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11 mayo 2012 5 11 /05 /mayo /2012 14:04

He aprovechado una visita corta a mi pueblo, la Torre del Compte, a pocos kilómetros de los Puertos de Beceite, que forman un "skyline" soberbio, moles dentadas recortadas en azul cobalto contra el cielo mediterráneo del Matarraña, para subir a Peña Galera. La mañana primaveral, con ese olor fresco a Naturaleza recién nacida que tienen las primeras horas de sol en tierras de solano, destacaba los perfiles de los picos y las tortuosas gargantas como si Gustavo Doré hubiese pintado todo durante la noche anterior (siempre he sostenido que por las solitarias cumbres, valles escondidos, bosques y rios de los Puertos de Beceite se podría rodar con propiedad una nueva versión del "Manuscrito encontrado en Zaragoza" o de las escenas de Don Quijote haciendo penitencias amorosas en Sierra Morena).

Realmente las soledades y la austera belleza dura y montaraz de la Peña Galera me han reconfortado, como sólo suele hacerlo la montaña para los que hemos nacido y vivido con su presencia o su nostalgia. Es, sin duda, una psicoterapia activa de gran eficacia para la mayoría de las personas. Con una condición expresa, que he desatendido --menudo psicoterapeuta soy-- y así me ha ido. Los largos paseos, con alguna que otra subida y correspondientes bajadas, por lugares de montaña tienen un largo prestigio terapéutico en la historia de la medicina (y de la literatura, ¿recuerdan "La montaña mágica" del genio de Lübeck, Thomas Mann?). Pero siempre con una advertencia que dicta el sentido común: nada de pasos difíciles, excesos físicos o terrenos peligrosos. En esos casos, aun siendo un montañero experto o experimentado, es bastante posible que uno tenga un percance. El que me ha correspondido, por no saber aplicarme lo que pregono y aconsejo, ha sido afortunadamente leve, unas raspadas aparatosas en el brazo y el codo. Y el susto. Uno no puede bajar una montaña por una "dresera" inventada, con la mente repartida entre el paisaje, el bienestar fisico, la bajada sobre terreno resbaladizo y rocas poco fiables y las cuestiones personales que ocupen su mente. ASÍ QUE, OJO AL DATO: vale la pena salir a caminar para tranquilizar el ánimo y ordenar las ideas o mejor aún para olvidarlas momentáneamente. Pero ¡no intente hacer una carrera de montaña o una subida a un pico! Y eso, ni aunque tenga treinta años...imagínese con el doble...

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  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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