, su admirable constancia le permite seguir jugando, golpea el globo con la izquierda, ríe, se divierte, disfruta de la vida. Es como el riachuelo cuyas aguas discurren alegres sorteando cualquier obstáculo que se interponga en su camino, nada detiene su curso.

Tu hijo te muestra su sabiduría, el arte de vivir el aquí y el ahora, sin desperdiciar ni un segundo. La tristeza, la desolación y el desánimo no forman parte de su vocabulario ni de su pensamiento. Cuando le vence el cansancio se abraza a ti, busca la fusión con la madre, regresar a la placenta donde todo es placidez y calma. Su abrazo y su risa espontánea, te renuevan, sientes que vuelven las fuerzas para seguir luchando, él te muestra el camino.

Admiro tu valentía, tu capacidad de entrega, el saber dar lo mejor de ti, la generosidad de cuidar, de sonreír, de escuchar, de compartir, de preocuparte por los demás, tu sensibilidad, tu sentido del humor, el espíritu de superación constante, tu profunda calidad humana. Personas como tu nos devuelven la fe en el futuro.

Te quiero,

Compartir este post

Repost0

Comentarios

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens